• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

La liberación de Venezuela

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Que Venezuela es un país oprimido, no hay duda. Que es un país enjaulado, no hay duda. Que es un país pisoteado, no hay duda. Que es un país despotizado, no hay duda. Que es un país depredado, no hay duda. ¿Y qué necesitan los países oprimidos, enjaulados, pisoteados, despotizados y depredados? Pues necesitan liberación. Liberarse de los regímenes o hegemonías que los mantienen así. Venezuela, por tanto, necesita superar esta etapa menguada de su historia, y empezar a reconstruirse desde los cimientos. Reconstruir la nación, la república, el Estado, la democracia, la economía, la convivencia. La liberación y la reconstrucción de Venezuela son indispensables para que nuestro país pueda ofrecer una vida digna y humana a sus habitantes, a los de hoy y a los de mañana.

Hay que liberar al pueblo venezolano. Al conjunto de nuestra población. Liberarlo de la violencia avasallante que ha hecho de la nuestra una de las sociedades más violentas del mundo. Liberarlo del empobrecimiento radical que produce el hampa soberana. Hay que liberarlo, también, de la manipulación de esa propaganda maligna que busca confundirlo, intimidarlo, angustiarlo y sojuzgarlo. Todo ello lo vio claramente Domingo Alberto Rangel, un honrado y ortodoxo idealista de la izquierda: el llamado socialismo de siglo XXI no pretende hacer el socialismo sino imponer la esclavitud. Un pueblo de esclavos, de siervos, de dependientes absolutos al poder del Estado, ha sido y es el objetivo de la hegemonía roja. Hay que liberar al pueblo de esa atrocidad que es, además, un desvarío de la trayectoria de Venezuela hacia la libertad y la justicia.

Hay que liberar al Estado venezolano. Liberarlo del control foráneo que ejerce el castrismo. Liberarlo de la ocupación sectaria de una parcialidad política que amalgama todo el poder para satisfacer sus intereses de latrocinio y continuismo. El Estado venezolano puede y debe ser un Estado democrático. Uno que asegure los derechos humanos. La Constitución de 1999 es un fundamento adecuado para ello, aunque requiera de reformas que favorezcan la democracia de las instituciones. Al Estado hay que liberarlo de la comandita político-militar que lo maneja con afán exclusivo y excluyente. Liberar al Estado significa, sobre todo, que la soberanía regrese al pueblo y que este la ejerza a través del sufragio libre, transparente, verdadero. Liberar al Estado, también, significa que muchos de sus poderes se democraticen hacia las regiones, ciudades y comunidades, de manera institucional. Liberar al Estado, en suma, significa que no siga siendo un aparato de dominio y aprovechamiento despótico y corrupto, sino que se encamine a ser un instrumento democrático de la nación venezolana.

Hay que liberar a la economía venezolana. Liberarla del proceso delirante que la viene destruyendo a lo largo del siglo XXI. Hay que liberarla de la arbitrariedad, del asalto continuado, de la imposibilidad de emprendimiento legítimo que la caracteriza. Hay que liberarla para que pueda actualizar su potencial, en especial en lo energético-petrolero; para que pueda articularse en la globalización, para que pueda satisfacer las necesidades del pueblo venezolano, y además constituirse en una fuerza sólida para su crecimiento social. Liberación no es anarquía ni salvajismo. No. Eso lo tenemos ya. Liberación económica quiere decir apertura, incentivo, confianza, inversión, producción nacional, cooperación entre el sector público, sector empresarial, sector social. Leyes razonables y sensatas, entalladas a nuestra realidad, que promuevan el desarrollo humano, el empuje del mercado, la diversidad productiva. Nada de lo cual es posible, bien se sabe, en medio de la caótica megacrisis que padece la economía venezolana.

¿Es posible la liberación de Venezuela? Sí, sí es posible. Es difícil, pero es posible. Y además, lo más importante no es el tema de las posibilidades sino el de las necesidades. Venezuela necesita ser liberada para que pueda recuperar la soberanía sobre su destino. Para que sus jóvenes quieran hacer sus vidas en Venezuela. Para que Venezuela pueda ser, no en la retórica de fanfarria sino en la vida cotidiana, una patria de verdad. Una tierra y un hogar digno y humano para los venezolanos.