• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Una república en liquidación

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“Una república en venta” es el título de la primera parte del libro más importante de Rómulo Betancourt: Venezuela: política y petróleo. Esa primera parte se refiere, en palabras del autor, a la “entrega de gran porción del subsuelo nacional a los consorcios extranjeros del petróleo por el despotismo de Juan Vicente Gómez”... Un texto sin duda razonado y también apasionado, como toda la obra de Betancourt.

Parafraseando ese título, hoy puede y debe decirse que la República de Venezuela es una república en liquidación. Peor que venta, liquidación... Liquidar es gastar totalmente algo en poco tiempo. Es acabar con algo, hacerlo desaparecer. Y eso es exactamente –no metafóricamente—lo que la hegemonía roja está haciendo con la República. Liquidándola, gastándola, acabándola, desapareciéndola.

A la muerte del general Gómez, la “república en venta” había permitido el establecimiento de una industria petrolera que, sometida progresivamente al control del Estado nacional, hizo posible el asombroso desarrollo de la nación en buena parte del restante siglo XX. Pero lo que tenemos en el siglo XXI, y especialmente en los últimos años, es un vaciamiento de la república.

Una obliteración política del sentido republicano del Estado, una depredación económica de todos los recursos nacionales, una explosión continuada de la violencia social, una rendición de su soberanía a manos de un régimen extranjero y despótico, el castrista; y en general una corrosión profunda de la viabilidad misma de Venezuela como una república independiente con capacidad de ofrecer una vida digna a su población.

Es más, el montaje paulatino de una hegemonía como la bolivarista, con su jaula institucional y sus cerrojos de apariencia democrática, presupone la liquidación, también paulatina, de la república. Por definición, una república es un cuerpo político o forma de gobierno que busca ser representativo del conjunto nacional, de su pluralidad y diversidad. La hegemonía roja es lo contrario. Sólo le interesa representar a su propia parcialidad. Es partisana, excluyente y polarizadora por naturaleza. Es la antítesis de la república, en su dimensión política e institucional.

Y también en su dimensión socioeconómica, porque siendo su continuismo en el poder su propósito central –además del tributo colonial–, entonces todo el engranaje del hacer y deshacer del poder en el campo de la economía está en función de sostener el continuismo. No hay creación de valor o de riqueza sino la depredación insaciable de cuanto recurso esté disponible, incluyendo el potencial de endeudamiento.

La lógica indica, aparentemente, que tal dinámica contiene su propia destrucción. Pero ello no necesariamente es así, sobre todo en el caso de nuestro país. Primero, porque en la Venezuela petrolera siempre quedan recursos para explotar, así sea de manera muy menguada. Y segundo, porque el concepto de “depaupera e impera”, no es precisamente nuevo, ni tampoco ineficaz. En el centro del Caribe hay una isla que lo demuestra cabalmente.

En cualquier caso, el que Venezuela ya sea un importador creciente de productos petroleros, y esté, al parecer, cerca de transmutarse en un importador de crudos, en un importador de petróleo, rinde suficiente cuenta de la liquidación de la república económica. La cifra roja que se aproxima, si no supera, los 25.000 asesinatos al año, hace lo propio con el aspecto social de la república, amén de todo lo demás.

La hegemonía bolivarista está liquidando los recursos naturales del país, sin ninguna contraprestación en desarrollo sostenible. Está liquidando los recursos financieros a través de la masiva corrupción de su nomenklatura. Y en la práctica está liquidando buena parte de los recursos humanos de Venezuela, por causa de la emigración, fomentada, directa o indirectamente, por la hegemonía misma.

No. La nuestra no es una república en venta. Es una república en liquidación. No liquidada. Todavía no. Pero sí en proceso. ¿Qué más tiene que pasar para que nos demos cuenta?

flegana@gmail.com