• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Diplomacia secreta

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Chúo Torrealba declaró en estos días que la MUD no ha practicado nunca la diplomacia secreta y da una razón para ello muy razonable: para vencer necesita el apoyo popular, por ende, sería contradictorio con ese manejo oculto de una de sus estrategias básicas. (Pareciera un estupendo ejemplo de lo que el psicoanálisis llama el uso revelador de la negación, que suele indicar y velar lo contrario reprimido). Pero vamos por partes.

Soy de los que no cree en que sea ni siquiera medianamente posible una política absolutamente transparente. La discreción y aun el ocultamiento le son inherentes. No obstante, creo que hay gradaciones de las sombras que las hacen convenientes o no, funcionales o no. Sobre todo por la muy realista argumentación de Chúo, además de que la verdad verdadera es siempre un ideal moral que nos convoca desde el cielo platónico. La falta de claridad puede conducir al desconcierto, la confusión, la desmovilización y el fracaso.

Ahora bien, creo que todo lo concerniente al diálogo que ha cobrado inusitada intensidad a partir del encuentro en República Dominicana no ha sido lo suficientemente diáfana como para ser verosímil, positiva y motivadora. Yo me preguntaba hace unas semanas, y aún no encuentro respuesta, por qué la MUD ha aceptado sin chistar, en lo esencial hasta el presente, un grupo de mediadores escogidos por el gobierno, viejos amigos suyos, orquestados por un sujeto de la ralea de Ernesto Samper. Que además estos hayan recibido, a lo cual no debe ser ajena dicha actitud, la aceptación casi unánime de los espectadores que parecen interesarse por nuestra desdicha. No me queda otra cosa que pensar que en la penumbra hay unas claves que se me escapan. Así como, no sé siquiera si es otra cosa, no entiendo que los yanquis en lo más álgido de la crisis y el combate nacional hayan decidido un acercamiento cordial con el gobierno cada vez más estropeado, bellaco y ruin.

Es cierto que algunos líderes opositores, sobre todo Capriles, han comenzado a decir lo suyo, sobre Zapatero en especial. Y hasta se asoman fórmulas alternas, complementarias básicamente. O, muy correctamente, se ha afirmado el referéndum como condición sine qua non de cualquier agenda y se ha evitado que la conversa lo deje para después, para el 17. Y se ha repotenciado a la OEA y a su ejemplar líder actual. Pero allí sigue el trío y su mentor de Unasur a la espera de que se sosieguen las aguas y terminen sentándose a compartir con los enguerrillados venezolanos. Pero nadie parece proponer volver a poner la mesa y decidir los invitados antes de servir el primer plato, paritaria y concertadamente como se debe, si es que diálogo va a haber, que por lo visto aquí puede suceder más de una historia. Ramos Allup, verbigracia, ha cuestionado el sitio de encuentro (¿?) pero no los comensales.

Detrás de la espesa niebla uno ve de repente emerger a los gringos, por supuesto, dándole luz verde a Zapatero, o a Francisco conciliando con Samper. ¿Quién quita que Cuba no ande por ahí, pagando los favores recibidos y haciendo de titiritero? A los embajadores en la OEA exhibiendo su dominio del sutil lenguaje de las componendas, que no necesariamente son perversas. Pero, de nuevo, confieso que se me confunde tanta combinatoria. Y más si uno trata de ver más allá del revocatorio, que creo que unifica real y justamente las oposición, las agendas cada vez más explícitas y las puertas alternativas de los diversos jefes o jefecillos. Por no hablar de golpes y otras violencias temibles.

Aun a sabiendas de que puede haber algunas movidas a lo Timoteo, que no sabremos lo que se cocina en el Pentágono sino mucho tiempo después, que los curas saben sobre secretos de confesionarios, que los conspiradores como los mirones son de palo y otras trabas a la observación de politólogos y aficionados creo que sería altamente recomendable que pongan más luz en los caminos y sepamos cómo comer revocatorio con diálogo, o sin diálogo, con zapateros o sin ellos. Y a estas alturas, al menos por curiosidad, nos cuenten cómo se enredaron tanto esos papagayos aludidos. Es importante en tiempos tan sombríos saber por dónde andamos, hacer diplomacia bastante menos secreta.