• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Sin volver la vista atrás

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Siempre pasa en alguna medida pero a veces se hace muy intensa. Me refiero que a ratos la política, sus movimientos más significativos, suelen pasar en la sombras, en silencios públicos, invisibles para el común y hasta para los advertidos. Eso ha venido pasando en el país en las últimas semanas. La consecuencia de ello es que para algunos reina una inmovilidad absoluta y para otros, allá en las penumbras, suceden cosas tremebundas que pronto sabremos: maquiavélicas y decisivas jugadas, siembra buena, inéditas transacciones, imperdonables capitulaciones...

Confieso que a mí me sorprendió verdaderamente, algo había oído hablar de secretas reuniones en el Caribe (se dicen tantas cosas en tiempos de incertidumbre), el encuentro de República Dominicana. Sorpresa seguramente potenciada por el clima de extrema violencia de la política visible, contraria al mínimo concepto de diálogo (aunque, paradójicamente, a veces así se prologan estos). No sumamos el coro mundial al cual casi unánimemente no se le ocurre exhortar a otra cosa, paz, ¿qué más? Valga el ejemplo.

Otro enredo que no acabo de desentrañar: el gobierno decide, él, que los mediadores del eventual diálogo son tres ex presidentes, como si fuera poco, buenos amigos del chavismo. Para hacerlo más complicado, dos de ellos políticos segundones de países poco significativos globalmente. Los escoge el gobierno, y la oposición no hace el menor reclamo y, seguramente en muy buena parte motivado por ello, reciben el apoyo de medio mundo, entre otros de toda América en el comunicado unánime de la OEA. Curiosamente el único cuestionamiento que vi en su momento es el de la Iglesia católica venezolana que indicó que Unasur no era muy confiable para tales asuntos; pero Francisco I se reunió con el no muy apostólico Samper y aprobó la empresa pacificadora. Hasta Leopoldo trata con condescendencia a su  interlocutor en su versión de la insólita conversa. Sobre Zapatero se han desatado muchas iras después de Ramo Verde, pero que enredan más el papagayo ya que el diálogo continúa aunque, hoy que escribo, ha sido postergado razonablemente por la MUD. Bueno, no todo es claro en esta vida.

A esto quería sumar una serie de discretas estocadas que se propiciaban en días pasados altos dirigentes de la MUD y que podían hacían suponer camorras en sus sótanos. Todo lo cual convertía el inmediato futuro en un maldito acertijo.

Y de repente parece haber salido a la luz del sol una línea unitaria y férrea de la MUD, simple y didáctica, plena de futuro y, sobre todo, sin posibilidad de retorno, a tal punto se han intensificado los puntos sobre las íes: el referéndum en 2016 no es negociable y es el objetivo primero e impostergable de cualquier acción opositora. No hay duda de que las valientes e inequívocas posiciones de Leopoldo López han sido decisivas en esa perspectiva, al agregarle toda la fuerza de su presencia en el país y la realmente hiperbólica en el extranjero. Y que dada la simpleza del enunciado de la línea política no difiere un ápice de la de los otros factores unitarios, en especial de la de Capriles que venía comandando la esencial tarea. Es para entusiasmarse ciertamente.

Sin duda, hay otro factor que entra en juego con esta trasparente decisión, la presión social, el hambre y la salud que duelen y matan, que se desborda a cada rato y que puede convertirse un cercano día en un río caudaloso e indetenible, sin pedir permiso político. Es posible que el entusiasmo por el referéndum lo canalice. Y, por supuesto, hay que pensar que el gobierno se empeñe en negar o postergar esa oportunidad de que el pueblo soberano decida su traumático destino. Los rusos juegan y estos rusos nuestros son capaces de las peores zancadillas y coces, lo han demostrado en lustros de malandraje. En ese momento, que ojalá no llegue, habrá que recordar que no hay vuelta atrás y probablemente será ese río desbordado del pueblo el que encuentre la salida y los costos humanos de esta.