• Caracas (Venezuela)

Fernando Ochoa Antich

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La tragedia de Dilma Rousseff

Los líderes políticos que son impuestos por la voluntad de un líder carismático normalmente no son capaces de enfrentar una crisis económica y política de cierta complejidad. Esa es la tragedia de Dilma Rousseff. Se inició en la actividad política en el Partido Laborista brasileño dirigido por Leonel Brizola. En dicho partido tuvo una significativa participación, llegando a desempeñar la Secretaría de Minas y Energía en una alianza entre el PT y el PDT durante el gobierno de Olivio Dutra en el estado Río Grande do Sul. Al poco tiempo, Leonel Brizola decidió romper esa alianza. Dilma Rousseff, desobedeció sus instrucciones, afiliándose, en el año 2001, al Partido de los Trabajadores. En el año 2002 Lula da Silva alcanzó la presidencia. Dilma Rousseff, fue designada ministra de Minas y Energía. Debía enfrentar la creciente crisis eléctrica y además gestionar la empresa Petrobras en medio de grandes expectativas. Se vinculó políticamente a José Dirceu, primer jefe de Gabinete y mano derecha de Lula, quien tuvo que renunciar al cargo acusado por corrupción. Sorprendentemente, el presidente la designó en su reemplazo.Lula da Silva inició su segundo período presidencial el 1° de enero de 2007. De inmediato empezó a fortalecer la imagen de Dilma Rousseff como su posible sucesora, al hacerla responsable de 2 importantes programas sociales: el Programa de Aceleración del Crecimiento, con una inversión de 250.000 millones de dólares, y el programa “Mi Casa, Mi Vida”, que debía construir 1 millón de viviendas subsidiadas para familias con bajos recursos. Los escándalos de corrupción seguían dañando la imagen del PT, pero curiosamente, el prestigio del presidente da Silva se fortalecía y surgía la tesis del “lulismo”, como corriente política. Esa crisis en su partido le permitió escoger a su sucesor. Se decidió por Dilma Rousseff. En las elecciones presidenciales del año 2010, en segunda vuelta, logró un importante triunfo al obtener 56,05% de los votos. Esa misma noche se dirigió al país en un mensaje muy optimista, planteando como punto central de su gobierno la erradicación de la miseria.El porvenir parecía claro. Era de esperarse una gestión eficiente y transparente, aunque tenía que enfrentar dos factores negativos: el agravamiento de la situación económica europea y estadounidense y la exagerada presencia de la figura de Lula da Silva. En el primer caso adoptó varias medidas proteccionistas en lo que se llamó la “guerra de divisas”. En el segundo, logró disminuir el exagerado peso de Lula y fortalecer su figura presidencial. De manera inexplicable, su gobierno no percibió que los diez años de crecimiento económico vividos por el Brasil presentaban algunos factores desencadenantes de una grave crisis económica. En el año 2010, la economía creció 7,5%, pero en los años siguientes apenas logró alcanzar 2,7% en 2011, 0,9% en 2012; 2,3% en 2014, y la economía tuvo que ser declarada en recesión en el año 2015. De todas maneras, su reelección presidencial, en la cual obtuvo 51,64%, demostró que preservaba una apreciable fuerza política.Inexplicablemente, esa fortaleza política desapareció sorprendente y vertiginosamente. Lo más inexplicable de este caso fue el cambio de actitud de la presidenta Rousseff. Al inicio de su primer gobierno alcanzó 77% de popularidad al destituir a 10 de sus ministros señalados por corrupción. Sin embargo, su popularidad cayó a 30% producto del descenso en el crecimiento económico, la espiral inflacionaria y el aumento del transporte público. Todos estos hechos confluyeron en un momento de creciente gasto público con la realización del Mundial de Fútbol de 2014 y la planificación de las Olimpiadas en 2016, lo que se tradujo en una disminución de la inversión en educación y salud. Peor aún, su absurda decisión de nombrar a Lula da Silva como ministro de la Secretaría, con la finalidad de evitar su enjuiciamiento, terminó de debilitar la muy pequeña base de sustentación que todavía tenía su gobierno.El mayor escándalo de corrupción de la historia del Brasil se presentó en el año 2015, cuando el Supremo Tribunal Federal de Brasil publicó una lista de políticos sospechosos en el caso de corrupción en Petrobras. Recientemente se conoció que entre los investigados figuraba el ex presidente Lula da Silva. La lista de 47 políticos, que fue divulgada en marzo de 2015, incluye a 34 congresistas en ejercicio, 22 diputados y 12 senadores, un par de opositores y varios miembros del Partido de los Trabajadores, incluida Gleisi Hoffmann, quien fuera su mano derecha y jefa de Gabinete. La Procuraduría descartó investigar a la presidenta de la República aludiendo un “impedimento constitucional”, a pesar de que entre 2003 y 2010 la presidenta Rousseff encabezó el consejo directivo de Petrobras, años que incluyen el período en que ocurrieron los desvíos financieros de dicha empresa.Actualmente, la crisis política ha alcanzado tal nivel que derivó en la apertura de un procedimiento de juicio político contra la presidenta Rousseff. La solicitud del impeachment, por presuntos delitos de responsabilidad fiscal, fue aceptada por el líder de Diputados, Eduardo Cunha, quien a su vez, fue acusado de recibir sobornos en el caso de Petrobras. La acusación se basó en “haber financiado el Tesoro a través de la banca estatal y autorizar gastos sin la autorización del Congreso, estando ambas prácticas prohibidas explícitamente por la Constitución brasileña”. Justamente, el 6 de abril de este año, la comisión del Congreso aprobó un informe que solicita el juicio político para la presidenta Roussef, el cual será sometido a votación en el senado el 11 de abril. El nuevo frente que deberá encarar Dilma Rousseff serán las crecientes y masivas protestas callejeras. 

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