• Caracas (Venezuela)

Fernando Martínez Móttola

Al instante

Todo empezó con una coba

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No es que uno sea caído de la mata, falto de personalidad, ni influenciable tan fácilmente. Pero hay argumentos que, en determinadas ocasiones, a uno lo dejan desarmado ante mayúsculas demostración de inventiva. Este, memorable, por ejemplo: desde que el mismísimoCristóbal Colón, por primera vez, puso pie en las playas deMacuro, hasta nuestro días, ningún líder político por los alrededores de este continente ( y vaya usted a saber si del planeta o de la galaxia), había reconocido la responsabilidad de sus actoscon tal grado de sinceridad y estoicismo, en este caso por un fallido golpe de Estado– dijeron en su momento analistas políticos, historiadores y hasta unas cuantas personalidades de ilustrenotoriedad- Ni aún el propio Simón Bolívar, joven aún por allá en 1812, mostró nunca el coraje semejante para asumir su cuota de incumplimiento en la caída del Fortín de Puerto Cabello y subsecuente entrega del Generalísimo Francisco de Miranda a los representantes de la Corona.- Oímos decir en aquel momento a las voces más cultas, cubiertas con un manto de incontestable auctoritasyambientadas con resonante y patriótica fanfarria-.

A partir de ese sensacional reconocimiento del fracaso temporal,  por ahora, el liderazgo emergió de la nada. Y, férreo e irrefrenable, comenzó a crecer como la espuma en un vaso de cerveza recién servido.  Se podía intuir, entonces- como consecuencia natural del reflexivo y categórico argumento- la existencia de un pueblo con elevadísima conciencia política, que pacientemente  esperaba la aparición de un líder que a su altura,¡al fin!, asumiera con toda entereza el compromiso de sus acciones.

¡Enhorabuena!, ¡helo allí ante ustedes!, ¡el líder supremo! ¡el Mesías!.

Así, se presentó como a un padre responsable a quien para algunos, hasta entonces, no personificaba sino a otro ángel vengador. Sin embargo, frente a la evidencia de la  apabullanterealidad que se imponía, la contundencia del razonamiento y sabiduría de tantos ¨ notables¨ que suscribían la explicación, no iba quedando otro remedio que tragarse ese sapo con suspicacia y resignación.

Pero el tiempo hace su trabajo e, inventiva aparte, vistos los hechos por el espejo retrovisor: a los argumentos terminan por deshilachársele las costuras, los pretextos no dan pie con bola y hasta el más pendejo tiene tiempo de espabilarse. Y es que desde la misma mañana del celebre ¨ por ahora, todo sin excepción pasó a ser culpa de los demás.La actitud del ¨yo no fui¨ alcanzó los niveles del paroxismo. Durante dieciséis años de gobierno, se dice fácil, el dedo acusador no ha dejado de apuntar a la cuarta república, por quítame estas pajas y cualquiera que sea lo que esa curiosa denominación signifique.

¿Y de aquello de asumir las responsabilidades propias?: nada,nanai de nanai, ni por equivocación.

La inflación y la escasez pasaron a ser el producto de una guerra económica que nadie entiende ni sabe de dónde proviene.Si falta la luz, puede ser culpa del clima o de la afamada iguana. La inseguridad es tan solo una sensación, una especie de alucinación colectiva, promovida por los medios de comunicación. Las colas para buscar alimentos: una ilusión óptica, un holograma proyectado desde el imperio como parte de una conspiración internacional. Para mencionar, apenas, unas cuantas naderías que, de no ser por la gravedad del caso, uno pensaría que se tratan tan solo de una buena joda.

El gobierno, heredero de aquel supuesto dechado de sinceridad y estoicismo,  continúa empeñado en negar la realidad. Según este,Venezuela se ha convertido en una potencia económica y social que los demás países toman como ejemplo. La inflación y la escasez: otro espejismo creado por la derecha con fines electorales. La disociación entre el discurso oficial y los problemas de la población alcanza un grado que pone a prueba la sanidad mental de cualquiera.

Entonces, cuando el país se desmiembra por los cuatro costados,  uno vuelve y se pregunta: ¿y qué pasó con la teoría de la responsabilidad y el compromiso con la cual comenzó toda esta historia?.

Que el 6D sirva para demostrar que el país ya no se come el cuento y que todos volvamos a poner los pies en la tierra.

 

@martinezmottola

martinezmottola@gmail.com