• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

Una maraña de locuras

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El predecesor demostró hasta la saciedad algo de lo cual ya se tenía una experiencia negativa en Venezuela: que con mucha plata se prolijan muchas locuras, y que con muchísima plata –nuestra cesta petrolera estuvo cerca de los 150 dólares en 2008–, las locuras se convierten en el camino de la destrucción nacional. Porque nadie se llame a confusión, Venezuela está siendo destruida sin piedad, y sobre todo en su potencial, por lo que los efectos destructivos no se limitan a la menguada realidad del presente, sino a las posibilidades del futuro.

El desgobierno de Maduro es, naturalmente, el agente principal de esta destrucción, que se está apreciando de manera notoria porque ya no hay la muchísima plata de hace unos años. Los precios del petróleo continúan en bonanza histórica, pero el desbarajuste de Pdvsa también es histórico y en verdad forma parte del desbarajuste general de la economía y la sociedad venezolana. Con el barril en las vecindades de 100 dólares, lo que queda de república se encuentra endeudada hasta la coronilla, recontrahipotecada en sus recursos naturales y expuesta al riesgo serio de embargos y otras medidas de afectación financiera y comercial, ante el incumplimiento de obligaciones internacionales.

La respuesta de la hegemonía roja, de la que el desgobierno de Maduro es una parte, es la misma de siempre: las cosas marchan bien en la patria socialista y no marchan mejor por culpa de las conspiraciones del imperio y sus lacayos de la derecha apátrida. Ojalá y eso tuviera siquiera un atisbo de verdad, pero bien se sabe que la megacrisis venezolana es de factura endógena, viene densificándose a lo largo del siglo XXI y está llevando al conjunto del país por el barranco de la crisis humanitaria. El tema de las endemias exacerbadas y el de la explosión continuada de violencia criminal deberían rendir suficiente cuenta al respecto.

Pero no. Maduro y los suyos insisten en prolijar las locuras, negándose a encarar la gravísima situación o, mucho peor, incapaces de comprenderla y de actuar en consecuencia. El sainete del “sacudón” lo viene haciendo patente y patético. Los enredos, los delirios y la parálisis general solo conducen a que los venezolanos sean cada vez más avasallados por la megacrisis, por la escasez, la carestía, la violencia, las penurias incontables de la vida cotidiana. La nomenklatura, mientras tanto, está en lo que sí le preocupa: la depredación de todo lo depredable, con especial interés en los petrodólares.

¿Cuánto más puede durar todo esto? No lo sabemos de forma cierta, desde luego, pero puede durar. Y aunque los países no tocan fondo si pasar por umbrales que se hacen intolerables. Ni la progresividad del enjaulamiento político-institucional de la nación por parte de la hegemonía, ni la progresividad del deterioro de la calidad de vida personal, familiar y social liberan a la hegemonía de que pasando por uno de esos umbrales, la población diga ya basta, hasta aquí llegamos con esta maraña de locuras.

Porque habrá escasez de todo, de comida, de medicinas, de repuestos, de cualquier clase de producto necesario para el mínimo funcionamiento de la vida individual y colectiva. Pero no hay escasez de locuras. Al contrario. Abundan tanto que forman una maraña. Y en esa maraña está encerrada Venezuela. Por ahora.

flegana@gmail.com