• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

¿Se saldrán con la suya?

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Los principales jefes de la hegemonía –que no necesariamente todo el oficialismo– quieren que la próxima Asamblea Nacional sea un adorno, que ayude a decorar la maltrecha fachada democrática del despotismo vernáculo, sobre todo hacia el exterior, y que desde luego no tenga la capacidad efectiva para ejercer sus facultades constitucionales.

Para ello no están escatimando las consabidas triquiñuelas. Una de ellas, en particular en el dominio de la opinión publicada, es afirmar que la “nuez” del sistema político venezolano está en el Tribunal Supremo de Justicia. Planteo de lo más curioso porque el pueblo elige a la Asamblea y la Asamblea elige al TSJ, luego el TSJ no puede ser el centro y la Asamblea o el pueblo, la periferia.

Otra triquiñuela es el llamado “parlamento comunal”, que ahora se aprestan a desengavetar de los armarios del “poder popular”, sin otra intención que tratar de emparejarlo con la nueva Asamblea. Y es que si el llamado “parlamento comunal” fuera una cosa buena en sí misma, ¿por qué no lo activaron en los cinco largos años en que ha estado impreso en las leyes del “poder popular”?

La razón es sencilla: porque no es una cosa valida en sí misma sino un instrumento para situaciones adversas al continuismo impune, como la que presenta la Asamblea que deberá instalarse el 5 de enero. No hay otra. ¿Quién elige al “parlamento comunal”? El pueblo venezolano no. Entonces, ¿quién? La respuesta es obvia, lo elige el poder hegemónico, y por más que le pongan lentejuelas retóricas, nunca podría ser algo distinto de lo que es, un parapeto para tratar de mantener privilegios que el pueblo ha revocado a través del voto.

Y es necesario recordar que el llamado “parlamento comunal” forma parte de los contenidos que fueron desaprobados por el pueblo venezolano, en el referendo sobre el proyecto de reforma constitucional de 2007. En aquel entonces la hegemonía reconoció los resultados referendarios, pero no así sus consecuencias políticas.

Y es lo que pretenden hacer ahora. Reconocer los resultados de las votaciones parlamentarias y desconocer sus consecuencias políticas. E incluso reconocer a medias, porque la tentativa de impugnación de 22 diputados electos, proclamados y certificados, al parecer ha sido frustrada, hasta ahora, por eso que el presidente Ramón J. Velásquez denominaba: el factor permanente en la vida de la República...

Al fin y al cabo, puede más Fuerte Tiuna que el PSUV, aunque este siempre haya tratado de controlar a aquel. Y aquí llegamos al meollo del asunto. Una mayoría amplia de los venezolanos votó por un cambio sustancial en las elecciones parlamentarias. Y es que una Asamblea Nacional con una supermayoría opositora es, al menos formalmente, un cambio sustancial con respecto al patrón de funcionamiento de la hegemonía.

De lo formal se tiene que pasar a lo material, a lo concreto, a lo efectivo, al contrapeso real, al contrabalance de poder, al desempeño de las facultades políticas, legislativas y contraloras de la Asamblea. Los principales jefes del régimen imperante se resisten y lanzan sus triquiñuelas para tratar de burlar la voluntad popular. Pero el conjunto del país no está de acuerdo con eso. Ya lo evidenció votando como votó. Y en ese conjunto no puede ni debe excluirse a la Fuerza Armada.

¿Se saldrán con la suya Maduro, Cabello y otros tantos en su afán por desconocer la expresión soberana de los venezolanos? Hay que luchar con todos los medios que la Constitución y la cultura democrática ofrecen para que no se salgan con la suya. Para que sea el pueblo venezolano el que prevalezca, no ellos.

 

flegana@gmail.com