• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

En los dominios de la censura

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Una de las disposiciones más vapuleadas de la muy vapuleada Constitución de 1999, es la contenida en la parte final de artículo 57: “Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades”... La verdad sea dicha, es difícil ubicar a un jerarca principal de la hegemonía que no censure los asuntos que le competen. Y por censurar no solo debe entenderse suprimir o silenciar, sino también falsificar para defraudar.

La dramática situación de las diversas epidemias en pleno desarrollo es un caso muy característico de la censura oficial sobre la información relevante y, además, indispensable para tratar de superar las graves dificultades. Mientras en países vecinos, como Colombia y República Dominicana, seriamente afectados por la chicungunya, las autoridades sanitarias informan de manera veraz, oportuna y sin censura. Las correspondientes venezolanas asumen el tema como una controversia política y actúan en consecuencia: minimizando o descalificando las evidencias, e intimidando y hasta denunciando a médicos que han advertido sobre la gravedad de las epidemias.

Otro tanto sucede con la temática relativa a la inseguridad o la criminalidad. No hay suministro de información específica y verificable al respecto, por parte de los responsables gubernativos. De cuando en vez se producen declaraciones del ministro o algún viceministro del ramo, en el que se congratulan por los éxitos de sus políticas, expresados en términos relativos o porcentajes que, en realidad, no comunican data sustantiva sino efluvios de propaganda. No solo se manipula sino que además se justifica la manipulación por razones de interés político. Y se justifica con jactancia, con supremacismo.

Y en el territorio de lo económico, la censura de la hegemonía roja solo es comparable a la del régimen cubano. Los indicadores centrales de la economía o se omiten o se maquillan, pero no se presentan a la opinión pública tal cual son. Y, ojo, no es que la interpretación de la data sea tendenciosa. No. Es que la presentación de la data lo es. Ciertamente que en el BCV hay técnicos serios y responsables, pero la conducción económica de la hegemonía es incompatible con esas virtudes en la esfera de lo público.

Los analistas financieros internacionales hacen maromas en sus informes sobre Venezuela, entre otras razones, porque no pueden conocer la particularidad de los hechos. Y algunos se preguntarán, no sin cierta razón, si en medio del gran desorden bolivarista, es posible alcanzar ese conocimiento, incluso para los jerarcas que deciden en Caracas y La Habana. Pero la censura económica no proviene de la ignorancia sino de la malicia.

Los llamados “medios públicos”, o más precisamente, publicitarios, compiten entre sí, a diario, por la presea de la más crasa censura. Distinto es el panorama de la autocensura de muchos medios privados, más hábilmente elaborada, y quizá por ello más corrosiva de la libertad de expresión. Pero el tema de la autocensura, inseparable como lo es de la censura directa, será objeto de otras reflexiones, porque el descaro de la censura estatal y los daños que ocasiona a la población, están rompiendo los propios récords de la hegemonía roja.

Los venezolanos vivimos o sobrevivimos en los dominios de la censura. Esto no solo perjudica severamente el ejercicio de los derechos informativos, sino que también colabora en sostener el estado de indefensión ciudadana ante el avasallamiento de todo tipo de problemas sociales, económicos y políticos. La censura es un instrumento de control del poder autoritario sobre la nación democrática. Golpea aún más la ya golpeada calidad de vida del conjunto de los venezolanos. Luchemos para que se vuelva un bumerán.

flegana@gmail.com