• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Campaña y suciedad

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Si alguna constante tiene nuestro proceso revolucionario es su capacidad de insultar a todo aquel que se le interpone. Hacer una antología de sus mejores piezas no es tarea fácil. Pero uno recuerda, al azar de la memoria, algunas joyas de Chávez, como llamar analfabeta a Vargas Llosa, decirle a los obispos que tenían el diablo debajo de la sotana, tratar de tarifado a Zapata, de cochino a Henrique Capriles y paremos de contar que es tema que no tiene fin. También recibía lo suyo y nada mejor que aquel monárquico “por qué no te callas”, con audiencia planetaria, o la famosa gallina de Arias Cárdenas. Este pequeño recordatorio es porque nos da la impresión de que si en algo imita el heredero al difunto es en ese arte, aunque ciertamente con menos variedad y contundencia, como pasa con el resto del legado.

Esto lo traemos a colación porque es un arma que utilizan con particular virulencia en los momentos electorales para acabar con el enemigo. Maduro “vomita” –el verbo es suyo– a diestra y siniestra a cualquiera que lo adversa, sea un dignatario extranjero o un candidato opositor. Diría que es el ingrediente que le da el sello chavista a la actual campaña para la Asamblea. Porque faltan otros elementos ligados al dinero, tan escaso por estos días.

Chávez nos contó que Fidel le preparó las misiones, y Jorge Rodríguez en el CNE le facilitó el tiempo para que florecieran, a fin de que no lo defenestraran en un revocatorio que en principio tenía perdido. Y funcionó. De ahí en adelante toda elección importante debía tener, además de los indebidos usos habituales del patrimonio de todos los venezolanos, una causa bandera que propiciara la victoria. No hay mejor ejemplo que la Gran Misión Vivienda. La mecánica es la siguiente: se toma un área particularmente deprimida de la acción gubernamental y se la somete a un tratamiento intensivo y, sobre todo, a un aplastante despliegue propagandístico cuya finalidad es hacer olvidar el deshonroso pasado y hacer sentir que nadie nunca ha hecho tanto por el área. El gobierno había sido en materia de hábitat peor que cualquiera de la democracia puntofijista y terminó proclamándose campeón de la vivienda y hasta del vivir viviendo. Por supuesto, cuando se gana la elección la cosa pasa a segundo plano, el nivel de construcción desciende y el déficit habitacional sigue creciendo.

Maduro en su duelo con Capriles tuvo su dakaso, asunto mucho más modesto y bastante antieconómico, antiético y antiestético, pero a lo mejor hizo la diferencia, si es que la hubo.

En estas parlamentarias tan peliagudas como dicen las encuestas no hay con qué montar muchos espectáculos y las colas y los precios bárbaros y la delincuencia desatada copan el paisaje nacional. El gobierno solo ha inventado dos shows especiales para la ocasión, de bajos costos y seguramente de poca eficiencia. Reactivar Guyana que es un cuento viejo, lío donde tienen las mayores y más flagrantes culpas y de una resolución muy larga y poco apropiada para nuestras acuciantes penurias. Y esos estruendosos operativos, los OLP, en que despliegan centenares de efectivos policiales y militares sobre zonas muy reducidas, se hacen allanamientos brutales (hasta el defensor lo reconoce), hay centenares de presos que luego sueltan o deportan y se matan unas decenas que ya no pueden reclamar. Al parecer quedan 7 detenidos de la batalla de la Cota 905 y en la batalla de Montalbán, según Maduro, encontraron unas chicas de la vida, algún humilde bachaquero y un vendedor de drogas al detal. Mientras tanto las cifras de la morgue son cada vez más grotescas.

De modo que hay que insultar mucho y no detenerse en inhabilitar al enemigo de todas las maneras imaginables, hasta las más delictivas. Atención, pues.