• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Revoquémoslos

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De un tiempo a esta parte, visto algunos acontecimientos por todos vistos, pareciera que el referéndum revocatorio es la fórmula más transitable para salir del barranco donde sobrevivimos (algunos ya han dejado de hacerlo). Los acontecimientos en cuestión son los asaltos a la justicia, y a la razón, que ha hecho y seguramente seguirá haciendo ese comando macabro, en parte ilegítimo, que es el supremo custodio de la constitucionalidad en el país. Todas aquellas fórmulas para salir de la Peste que elabore la Asamblea, por justificadas que sean, recibirán el contundente veto, seguramente preparado ya, una nueva pócima letal. ¿O es que hay algún síntoma de que cambiarán esos jueces del horror? Aquí necesidad hace virtud entonces, en la medida en que el revocatorio no tendría que pasar por el antro judicial, aunque al parecer las damas del CNE anunciaron esta semana que ellas también tienen uñas y sabrán defender el legado de Chávez, es decir, el barranco aludido. Pero, a pesar de ello, uno supone que tienen menos espacio para moverse, es un terreno más acotado legalmente, además porque será el pueblo en persona, el soberanísimo, el litigante ocasional.

Quedan lo de la renuncia, pero por lo visto se necesitará un informe psicoanalítico para saber qué puede decidir el granuloso cerebro del heredero, porque las apariencias parecen indicar que está más soberbio que nunca. Cosa curiosa, si a ver vamos. Y siempre está por ahí, como un fantasma, como si nada pasase de contradictorio, el diálogo, sí, el diálogo de Francisco y Unasur y el que votaron por unanimidad los asambleístas y que siempre hay una alma buena que lo recomienda como remedio u oración adecuados para la cruel enfermedad que nos aqueja. Pero los fantasmas son fantasmas, hasta prueba en contrario. Y no quisiera hablar de los que hacen apuestas más complicadas que tienen que ver con las elecciones de gobernadores, Aristóbulo o algún general ya sin uso, si es que la expresión no es algo redundante. Por último, quedan el golpe, que siempre sucede de madrugada cuando uno duerme, o las masas desbordando las normas mínimas del contrato social, que es cosa temible. Todo ello, más cerca o más lejos, cabe dentro de lo posible, pero el revocatorio me resulta más tangible y deseable, les digo.

Le veo una virtud adicional. La de movilizar mucha gente, los que buscan las firmas y los firmantes. Que sin necesidad de palos ni piedras van a hacerse ciudadanos responsables y activos por la liberación de un país que no merece tanta degradación y oprobio, tanto sufrimiento de carne y hueso.

También quería hacer notar que de darse el pitazo y la partida hacia los siete millones y pico de votos que abrirían las puertas del futuro las otras soluciones, todas, desde la renuncia al diálogo, pasando por la noche de san Bartolomé o un golpe bananero, o una plácida reforma constitucional o una constituyente grandotota, no tendrían que colidir con el proceso revocatorio que es camino aparte y que cesaría borrado su objetivo.

Pero lo que sí se necesitaría, porque si la tarea va a dar resultados es ardua y difícil, es el concurso si no de todos, ¿es demasiado pedir?, al menos de muchos, de ingentes cantidades de unidad. A esta empresa no habría que ponerle ni nombre y apellido, ni siglas partidistas ni cálculos a futuro, lo cual no es fácil pero hay que trabajar duro y temprano sobre eso. Quizás lo dicho en el párrafo anterior en algo ayude, el que no tiene que haber un solo camino, aunque sea necesaria al menos una ruta menos azarosa. Y va a ser arduo per se, son un bojote de firmas y por ahí anda la sombra de Tascón (nota: sé que el pobre Tascón cargará con su lista hasta el fin de los tiempos, pero esta es más de Chávez y de los que la aplicaron con saña, algo así pasó con Judas Iscariote) y, por último, porque este gobierno de rufianes va a utilizar todas las trampas y trampitas para evitar su derrumbe.