• Caracas (Venezuela)

Fernando Martínez Móttola

Al instante

Constitucional, pacífica y democrática: ¿ingenuidad?

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1. Ante la rampante intransigencia oficial, cualquier esperanza de rectificación por parte del gobierno se ha desvanecido por completo. A lo largo y ancho de los 912.000 kilómetros cuadrados del territorio nacional, hasta el último rincón de Venezuela, frente a la inclemencia de la crisis, estremece el clamor por un cambio de gobierno.

2. La dirigencia opositora insiste en el camino constitucional, pacífico y democrático. ¿Simple y pura ingenuidad? La pregunta retumba con genuina desesperación por los cuatro costados del país: ¿es posible, por esta vía que sugiere el liderazgo de las fuerzas democráticas, cambiar un gobierno que –a pesar de haber perdido el favor del pueblo– mantiene el control de casi todos los poderes públicos y de las instituciones a las cuales la Constitución atribuye el monopolio de la violencia, todo lo cual utiliza a su antojo sin ningún tipo de escrúpulos democráticos?

3. Las vías establecidas en la Constitución –renuncia, referéndum revocatorio, enmienda constitucional y constituyente– presentan todas importantes dificultades ante un gobierno dispuesto a manipular cualquiera de los mecanismos a su alcance para aferrarse al poder a toda costa.

4. La dirigencia opositora, forjada en la lucha durante estos 17 años, es plenamente consciente de esta situación. Por ello ha decidido, consensualmente, transitar todos los caminos sin descartar ninguna de las vías posibles. ¿Por qué hacerle el favor al gobierno y desechar de antemano cualquiera de las alternativas que ofrece la Constitución?

5. Nadie con dos dedos de frente pensaría que un buen día, de la noche a la mañana, el gobierno aceptaría, motu proprio y en buena lid, transitar por uno de estos caminos que lo podrían llevar fuera del poder. Mucho menos lo piensa la dirigencia opositora, bien curtida ya en esta lucha desigual. Conoce a fondo a su adversario. Por ello la propuesta planteada ante el país incluye la protesta masiva, activa y organizada de todos los sectores de la sociedad como un mecanismo legítimo, perfectamente inscrito en el ámbito constitucional, pacífico y democrático.

6. Ha sido, en buena medida, debido a esta consistente prédica y a las valientes manifestaciones de descontento ocurridas durante los últimos años como hoy se cuenta con el apoyo internacional, lo cual tanto ha costado, y por fin ahora se manifiesta a través de la Secretaría General de la OEA, de numerosos líderes mundiales y, más recientemente, del Senado de Brasil. A tal punto que hoy se habla de la aplicación de la Carta Democrática como una posibilidad cierta sobre la mesa.

7. Mientras tanto, la AN se ha convertido en la caja de resonancia de los distintos sectores nacionales: trabajadores, profesionales, estudiantes, profesores, jubilados –entre muchos otros–, brutalmente golpeados por la crisis y que reclaman un cambio.

8. Conducir ese clamor de cambio para producir la salida que el país necesita requiere el compromiso de todos los factores democráticos, incluidos aquellos grupos dentro del oficialismo que, hoy por hoy, entienden que es ineludible un proceso de transición con la participación de todos para comenzar a reconstruir el país. Solo la confluencia de todos estos factores puede garantizar un cambio democrático, constitucional y pacífico. De otra forma, el país podría aproximarse a una tragedia.

9. He hablado con muchos veteranos que protagonizaron la resistencia contra Marcos Pérez Jiménez. Después del referéndum del 15 de diciembre de 1957 las fuerzas democráticas parecían perdidas. La situación económica y social no reflejaba ni la sombra de la crisis que hoy padecemos, la libertad de expresión estaba totalmente restringida, la represión campeaba, no se permitía ni chistar contra el gobierno, las cárceles se encontraban abarrotadas de presos políticos. Todos coinciden en decir que parecía haber Pérez Jiménez para rato. Sin embargo, contra todo pronóstico, el 8 de enero de 1958 renunciaba el temible jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada. Pocos días después, el mismísimo dictador huía del país en La Vaca Sagrada, desde La Carlota. Es solo un caso, como muchos otros tantos en la historia, donde las cosas no son tan sólidas como parecen.