• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

Traidores a la patria

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Una acusación esa muy grave, la de traidores a la patria. Una acusación que se ha proferido con tanta malicia y frivolidad que hasta ha llegado a perder su muy serio contenido. En realidad, los principales voceros de la hegemonía, casi desde sus inicios, usaron y abusaron tanto de la expresión que la devaluaron hasta más no poder. Comenzando porque hicieron una equivalencia entre mero opositor y traidor a la patria. Y eso ha sido, es y será inadmisible. Es una de esas “expresiones que juzgan”, al decir del periodista y lingüista español, Alex Grijelmo, al analizar las técnicas de manipulación del lenguaje por los poderes establecidos. De esa cabuya, la hegemonía tiene un largo rollo.

Primero, porque traición a la patria es el delito que se comete cuando se atenta contra la soberanía, la dignidad, la seguridad o la independencia del Estado. Y denunciar las continuadas tropelías de la hegemonía en lo político, económico y social, no solamente no tiene nada que ver con ese delito, sino que es un derecho ciudadano plenamente consagrado en la Constitución, y se podría afirmar que incluso es un deber de obligatorio cumplimiento. Y cómo será la cosa al respecto, que, por ejemplo, para Maduro y los suyos, una crítica proveniente de personajes civiles o militares vinculados o representativos del chavismo es inmediatamente calificada de traición a la patria.

Segundo, porque la hegemonía roja no es la patria. La despotiza y la depreda, es decir, le causa innumerables daños, pero la patria venezolana es una entidad de gran respetabilidad que más bien ha sido deshonrada por el dominio que sobre ella ejerce la hegemonía. El solo hecho de pretender establecer una similitud entre el régimen imperante y la patria histórica de los venezolanos, es más que un absurdo, una falsificación atroz de la realidad. En sí mismo, podría argumentarse que esa pretensión de similitud sí podría ser una traición a la patria, porque ultraja su pluralismo, su heterogeneidad, su complejidad nacional, su aspiración democracia y su condición de República.

Tercero, porque los que desde el poder acusan a diario a sus críticos y adversarios de traidores de la patria, por el solo hecho de ser críticos y adversarios, deberían verse en el espejo antes de proferir tantos vituperios. El manejo más que dadivoso de las finanzas petroleras en función de los intereses políticos internacionales de la hegemonía entra en los ámbitos de la traición a la patria. Subordinar áreas de seguridad, defensa y orden público al monitoreo de una satrapía foránea, la encabezada por los hermanos Castro Ruz, también entra y se adentra en esos ámbitos. Y ello entre muchas otras materias. Tantas que tomarían muchas páginas para solo enunciarles.

La acusación a diestra y siniestra de “traidores a la patria” acaso se trate de un mecanismo psicológico llamado “de defensa”, acaso se trate del principio de transposición, o el responsabilizar a otros de mis desmanes y objetivos, acaso se trate, simplemente, de personeros que se sienten incomparablemente más identificados con los mandones de otros lares que con las necesidades del pueblo venezolano. Pero algo está claro, si vamos a hablar con propiedad de traidores a la patria, muchos de estos forman parte de las filas del oficialismo. Y hasta los máximos niveles.