• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

Ofensiva y defensiva

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Ciertamente que la hegemonía está a la defensiva en todo lo que respecta al funcionamiento gubernativo, propiamente dicho. No sabe qué hacer con la inflación, con la escasez, con las penurias que agobian a los venezolanos. La explosión de la violencia criminal es un efecto directo de su despotismo depredador, y la delincuencia organizada cada día ocupa más espacios en el poder establecido. La llamada “revolución” no pasa de ser un señuelo para entretener, mientras el país es despedazado por un agregado de grupos, tribus, bandas o carteles. Pero de gobierno como tal, nada de nada. Inercia o defensiva.

Sin embargo, en lo que concierne a cómo garantizar el continuismo impune –luego de los resultados electorales del 6-D, francamente adversos a ese continuismo, y francamente favorables a un cambio de fondo–, la hegemonía no está a la defensiva sino a la ofensiva, y lo ha estado prácticamente desde el siguiente día al domingo comicial. Y la ofensiva no es sólo de anuncios o amenazas, sino también de ejecutorias ya cumplidas o en pleno proceso de ello. El nombramiento de los “magistrados” del TSJ, la desengavetada del “parlamento comunal”, las impugnaciones consignadas ante la Sala Electoral –frustradas en un primer intento, pero luego actualizadas, aunque en menor número, por los momentos... Todo ello es ofensiva.

El objetivo es obvio: neutralizar a la nueva Asamblea. La razón también es obvia: el denominado modelo hegemónico es despotismo con fachada democrática. Esto quiere decir, que el despotismo es real pero la parte democrática es decorativa. Una Asamblea con súper-mayoría opositora supondría un contrapeso democrático efectivo, y eso no es compatible con el régimen hegemónico. Y no únicamente por motivos políticos y ni hablar de ideológicos, sino porque cualquier tipo de control sobre el desempeño de la hegemonía la inculparía y hasta condenaría por sus innumerables crímenes.

Pasa, eso también, que el contexto político de Venezuela ya cambió, en lo que se refiere a las opiniones y actitudes de la gran mayoría de la población. Los resultados del 6-D lo confirman, pero tal parece que los jefes del poder –en particular los que mandan desde La Habana, han optado por ignorar esa realidad, o al menos por operar como si la misma no fuera relevante. De allí la ofensiva política que han emprendido, y de la cual, acaso, sólo se conocen los comienzos.

En el lado de la MUD o la plataforma opositora se ha pasado de la victoria clamorosa a una expectativa preocupante. Así como el oficialismo no se esperaba una derrota tan contundente, la Unidad parece que tampoco se esperaba un triunfo tan contundente –casi nadie lo esperaba, es justo reconocer. Pero aquellos han reaccionado con más prontitud ante su derrota que éstos ante su victoria. Por lo menos hasta el momento presente. Esperemos que ello cambie de forma rápida y la plataforma unitaria logre plantear una agenda política que tome la iniciativa. La ofensiva pues, que tanto se necesita.

La dinámica de la lucha política es en esencia la dinámica de la ofensiva y la defensiva. Y apartando conceptos un tanto redundantes, lo que importa más es hacer valer la voluntad soberana del pueblo venezolano, lo que supone hacer valer la capacidad de acción constitucional de la nueva Asamblea, lo que implica abrir caminos para que se lleven adelante los cambios políticos que se necesitan para que Venezuela pueda renacer de los escombros. Nada de lo cual se alcanza con defensivas sino con ofensivas.

flegana@gmail.com