• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

El pasado que vuelve

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Es conveniente insistir en la decisión del Ejecutivo de elevar a fechas memorables para nuestros estudiantes las de nacimiento y muerte de Hugo Chávez Frías. No es sano dejarla pasar, así Maduro ande descocado haciendo todo el estruendo posible para cambiar las encuestas. Con sus batallones OLP, 50.463 valientes, que han detenido más de 1.500 ciudadanos, mataron a decenas y, sobre todo, han recuperado de 12.560 apartamentos usurpados de la Gran Misión Vivienda (sic) 1.421 (sic), desafueros de su propia administración. Haciendo todavía más estentóreas barbaridades en la frontera y con las relaciones con Colombia. Y despertando todas las protestas imaginables, urbi et orbi, con la sentencia sin dios y sin madre contra Leopoldo.

Yo siempre he pensado que ese “injerencismo” político en la educación no sirve para nada. ¿Alguien de cierta edad recuerda las necedades patrioteras que seguramente nos enseñaron en la escuela? Lo que queremos mostrar es lo absurdo que ha llegado a ser esa maldita retórica populista e infantiloide con que nos han reventado los tímpanos y humillado el entendimiento durante más de tres lustros.

No es posible mantener ese lugar estelar del señor Chávez en la historia simplemente porque estamos viviendo en cuerpo y alma el degredo en que convirtió este país, destinado a la gloria de los hidrocarburos. Es también desaforadamente antidemocrático puesto que, hoy, una inmensa mayoría es contraria al régimen que instauró y que mantiene a duras penas su heredero; por ende, habría que respetar el criterio de esta, al menos en lo que a la formación de sus hijos se refiere. Además, forma parte del culto a la personalidad exacerbado, parafilia en creciente desuso solo concebible en el disfuncional monarca de Corea o en los escoltas que les amarran los zapatos a Evo.

A los pocos días del decreto que quiere construir pasado, un fantasma de ayer apareció: RCTV en la decisión de la Corte Interamericana. Por supuesto, esta no se va a cumplir, por decisión del Tribunal Supremo, cuyo servilismo al Ejecutivo es consuetudinario y público, y que esta vez brilló con una nueva performance: recomendó al gobierno que averiguara ante la OEA la solvencia de los magistrados que por unanimidad dictaron la  sentencia, es probable que obedecieran a intereses ajenos a la justicia: ¿genial, no?

Lo traigo a colación porque tengo la certeza de que en algún momento el país se va a volver sobre ese pasado con el dedo acusador de la ley señalando a mucha gente por crímenes cuya dimensión no alcanzamos a precisar todavía. Ciertamente no para glorificar nuevos próceres, sino para incriminar a los culpables de la peor catástrofe histórica del país.