• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Aquí nadie es comunista

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Aunque ya suena a periódico viejo, no debemos olvidar que durante mucho tiempo los chavistas se enorgullecían sobremanera, y se lo lanzaban a la cara de la oposición, que ellos sí tenían un proyecto para Venezuela y esta carecía de ese dispositivo mínimo capaz de iluminarnos el futuro. Por supuesto que eso nunca fue verdad, lo que tenía por tal el chavismo era un olla podrida de cuanto detritus quedaba por ahí de la izquierda de antes de 1989, la caída del muro berlinés y el fin de una película que había durado un siglo, mezclados estos con todos los caprichos recurrentes del Napoleoncito tropical.

Pero la verdad es que era demasiado prolija la fanfarria, incansables los aparatos mediáticos, abrumadoras las cadenas, discreta la oposición durante mucho tiempo, rimbombante el mensaje: Guaicaipuro y Bolívar, Simón Rodríguez y Gadafi, el Oráculo del guerrero y Joselo, Jesús con metralleta, Fidel y Fidel, la autobiografía glorificada, sazonado todo con una amplia dosis de ignorancia y cursilería pagantes que terminó por imponerse como ensordecedora música única en el autobús de la patria con rumbo desconocido.

Periódico viejo porque habrán notado en el discurso oficial la disminución del tono épico, el olvido de grandes muertos, la omisión de la historia, la desaparición de muchos temas y trompetas, de los fastos patrióticos y, en sustitución, la proliferación de mentirijillas baratas e inmediatistas que no dan para una semana, o los balbuceos lamentables que provocan la indefinición y el miedo. Claro, falta el Cantante que se hacía oír por montes y valles, de una fantástica capacidad narcisista para sublimar todo lo que le pasaba por sus entendederas, así fuera, solía serlo, el disparate más estridente. En síntesis, que a su enérgica presencia le debemos buena parte de haber asistido a una de las más sonoras operetas populistas de que se tiene noticia. Pero mucho más que la pérdida de la Voz, que se ha tratado de mantener mágica e inútilmente en vida, los desmitificadores son los resultados fehacientes, el desastroso desastre al que condujo tanta verborragia, proclama, himno, osamenta de Bolívar, país potencia, salvadores de la especie y del Homo sapiens. El plan de la patria terminó siendo una desafinada fanfarria para una procesión de hambrientos en largas y tristísimas colas.

La oposición ha tenido no uno sino varios proyectos de país. Y en esos menesteres hay mentes ciertamente brillantes. No es cosa menor que no sé cuantos partidos bastante diversos hayan aprobado esos lineamientos. Pero sobre todo sus conceptos mayores, desde hace bastante, se han incorporado a sectores muy vastos, se han convertido en reiteradas nociones anónimas y seguramente atomizadas de la mayoría. Por ejemplo, la necesidad de un sector privado fuerte (los empresarios son buenos porque proporcionan empleo, dicen las encuestas). Es decir, capitalismo. O hay que elegir conciudadanos honestos y eficientes que no saqueen el erario y se pueda acabar con la muerte a la vuelta de la esquina. O sea, democracia. Agregamos, Maduro es un inútil. Y, por último, aquí la voluntad socialista nunca se sembró, han dicho siempre las mediciones, menos la cubana. Proposiciones suficientes para ubicar en dónde se encuentra la brújula ideológica de los más.

Todo lo cual indica que esa tarea debería considerarse en parte, solo en parte, hecha. Son lugares comunes muy vividos por muy amplios sectores. Falta seguramente algo que es ciertamente difícil y arduo, hacer que se logre vincular esas verdades simples con los rostros y la credibilidad de aquellos que puedan hacerlas posibles. Para ello hay que asumirlas con todas sus letras y deslastrarla de la superficial e ingenua hojarasca oficialista, la más primitiva y perversa, la de las muchas guerras que enemigos invisibles manejan contra la patria. Es tiempo de nitidez ideológica y deslindes gruesos. Y es tiempo de elecciones.