• Caracas (Venezuela)

Fernando Ochoa Antich

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La descabellada ofensiva de Nicolás Maduro

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Nicolás Maduro está desesperado. Conoce perfectamente bien que si permite la convocatoria del Referendo Revocatorio, establecido en los artículos 6 y 337 de la Constitución Nacional, tendría que entregar el poder. Las encuestas y su desastrosa acción de gobierno así lo indican. Sin embargo, los venezolanos empiezan a dudar de su realización durante este año, para lograr pacíficamente su salida de la presidencia de la República, ante las maquiavélicas artimañas implementadas por Jorge Rodríguez. Las consecuencias de este hecho están a la vista: las tensiones sociales comienzan a expresarse a través de la violencia. Así ha empezado a ocurrir en las manifestaciones públicas de la oposición ante la inaceptable represión del régimen y en las largas colas para comprar productos de primera necesidad. Ante estas circunstancias, Nicolás Maduro ha decidido aplicar una desacertada ofensiva en el campo político, internacional y militar, que puede conducir a Venezuela a una verdadera tragedia. Estos hechos exigen una profunda reflexión de la Fuerza Armada Nacional.  

La acción fundamental en el campo político ha sido el decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica del 13 de mayo de este año. Sólo con analizar someramente dicho decreto se tiene que llegar a la conclusión de que el gobierno nacional conocía, de antemano, que era imposible que la Asamblea Nacional lo aprobara. En general, todos los considerando que se utilizan para justificarlo no sólo son exagerados sino que responsabilizan directamente a la oposición política venezolana de ser  la causante de la crisis nacional al afirmar que ha tratado “de menoscabar  reiteradamente la voluntad popular; asediar a todos los Poderes Públicos y someter a zozobra a los venezolanos mediante la aplicación de esquemas perversos de distorsión de la economía venezolana tales como el acaparamiento, el boicot, la usura, el desabastecimiento y la inflación inducida”. Esta grave acusación, y el señalamiento hecho público por Nicolás Maduro, permiten intuir que el próximo paso podría ser la suspensión inconstitucional de la Asamblea Nacional. Un hecho de tanta gravedad, constituiría un golpe de Estado y una aviesa instigación a la violencia.

Su ofensiva en el campo internacional se ha orientado en responder a las posiciones críticas asumidas en contra de su gobierno por Luis Almagro, Secretario General de la OEA, los gobiernos de los Estados Unidos, el reino de España y los ex presidentes Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Jorge Quiroga por la existencia de presos políticos, las limitaciones impuestas a la libertad de expresión y la violación a la Constitución Nacional al retrasar la convocatoria del Referendo Revocatorio. El argumento sostenido por Nicolás Maduro para rechazar esas críticas ha sido la tesis de una supuesta intervención militar extranjera en Venezuela para derrocar su gobierno y destruir la Revolución Bolivariana. Este razonamiento ha sido rechazado terminantemente por la opinión pública internacional por absurdo e irreal.  Lo más grave de la polémica ha sido la posición violenta e  irrespetuosa sostenida por Nicolás Maduro en contra de esos gobiernos, del secretario general de la OEA y de los ex presidentes Pastrana, Uribe y Quiroga, lo que ha traído por consecuencia una total pérdida de credibilidad internacional en su persona y en su gobierno.

El mismo argumento, la supuesta intervención extranjera, fue utilizado para justificar las acciones en el campo militar. Nicolás Maduro expresó en una rueda de prensa: “Nuestro país quiere ser llevado a una situación de violencia generalizada para justificar una posible intervención extranjera. Dueños de medios de comunicación impresos están involucrados en estos planes como también lo está toda la oposición política venezolana”. Los hechos demuestran que esa acusación es absolutamente falsa.  La oposición democrática venezolana rechaza la violencia y sólo aspira a que el pueblo se exprese en un Referendo Revocatorio que ponga fin a su gobierno. Esa misma equivocada orientación la tuvo el comunicado que dirigió el general Vladimir Padrino López a la Fuerza Armada Nacional. Coincido plenamente con el rechazo que se hace en dicho comunicado en contra de unas declaraciones del ex presidente Uribe, por inmiscuirse en asuntos internos de Venezuela, pero estoy en total desacuerdo que en un comunicado dirigido, por un jefe militar a sus subalternos, se tome una posición política parcializada. Al hacerlo, sobre todo en una situación de crisis política tan grave, se compromete la necesaria imparcialidad que debe caracterizar a la Fuerza Armada  ante los diferentes actores de la política nacional, para que pueda transmitir a los venezolanos la necesaria sensación de seguridad y confianza. Bien haría el general Padrino en asesorar lealmente al Presidente Maduro, sobre la conveniencia de cumplir cabalmente lo pautado en la Constitución Nacional.

fochoaantich@gmail.com

@FOchoaAntich