• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

Una recomendación innecesaria

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El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, ha tuiteado sus críticas al vistoso viaje de Maduro a La Habana con motivo de la celebración del 89 cumpleaños de Fidel Castro. Varios medios han presentado en la referida información una recomendación a Maduro para que se mude a Cuba. Si en efecto Capriles lo recomendó, se trataría de una recomendación comprensible pero innecesaria. Ya Maduro se mudó para Cuba. Y aunque sea probable que físicamente esté más tiempo en Venezuela que en Cuba, políticamente hablando su domicilio principal esta en La Habana, no en Caracas.

Maduro, así como su predecesor, habla mucho de la independencia de Venezuela y sin embargo, es absolutamente dependiente del régimen castrista. Tanto es así, que su condición de sucesor fue decidida en Cuba e impuesta en Venezuela. En estos días le escribió una carta a Fidel Castro, y la encabezó llamándolo “Padre y maestro nuestro”... El ditirambo es sincero. Maduro le debe el poder que tiene a Fidel y Raúl Castro, seguramente en ese orden, y actúa en consecuencia. Todo lo cual, desde luego, debería ser un escándalo para los venezolanos, que tienen derecho a contar con un gobernante propio, no uno delegado, y sin embargo el embotamiento general hace que ello se difumine entre los agobios de la mega-crisis.

Chávez demostró que era posible ser jefe de Estado de Venezuela y vivir en Cuba. En su caso particular, se alegaba la justificación por razones médicas. Pero la situación de Maduro es más notoria en cuanto a habitar en Cuba por razones políticas. Su centro de gravedad no está en nuestro país sino en el llamado “mar de la felicidad”. Allá se decide lo fundamental de las ejecutorias de la hegemonía roja en lo político, económico y social. Acá se afinan los detalles. El tablero del conflicto endógeno del oficialismo tampoco está en Venezuela sino en Cuba. Los jugadores principales, en el campo de Maduro, son los hermanos Castro Ruz.

El asunto se puede entender mejor con una sencilla operación lógica: si Maduro manda en Venezuela, y los Castro mandan en Maduro, entonces los Castro mandan en Venezuela. Eso también sucedía con el predecesor, pero ahora es más intenso, porque Maduro no tiene ni el carisma ni los dinerales que llegó a tener Chávez. Y mientras la crisis venezolana aprieta con más rigor, más dependiente se hace Maduro del castrismo. El puente aéreo que existe entre Maiquetía y Rancho Boyeros, lo confirma si es que hacía falta confirmación. Y nótese, que Raúl Castro no viene mucho a Venezuela. No hace falta, porque Maduro se lo pasa en Cuba.

Los hermanos Castro, o para ser más precisos, el clan Castro, llevan casi 17 años exprimiendo financiera y energéticamente a Venezuela, entre otros aspectos. Pero eso nunca ha significado que Venezuela ejerciera una influencia política importante sobre Cuba. La relación de poder nunca ha sido horizontal sino vertical. El predecesor no tenía autoridad real sobre los Castro y el sucesor menos. Aquél era un aliado incondicional y éste un cuadro político. Chávez tenía una cierta autonomía de vuelo en relación a los Castro, pero Maduro no.

Así que el recomendar a Maduro que se mude a Cuba resulta innecesario. Su dependencia cubana es tan férrea, que hasta estando en Caracas está en La Habana. Allá se encuentra su morada política, allá están sus padres y maestros políticos,  y allá está el origen y el impulso de su carrera política. Razones de más para redoblar la lucha para que Venezuela se emancipe y pueda seguir su camino por sí misma.


flegana@gmail.com