• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

¿Unidad cívico-militar?

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Por lo general, en las democracias no se estila el uso y abuso de la expresión “unidad cívico-militar”, para caracterizar los fundamentos del Estado. Pero en las hegemonías despóticas, de diversa índole, pasa otra cosa.  Por eso es que en la retórica oficial de nuestro país, abunda la referida expresión para definir la amalgama política que ha servido de sostén a la denominada “revolución bolivarista”.

En otros tiempos no muy lejanos, el asunto adquirió una evidente fuerza en los sectores castrenses. El predecesor venía de esos lares y los conocía muy bien. Aplicaba la política de la zanahoria y el garrote, y así fue llevando los asuntos, depurando sus críticos y logrando ejercer un dominio personal de reconocida influencia. Pero con Maduro la situación es distinta. El tema de la representatividad se difumina. Y la gran mayoría de los militares no viven en una isla en medio de la mega-crisis. Y algunos se lo están haciendo saber…

Por ello no se puede descartar que el estado de excepción recién decretado haya sido concebido pensando en estas realidades. Maduro y sus aliados tratan de fortalecerse en relación a los conflictos internos, que abarcan las dimensiones políticas y militares del oficialismo. En los medios gubernamentales hay una intensa campaña para denunciar la inminencia de un golpe. ¿Y quiénes pueden dar un golpe en Venezuela?

La oposición política desde luego que no, entre otras razones, porque no tiene armas. La presión diplomática se encamina, precisamente, a evitar la posibilidad de un golpe y a buscarle una salida constitucional a la crisis. Un golpe sólo puede venir del poder militar. Y si ello se está incubando o no, no hay forma cierta de saberlo, aunque la actitud de Maduro y sus principales colaboradores lo estaría indicando.

 

De allí la redoblada campaña denunciando un eventual golpe para sacarle del poder. La renuncia no es un golpe porque es una opción plenamente constitucional. El referendo revocatorio también está consagrado en la Constitución. Entonces, ¿cuál es el golpe de la propaganda oficialista? No hay que ser un experto en temas públicos para saber la respuesta.

No parece, por tanto, que se encuentre cimentada la “unidad cívico-militar”. Al contrario, las fisuras pasaron a grietas y éstas se ahondan ante la gravedad de la crisis social, económica y política que padece Venezuela. Una verdadera crisis humanitaria en pleno siglo XXI.

No podría ser de otra manera, porque sólo unos pocos privilegiados –sean civiles o sean militares– están por encima de las penurias cotidianas, porque viven aislados en burbujas de abundancia y protección. Pero la abrumadora mayoría de los venezolanos, repito, sean civiles o militares, tienen que hacer grandes esfuerzos para poder sobrevivir, día a día.

flegana@gmail.com