• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Fernando Luis Egaña

Plata, pueblo y plomo

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Uno imagina a un envejecido Fidel Castro diciéndole a su delegado venezolano: Nicolás, no hay otra... con menos plata y más rechazo lo que queda es plomo... Y la imaginación adquiere sustancia porque eso es lo que está pasando en Venezuela. La plata ha sido y es depredada. El pueblo se está identificando más en contra del desastre. Y lo que queda, entonces, es plomo; vale decir, intimidación, amenaza, represión, poder de fuego. Preservación del poder por las peores de las peores. No hay otra, se dirá el delegado, recordando al jefe colonial.

De que la plata ha sido y es depredada, no hay duda. Desde el oficialismo se reconoce cuando se denuncia, por ejemplo, una estafa cambiaria de 25 millardos de dólares en un solo año fiscal. Cómo estará el tema de la economía, que estamos importando petróleo. Nada más ello debería bastar para calibrar la profundidad y extensión del desastre. Y con precios internacionales hacia la baja –aunque todavía altos– no es posible mantener la ilusión de bienestar que, otrora, se logró acuerpar en densos sectores populares.

Por eso, entre otras razones, es que ahora lo denso es el rechazo a la desgobernanza de Maduro. Legado del predecesor, aunque sea al sucesor a quien se le estén cobrando las facturas. Un régimen autoritario con apoyo popular, incluso amplio –lo cual puede ser más común de lo que los demócratas estamos dispuestos a admitir–, tiene menos necesidad de apretar las tuercas autoritarias. No las afloja nunca, pero no se siente forzado a seguir estrechándolas, así nomás. Esta no es, evidentemente, la situación de la hegemonía roja, en particular cuando las encuestas solventes evidencian que 80% de la población considera que el país está bastante mal y que va para peor.

¿Y entonces? Se preguntarán los integrantes del llamado “alto mando político-militar de la revolución”. Pues entonces, se contestará, si no podemos dar plata, daremos plomo. Plomo, en un sentido cada vez menos figurado, es la represión económica en los distintos niveles en que se perpetra. Plomo, también es la persecución política que se viene haciendo más agresiva. Plomo, no se confunda nadie, es la hegemonía comunicacional de la censura y la autocensura, a veces bien macerada en negocios fiscales. Y plomo es la esencia de los colectivos armados, que para eso fueron promovidos por la hegemonía: para “defenderla” con plomo, a costa de lo que fuere.

Y si bien es cierto que todas estas modalidades de represión, y otras, han caracterizado el proceder de la hegemonía roja, con variable intensidad, desde hace mucho tiempo, también lo es que en el presente se arrecia en las distintas represiones, en las distintas expresiones del plomo, incluyendo el plomo de la violencia criminal de las bandas parapoliciales y paramilitares, los referidos colectivos armados.

¿Qué se pensará al respecto en las Fuerzas Armadas? Al decir del apuro y hasta del atropellamiento en recientes cambios militares, tanto de la estructura formal castrense como de posiciones burocráticas en la administración pública, se debe estar pensando con preocupación. Acaso con alarma. Porque la represión tiende a ser un departamento del poder militar. Y en cuanto al plomo propiamente dicho, las FAN en todas partes del mundo, prefieren mantenerlo bajo su resguardo, y no regado colectivamente.

Con mucha menos plata y con mucho menos pueblo, no hay otra que mucha más represión. Así funcionan los despotismos con obsesión de continuismo. Y no se necesita la malévola experiencia de Fidel Castro para saberlo.