• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

Fernando Luis Egaña

La madre de todas las crisis

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El título de estas líneas no tiene nada de original. La expresión está trillada. Usada y abusada hasta el cansancio. Casi no llama la atención. Ha perdido significado. Todo eso es verdad. Pero también es verdad que Venezuela está aplastada por la madre de todas las crisis. ¿Por qué? Por muchas razones, entre las cuales destacan dos muy notorias: la importante disminución de los precios del petróleo, y la incapacidad crasa y supina de Maduro y los suyos para salir del laberinto.

Esto último ya traducido en rechazo creciente y angustioso por parte de una mayoría sólida de los venezolanos. Una combinación de factores que tienen una misma causa: la decadencia de una satrapía despótica y depredadora, que malbarató los tiempos mejores de la bonanza petrolera del siglo XXI, y que está redoblando la represión económica, política, social y comunicacional, para tratar de permanecer en el poder, acorralar a sus adversarios y purgar los incordios más peligrosos de sus conflictos internos.

La tripleta de caos económico, violencia criminal y despotismo político no es una realidad sobrevenida ni mucho menos, pero ahora tiene un escenario sumamente  adverso en la merma considerable de ingresos petroleros, y en la percepción oficialista de que la situación puede hacerse insostenible para la presente configuración del régimen sucesoral. En su seno, parece no haber mayor preocupación que esa lucha frontal por el poder, que Maduro califica de “revolución en la revolución”, pero que sus opositores internos denominan “sucesión en la sucesión”.

El que el precio del petróleo ronde los 60 dólares no tendría por qué ser una tragedia, si en Venezuela no hubiera acontecido el asolamiento fiscal durante el grueso de los 3 últimos lustros. Reconocidos expertos calculan que se necesita una cesta petrolera en 120 dólares, para más o menos manejar las graves distorsiones y correr las innumerables arrugones. Lo que se entiende al constatar que se tiene una deuda externa que supera el tamaño del producto económico, una economía esclavizada a la renta petrolera y a las importaciones, un gasto público que se avecina a 50% del PIB, y la imposibilidad de aumentar la producción petrolera en esta situación.

Un cuadro devastador cuyas consecuencias son padecidas por la abrumadora mayoría de los venezolanos, en términos de escasez, carestía, inseguridad y anomia. Es el costo de un “ajuste” a las patadas, para mantener el tinglado de variables megasubsidiadas –tasa de 6,30, gasolina gratis–, que le permite a la propaganda roja, presentar un panorama estadístico tan ilusorio como el que Venezuela va rumbo a ser un país-potencia por obra del “socialismo de siglo XXI”...

El malestar social se expresa de muchas maneras, incluyendo los enfrentamientos endógenos del oficialismo y las tensiones en las Fuerzas Armadas. Es probable que en el “alto mando político-militar de la revolución” estén revisando las encuestas más que en ninguna otra parte, y estas señalan una caída continua de los niveles de apoyo y confianza en Maduro y también en el concepto de “revolución”.

¿Por dónde va el lecho rocoso? Seguramente que por debajo de 20% y eso exacerba los temores en la jefatura roja. Y exacerba las apetencias de los que quieren sustituir a esa jefatura, pero dentro de la hegemonía. Los castristas que, en el fondo son la tribu más conservadora del Caribe, tienen el temor de perder el control de la hegemonía venezolana, y por ello prescriben la fórmula represiva. Y si todo esto es así en los finales de 2014, ¿cómo se pondrá la situación en 2015?

Por eso será trillado hablar de “la madre de todas las crisis”. Pero no es falso y ni siquiera exagerado. Ya veremos.