• Caracas (Venezuela)

Fernando Ochoa Antich

Al instante

¿Es Diosdado Cabello el hombre fuerte del régimen?

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Realmente, creo que no. El poder tiene expresiones mucho más sutiles que levantar la voz u ofender en un debate parlamentario a los opositores de un gobierno. Además, se requiere, en el tiempo, imponer la autoridad, lo que llamaba Max Weber la autoritat, sin necesidad de utilizar la fuerza, sustentándola en el carisma, la moral, la convicción o la legalidad. En verdad, Cabello no reúne esas mínimas condiciones de liderazgo para poder transformarse en el hombre fuerte del régimen, aunque, hay que reconocerlo, logró controlar el PSUV con inteligencia y audacia. Tampoco puede aceptarse la tesis de que su fuerza surge como consecuencia de su pasado militar. Son muchos años en retiro para imaginarse que mantiene un importante ascendiente en la mayoría de los cuadros activos. Menos aun, pensar que la presencia en los altos mandos de su promoción es determinante. ¿Qué es lo que realmente ocurre entre entre Maduro y Cabello?

Responder esa pregunta requiere de una detenida reflexión. La manifiesta debilidad mostrada por Nicolás Maduro, al ser escogido por Hugo Chávez como el posible candidato presidencial, creó de inmediato una matriz de opinión que sostenía que difícilmente podría sostenerse en el  poder. Era difícil aceptar que los más connotados representantes de la logia militar del 4 de febrero iban a reconocer su liderazgo. No tenía ningún mérito en la conspiración. Escribí varios artículos sosteniendo la tesis de que la autoridad de Maduro podía ser desconocida por sectores militares. Realmente, no ocurrió. Al contrario, dio manifestaciones de una importante fuerza política. Destituyó de sus funciones, nada más ni nada menos, que a Rafael Ramírez, el destructor de Pdvsa, a Jorge Giordani, el ideólogo que nos condujo a la actual crisis económica y a Miguel Rodríguez Torres, una de las figuras fundamentales del alzamiento militar. Todos ellos muy cercanos al afecto de Hugo Chávez. 

La destitución que más me llamó la atención fue la de Miguel Rodríguez Torres. Lo hizo en dos tiempos: lo retiró de la Fuerza Armada, por cumplir  treinta años de servicio, aunque dejó activo al general Vladimir Padrino López, su compañero de promoción y lo designó ministro de la Defensa. El ataque a un colectivo era la consecuencia natural de los planes de seguridad. Aprovechó ese enfrentamiento para destituirlo del cargo. Los rumores surgieron de inmediato: “Esa destitución es un claro ataque a Diosdado Cabello”. En verdad, no hubo gesto alguno que confirmara esta realidad. Al contrario, empezaron a demostrar, tanto Maduro como Cabello, una gran simpatía personal en  todos los actos públicos. Mi conclusión, ya desde hace algunos meses, es que la camarilla militar y todos los grupos pertenecientes al PSUV reconocieron el liderazgo de Maduro ante la certeza de que era la única forma de preservar el poder en medio de la actual crisis política, económica y social.

Los ataques contra Diosdado Cabello se incrementaron desde hace algunos meses, En verdad, han existido casi desde que se inició el régimen chavista. El problema se agravó ante los ataques internacionales, principalmente de los medios de comunicación norteamericanos y españoles. De inmediato, Maduro lo defendió con gran firmeza. Al pasar los días, se  dieron cuenta de que esa defensa no era suficiente. Circunstancialmente, hubo la visita a Caracas del embajador Thomas Shannon, consejero del Departamento de Estado, los días 7, 8 y 9 de abril, con la finalidad de conversar con Nicolás Maduro. La molestia de Venezuela por el decreto presidencial del gobierno norteamericano, sancionando a algunos altos funcionarios, podía comprometer el éxito del presidente Obama. La reunión significaba una reorientación de su política exterior. La forma en que se desarrolló la Cumbre mostró que se habían logrado ciertos acuerdos entre los dos gobiernos.

La segunda visita, a mi criterio, fue promovida por Nicolás Maduro y la canciller Delcy Rodríguez con objetivos perfectamente determinados El regreso del embajador Shannon mostró que Estados Unidos consideró conveniente el acercamiento con Venezuela, una ficha importante en las negociaciones con Cuba, en las conversaciones de paz de Colombia y en el problema político haitiano. Pienso que las conversaciones fueron positivas, lográndose algún acuerdo que provocó el viaje a Haití. Estoy convencido de que el objetivo de Maduro era buscar un cambio en la percepción de Estados Unidos sobre Diosdado Cabello. Era necesario fortalecer su imagen. Lo primero fue enviarlo como jefe de una delegación a tratar asuntos oficiales con el Brasil. Protocolarmente fue recibido por Dilma Rousseff. Un rumor me llamó la atención. Se habló de una  discreta visita de Diosdado a Lula da Silva, viejo amigo de Thomas Shannon. Era importante su respaldo para la siguiente parte del juego.

La maniobra consistió en enviar a Diosdado Cabello como parte de la comitiva encabezada por Delcy Rodríguez con la finalidad de asistir a una importante reunión con el presidente Michell Martelly, junto a los embajadores Thomas Shannon, Pamela White y Thomas Adams representantes de Estados Unidos. Es claro que el tema a discutir no era Venezuela, sino el delicado asunto de la no convocatoria a elecciones en Haití. De todas maneras el mensaje fue claro. Diosdado Cabello representa no solo el Poder Legislativo, sino que es parte fundamental del estatus político gobernante en Venezuela. Sin duda, el acuerdo entre Maduro y Cabello es una realidad. Hay que saberlo… Lo doloroso es observar la contradictoria política de Estados Unidos. Se imponen más sus intereses que los valores democráticos. Esta realidad no debe extrañarnos. Es la esencia de la política internacional. Es necesario que la oposición democrática lo entienda plenamente.

 

fochoaantich@gmail.com

@FOchoaAntich