• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Igual

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El afamado filósofo Boris Groys acaba de declarar en una entrevista en El País lo siguiente: “Hemos sido testigos del fracaso del comunismo en todas partes, pero eso nos ha hecho más marxistas que antes. Vemos el predominio de la economía con más claridad que nunca”. Supongo que lo que subyace en esa paradójica y penetrante afirmación es que ese fracaso del socialismo real ha sido esencialmente de su economía que, como dice todo manual de materialismo histórico, es aquello que le da forma al resto de la vida social. Es decir, que ese innegable desastre se acompaña del despotismo político, del terror, diría Merleau-Ponty, y de la esclerosis ideológica. Fenómenos letales. Digamos, entonces, que su muerte es la muestra de la vitalidad de algunos de sus axiomas, ¡vaya! Y había que agregar que, en definitiva, según el mismo Groys, hoy “hay más interés por la economía que por el sexo”, por un Marx inconsciente que por el muy explícito Freud.

Suele pasar que la historia del pensamiento está llena de curiosos deslizamientos, solapamientos, entrecruzamientos más que de verdaderas rupturas o cortes definitivos. Por ejemplo, el concepto de “derechos humanos”, hoy central en el pensamiento político, es la sustitución liberal de la quiebra del pensamiento confrontacional, revolucionarista. Liberal porque alude al resguardo de los valores del individuo y no a los fueros de la mayoría. Pues bien, su progresiva extensión a todos los planos de la vida ha terminado por suplir muchos planteamientos de la izquierda tradicional, con otro léxico, otras maneras y otros fines.

Algo similar pasa en este mundo paneconómico. Yo diría que en este se centra en el concepto de igualdad, pero como el segundo mandamiento de la revolución francesa, burguesa. Que sustituye al igualitarismo comunista. El presidente Obama, por ejemplo, ha dicho que la lucha contra la desigualdad es el norte de su política para Estados Unidos. Y el economista ovacionado del momento, Thomas Piketty, tiene este como concepto capital. Y por todos lados aparece el coeficiente de Gini que lo mide. Y ya es intolerable una humanidad en que 1% de sus pobladores posee la mitad de la riqueza o que en los países prósperos crezca constantemente la desigualdad en el ingreso. Llagas del libre mercado.

Como se verá, algunas viejas consignas de todos los progresismos se visten de un novedoso ropaje y se nutren de las evidencias de la desnudez y la omnipresencia del capitalismo poscomunista. Lo cual indica la necesidad de un nuevo y gran esfuerzo para pensar un mundo sin Estado Islámico o emigrantes sirios o para encontrar en los países de la pobreza la dignidad de muchos.

Se me ocurre ahora que algo pueden hacer al respecto, desde la Asamblea, los que quieren reconstruir el país y diferenciarse de la izquierda fascista y corrupta.