• Caracas (Venezuela)

Fernando Ochoa Antich

Al instante

No nos vamos, nos quedamos

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Definitivamente, Maduro está desesperado. Así lo muestran sus permanentes agresiones a cualquier gobierno, institución o persona que se atreva a manifestar una opinión contraria a su manera de pensar o critique su acción de gobierno. No importa que sea una opinión respetuosa y prudente. De todas maneras, su respuesta es grosera sin importarle comprometer el prestigio de Venezuela.  La causa está a la vista. Su caída en los niveles de popularidad se mantienen de una manera sorprendente, sin que puedan influir las campañas de propaganda que organicen sus asesores comunicacionales. Así ocurrió con los  permanentes ataques a los Estados Unidos y al presidente Obama. No sirvió de nada. Apenas logró remontar unos puntos en las más recientes encuestas para volver a caer de manera estrepitosa. Para colmo, tuvo que aceptar el  reconocimiento de Castro, Correa, Morales y Ortega al presidente estadounidense.

La razón es muy sencilla. La situación económica y social que los venezolanos enfrentan es de tal gravedad que es muy difícil encontrarle alguna solución si se mantiene  la  actual orientación política y económica de su gobierno. Los problemas que enfrenta son su falta de autoridad, voluntad e incapacidad para hacerlo. La cercanía de las elecciones parlamentarias y las presiones de los sectores  más radicales del chavismo se lo impiden. Un buen ejemplo son los presos políticos. Es la principal causa de crítica internacional. Una ley de amnistía sería recibida con beneplácito. Prefiere entrar en fuertes polémicas con jefes de Estado y de gobierno, instituciones e importantes dirigentes políticos del mundo, que enfrentar sus responsabilidades presidenciales. Otra acción que podría tomar es exhortar  al CNE para que realice unas elecciones parlamentarias transparentes, equitativas y justas. El rumor que existe sobre un nuevo cambio de circuitos no sería un buen camino…

La opinión internacional se encuentra muy sensible ante el deterioro de la situación política venezolana como consecuencia de haber decidido Hugo Chávez retirar a nuestro país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el año 2012,  para poder establecer, de manera definitiva,  un régimen hegemónico, sustentado en el control absoluto  por el Ejecutivo de todos los poderes públicos, eliminando su libertad e independencia constitucional. Esta conducta   viola flagrantemente la Carta Democrática Interamericana y se ha traducido en acciones para  criminalizar a la oposición política, perseguir a los medios de comunicación independientes, violar los derechos humanos empleando inclusive  armas de guerra en la represión de manifestaciones públicas y detener a sus asistentes de manera masiva. Esta ha sido la razón de los señalamientos nacionales e internacionales que han surgido en estos últimos días.

En la llamada Declaración de Panamá, 32 ex mandatarios iberoamericanos solicitaron una solución negociada al delicado problema venezolano, la libertad de los presos políticos y el establecimiento de reales garantías para el desarrollo de las elecciones parlamentarias. Las Cortes españolas aprobaron un comunicado en el cual se “solicita la libertad de Leopoldo López, de Antonio Ledezma y de Daniel Ceballos y de los demás manifestantes”. El comunicado fue aprobado por el partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español obteniendo 306 votos a favor y  19 en contra. Los senados colombiano y chileno y el parlamento costarricense aprobaron por absoluta mayoría declaraciones similares. Así mismo, hay pronunciamientos al respecto de la presidente del Brasil y del canciller uruguayo. La senadora Isabel Allende, hija del presidente Allende, al respaldar dicha solicitud, ratificó su anterior posición:”el gobierno de Maduro no es socialista sino una dictadura militarista”. 

Las ofensas de Maduro al presidente Rajoy y a la Cortes españolas generaron de inmediato un agravamiento de las tensiones diplomáticas entre España y Venezuela. No satisfecho con ese nuevo enfrentamiento dio unas fuertes declaraciones a su llegada de Cuba en la cual anunció la radicalización del proceso revolucionario convencido “que los empresarios sabotean la economía del país y le impiden al pueblo acceder a diferentes productos de primera necesidad”. Aseguró,  que en  contra de su gobierno está en marcha “una guerra económica dirigida por los empresarios y apoyada por los Estados Unidos”. Es claro que Nicolás Maduro desea ocultar dieciséis años de despilfarro y corrupción que han caracterizado a los gobiernos revolucionarios y nos han conducido a esta debacle. Muchos jóvenes y excelentes profesionales  han tenido que emigrar, ante la imposibilidad de contar con un futuro promisor gracias a los errores del régimen chavista. Sin embargo, Maduro debe saber que existen numerosos venezolanos que no se irán, que están decididos a quedarse,   seguros como estamos que en Venezuela está en marcha un  trascendente cambio político. 

fochoaantich@gmail.com

@FOchoaAntich .