• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Fernando Luis Egaña

De Ramo Verde a Ramo Maduro

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Todas las satrapías tienen sus cárceles preferidas para los presos políticos y para la intimidación de los demás. En el primer tercio del siglo XX venezolano, esa cárcel fue La Rotunda, aparte de los viejos castillos de puertos. En el cinturón de esa centuria, fue la sede de la SN (Seguridad Nacional) en Los Caobos, entre otras, desde luego. Y para la satrapía del siglo XXI, es Ramo Verde, un antiguo centro de detención militar que ha sido convertido en el símbolo de la represión política de Venezuela.

Tanto es así que distintos voceros de la hegemonía se complacen en amenazar públicamente a sus críticos con los calabozos de Ramo Verde. Alegan, algunos de ellos, que Ramo Verde tiene suficiente espacio para encarcelar a muchos más. Y no se trata de meras amenazas o de meros alegatos, porque, en efecto, hay nuevos encarcelados como el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y se están preparando nuevas persecuciones y detenciones políticas.

Esta embestida no es gratuita y por supuesto que no tiene nada que ver con supuestos golpes organizados por la oposición pacífica, cívica, constitucional, democrática y electoral. Nada que ver. Responde, eso sí, al conflicto interno del oficialismo por el control del poder hegemónico. El conflicto entre Maduro y la metrópoli cubana, por una parte, y las logias originarias y ahora plutocráticas, por la otra, que están enfrentados en una lucha sórdida por el aprovechamiento máximo del despotismo y la depredación.

Y claro, a veces no es fácil poder distinguir las partes en pugna, porque se parecen mucho sobre todo en la arbitrariedad y voracidad en el manejo del poder. Lo cierto del caso es que Maduro se ha venido debilitando en el ámbito de sus partidarios naturales, que le atribuyen a él la culpa de que todo vaya tan mal. El problema para este sector socio-político no sería la demencia destructiva que supone la hegemonía roja, sino la falta de guáramo de Maduro en mantener el “legado” del predecesor.

Diosdado Cabello con su “mazo dando” y con la imagen de no tener paz con la pretendida “contrarrevolución”, le venía ganando terreno a Maduro, que ahora este y sus tutores castristas buscan recuperar. ¿Cómo? ¿Cayéndole encima de manera pública y notoria a Cabello y a los suyos? No. Así no. Más bien cayéndole encima a la oposición, y justificando la maniobra con fabricaciones golpistas y magnicidas.

De esta manera, se pretende reposicionar a Maduro como el jefe de la “revolución”, y, si ello se lograra, entonces con más fuerza interna se podría continuar la pelea que más le interesa al sucesor: aquella en contra de los que tienen la capacidad efectiva de dejarlo como la guayabera. Toda una dinámica perversa, en la que no existen los intereses del país, ni sus problemas, ni la megacrisis, ni nada que no sean los intereses de dominio de las partes señaladas.

Por eso Maduro quiere ser el nuevo hegemón de la hegemonía, quiere que le tengan miedo, quiere pasar de Ramo Verde a Ramo Maduro, y quiere hacerlo rápido para que sus enemigos endógenos no puedan sacarlo de donde está.