• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Fernando Luis Egaña

¡Importadores de petróleo!

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La noticia ya había aparecido como una posibilidad, pero ahora se confirma como un hecho cierto. Venezuela está importando petróleo. No solo gasolina y otros combustibles, sino el propio petróleo, el propio crudo. La noticia debería tener una trascendencia radical, porque es difícil imaginar un daño más grande a la realidad y el potencial de Venezuela, que el habernos transmutado en un país importador de petróleo. Y esa transmutación no ha ocurrido por obra y gracia de la naturaleza o del azar, sino que es consecuencia directa de la negligencia y el dolo de la hegemonía roja.

La información vino titulada de la siguiente manera: “Venezuela importa petróleo por primera vez en la historia”. Titular desolador si los hay para uno de los países exportadores de petróleo con mayor tradición en el mundo. El petróleo de marras será importado desde Argelia y se utilizará para diluir el crudo extrapesado de la faja petrolífera del Orinoco. Serían 2 millones de barriles –por ahora– según el despacho informativo. Tal situación se explicaría –que no justificaría– por el colapso de la producción nacional de petróleos livianos, cortesía de Pdvsa.

Para nuestro país ello representa lo que representaría para Colombia el tener que importar café; o para Chile, cobre; o para Argentina, carne o soja; o para Arabia Saudita, las arenas del desierto... Una catástrofe que además se agrava porque las reservas petroleras del país no están en decadencia, al contrario, viene comprobándose que son mayores de las calculadas hasta tiempos relativamente recientes. Pero lo que sí está en franca decadencia es la capacidad de Pdvsa para producir petróleo y para lograr que sus socios foráneos se tomen en serio las inversiones y el desarrollo petrolero venezolano.

Si todo esto no es un crimen de lesa patria, ¿qué es? De hecho, hasta podría argumentarse que en el siglo XXI Venezuela aguantó mucho para no transmutarse en país importador de petróleo. La crasa y supina irresponsabilidad de la “conducción” de Pdvsa, siempre disfrazada de retórica patriotera y falsaria, no ha infligido daños más devastadores porque Venezuela fue capaz de organizar un sistema petrolero nacional con ramificaciones globales que, con todo y todo, no ha sido completamente asolado. Y no por falta de empeño en el poder establecido, sino por lo que queda de la estructuración previa de la industria petrolera en Venezuela.

Deberíamos estar produciendo el doble de lo que se produce hoy. Y hasta más del doble, según las promesas del “plan siembra petrolera”, tan proclamadas por Chávez, Ramírez y Maduro. Pero no es así. Cada vez pesamos menos en el contexto petrolero internacional e incluso regional, al Brasil y México captar la atención y las inversiones. Colombia es un ejemplo de política petrolera eficaz, y con capital humano venezolano, que es despreciado y perseguido por la hegemonía que impera en nuestro país. Una verdadera desgracia y en muchos niveles distintos. Y más todavía con la presente tendencia a la baja de los precios internacionales.

No nos dejemos confundir. Mientras la hegemonía roja siga controlando el poder, esta situación no podrá cambiar para bien sino para mal. Tanto la petrolera como cualquier otra de significación para el país y su pueblo. Mientras la hegemonía roja siga controlando el poder no hay esperanza de un futuro distinto. No la hay. La esperanza depende de que se supere la hegemonía y se proceda a la reconstrucción de la república, la democracia, el Estado, la economía y la convivencia social. Ah, y también de Pdvsa y el conjunto de la industria petrolera y petroquímica, tan pero tan venidas a menos, que ahora Venezuela es un país importador de petróleo.