• Caracas (Venezuela)

Fernando Rodríguez

Al instante

Barranco

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Creo que muy pocos venezolanos dudarán en considerar a César Miguel Rondón como “el periodista venezolano más escuchado”, como lo llaman en El País tras el atropello irracional y alevoso a que fue sometido por el sicariato de Conatel. De manera que a estas alturas poco hay que agregar, solo sumarse, a la tonelada de desagravios y elogios que ha merecido. Pero hay que insistir en esa manotada fascista (U. Eco: “Nacionalismo y xenofobia/ Guerra permanente/ Envidia y miedo al ‘enemigo”) que es el espíritu del comunicado en su contra. Por ordinario que sea al fascismo nunca se le enfrenta en demasía.

Dudar de la nacionalidad de ese venezolano ejemplar es idiota. Pero para nada inocente. El “argumento” de que los periodistas están en el deber de cuestionar a sus entrevistados es una alhaja de la ética del oficio ¿Alguien imagina a un periodista rebatiendo las falacias y los desvaríos de Maduro, materia prima de sus peroratas, y exigiéndole demostraciones de sus asertos sobre magnicidios y golpes, trapisondas políticas o descalificación de sus enemigos? Se refuta solo ese disparate.

Pero la ponzoña está en lo que sigue: el entrevistado es alcalde de Cúcuta y Conatel supone un estado al menos prebélico con los vecinos. “En un momento tan delicado para la nación, cuando se requiere el concurso patriótico de todos y todas sus ciudadanos y ciudadanas en la defensa de los intereses nacionales, esta actitud del ciudadano César Miguel Rondón y del Circuito Éxitos Unión Radio expresa una línea editorial irresponsable y peligrosa... pretende criminalizar y descalificar ante la opinión pública la legítima defensa de los intereses de la República Bolivariana de Venezuela”. Es decir, César Miguel se ha puesto del lado del enemigo al no rebatir lo que, por demás y en lo esencial, han dicho cualquier cantidad de venezolanos. Es un procolombiano, un santanderista, un traidor, un mexicano en síntesis. Sentencia que de generalizarse haría de cualquier crítica al desgobierno madurista una criminalización y, dada la “delicada” situación del país (nada más cierto), un contubernio con sus innumerables enemigos exteriores. Prohibida la palabra opuesta y hasta el silencio. Además se apela a la fórmula siniestra de Diosdado Cabello de involucrar en el pecado a los dueños del medio, los que en definitiva pueden hundir la nave.

Lo que pasa es que Conatel llega a destiempo. Ya Maduro se reunió con Santos. Se dio cuenta de que las tropelías fotografiadas de su “injuriada” Guardia Nacional Bolivariana tenían un costo desmesurado para su famélica imagen y que no podía alienarse los muchos colombianos votantes a los que ahora jura amor eterno. Por último, decidió volver a traer a los miles de deportados agredidos y humillados (¡sublime, insólito!). Pero, en fin, alguien tenía que tratar de limpiar los retretes después de las temibles e inútiles convulsiones fronterizas.