• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Fernando Luis Egaña

La política en un tremedal

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La política o la lucha por el poder, o el desempeño de éste, o los conflictos por visiones distintas o plurales de la conducción pública, puede tener un dinamismo positivo que la haga fecunda para la sociedad, es decir que sea –la política—una actividad o un proceso fértil, que produzca buenos resultados. Nuestro país ha tenido etapas de buena política, incluso en medio de grandes dificultades y a pesar de innumerables contratiempos. No es posible el avance social o económico de una nación sin este tipo de política. Ni siquiera es concebible.

Evidentemente, el caso de la Venezuela de estos tiempos es el de una política que no tiene un dinamismo positivo sino más bien lo contrario: una pesadez y un empantanamiento que llevan a pensar en esos tremedales que se tragan lo circundante; lo que en nuestra situación sería la posibilidad efectiva de cambios de fondo, de cambios para adelantar, de cambios democráticos.

En el ámbito del oficialismo, el marasmo es tan obvio, que hasta el señor Maduro anuncia “sacudidas completas” y “reestructuraciones totales” que, bien se sabe, no pasan de la retórica y de algunas remociones particulares. Una prueba adicional de la estolidez que campea en la hegemonía, es el señor Arreaza anunciando una “transformación radical” del Estado. Pura palabrería que sólo ahonda el descrédito general de la política roja, sobre todo cuando la corrupción roja se profundiza y extiende en todas las familiaridades de la nomenklatura...

La percepción de abajamiento está tan diseminada –entre otras razones por la mega-crisis que agobia a los venezolanos–, que los voceros más representativos del “tremedal revolucionario” ya no consiguen que inventar o refritar para dar la impresión de que tienen alguna vitalidad que los desplaza hacia algún destino. La mera identificación de los principales personajes de esa vocería, ya daría suficiente al respecto. ¿O es que los señores Cabello, Ramírez o Jaua, aparte de los ya mencionados, pueden ser motivo de esperanza en un futuro distinto y mejor?

Y en el campo de la oposición política, la realidad no es tan distinta, al menos en cuanto a la falta de energía crítica. Aparte de las controversias internas, que ya por sí mismas indican mucha confusión ante el opresivo contexto político, parecería prevalecer la “idea” de darle tiempo al tiempo, para que la hegemonía se siga desgastando y para que unas eventuales elecciones permitan el traspaso del poder estatal a la plataforma opositora.

Todo lo cual implicaría que muchos se empeñan en mantenerse en un limbo, sea de buena fe o no, pero que como todo limbo supone un alto grado de alelamiento que, además, puede tender a hacerse indefinido. Y esto, en medio de la catástrofe venezolana, no es auspicioso. Si decimos y repetimos que Venezuela vive aprisionada por una hegemonía despótica y depredadora, entonces no podemos concluir que la estrategia correcta para superarla sea la paciente confianza en las eventualidades electorales de los próximos años o lustros.

Y por si todo esto fuera poco, no es sólo la política venezolana lo que está en un tremedal. Porque dónde si no está la economía,
o la convivencia social, o gran parte de los medios de comunicación, o la otrora institución militar, o en fin un amplio conjunto de realidades y de manifestaciones de la vida nacional. Pero si a los tremedales se entra, también se sale. Venezuela conoce de eso. Muchos de sus habitantes, indiferentes o confundidos en su sentido de procedencia histórica, seguramente no. Lo que sin duda hace más difícil la salida del tremedal. Difícil pero no imposible.
 
flegana@gmail.com