• Caracas (Venezuela)

Fernando Ochoa Antich

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Reconocimiento a la Fuerza Armada

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La conducta institucional asumida por la Fuerza Armada Nacional, durante las elecciones del 6 de diciembre, produjo una gran satisfacción en la opinión pública. Durante todo ese día surgieron rumores de que no se reconocería el triunfo de la oposición. El abuso de poder ejercido al facilitar la presencia en todos los canales de televisión de candidatos del oficialismo, sin que tuvieran  la misma posibilidad los candidatos  de la oposición, ratificaba esa percepción. En medio de la creciente tensión existente, en horas de la tarde, el general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, dio una terminante declaración, acompañado de su Estado Mayor, la cual  permitió a los venezolanos intuir que en el mando de la institución armada había ocurrido una profunda revisión de su actuación  que obligaba a todos sus miembros a corregir equivocadas posiciones anteriores, violatorias del artículo 328 de la Constitución Nacional, y que no se constituirían en instrumento para apoyar un desconocimiento de la voluntad popular.

Venezuela va a enfrentar circunstancias muy complejas y delicadas. La absurda posición asumida por Nicolás Maduro y otros altos representantes  del oficialismo así lo muestra. En lugar de realizar los esfuerzos necesarios para crear un diálogo con la nueva mayoría parlamentaria, que le permitiría construir un importante consenso político, para poder enfrentar, con alguna posibilidad de éxito, la grave crisis económica y social que vive nuestro pueblo, se ha dedicado a plantear un enfrentamiento entre los poderes  que solo puede conducir a mayores y más graves calamidades para nuestro pueblo. Esta nueva realidad política debe ser objeto  de una profunda reflexión para los cuadros activos de la Fuerza Armada Nacional. Lo primero que se debe reconocer es que en la Asamblea Nacional  radica la legítima y soberana voluntad popular. Otro aspecto de suma importancia a considerar es que el Tribunal Supremo de Justicia, que debería ser el fiel de la balanza, ha sido indebidamente constituido para favorecer al gobierno con los demás poderes públicos.

Es difícil predecir cómo se van a desarrollar los acontecimientos políticos en los próximos meses. De todas maneras, unas recientes declaraciones de Diosdado Cabello muestran el camino: dividir nuestra sociedad mediante la vieja tesis de la lucha de clases. Es decir, la Asamblea Nacional representa a la oligarquía y el gobierno al pueblo, desconociendo que esta derrota es la consecuencia de haber perdido el chavismo su ascendiente en amplios sectores populares, en los cuales la oposición triunfó arrolladoramente. La autocrítica que se proponen realizar los sectores maduristas, en un próximo congreso del PSUV, tendría que responder a las tantas preguntas que se hacen los venezolanos, que no se explican cómo un país que tuvo, por más de 10 años, los más elevados ingresos petroleros de nuestra historia se encuentre en el actual estado de pobreza, sin poder satisfacer sus necesidades fundamentales, en medio de una deuda pública que supera los 250.000 millones de dólares con solo 14.000 millones de dólares de reservas internacionales

También es necesario que la Fuerza Armada Nacional reconozca sus errores ante nuestro pueblo. No se puede justificar que se haya permitido durante los gobiernos chavistas la utilización de algunos de sus miembros en actividades partidistas, ignorando que nuestra institución está al servicio exclusivo  de la nación y no de una parcialidad política determinada. Esta equivocada visión institucional ha conducido a la utilización indiscriminada, en funciones administrativas propias del sector civil, a numerosos profesionales militares, abandonando sus funciones específicas. Justamente, esa desviación permitió que en Venezuela surgieran numerosas organizaciones subversivas y criminales, comprometiendo gravemente la soberanía nacional y la seguridad ciudadana. Tampoco se puede entender que en las últimas elecciones regionales se haya concedido, como si fuera una cuota obligatoria, la mitad de las gobernaciones de estado a numerosos oficiales retirados para mostrar de esa manera la existencia de una supuesta “unidad cívico-militar”.

El destino de Venezuela exige de todos sus ciudadanos, en un momento tan delicado de nuestra historia, el permanente respeto de los principios fundamentales que rigen la vida política de la nación establecidos en la Constitución de 1999 en sus artículos 2 y 6: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. “El gobierno de la República de Venezuela es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable pluralista y de mandato revocable”. Ustedes, miembros activos de la Fuerza Armada Nacional, tienen como deber fundamental: acatar estos principios y rechazar cualquier otra visión ideológica, sea revolucionaria o no, que pretenda desconocerlos. Ustedes, también deben saber que la única manera posible de modificar esos principios es convocando a una Asamblea Nacional Constituyente que discuta y sancione una nueva Constitución Nacional, la cual debe ser aprobada por el voto mayoritario de los venezolanos.

 

fochoaantich@gmail.com.

@FOchoaAntich.