• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

Al instante

Hablando de burbujas...

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En el más reciente viaje del señor Maduro a Nueva York, motivado, entre otras razones, por una intervención en la Asamblea General de la ONU, la caravana vehicular de su comitiva fue retenida por 25 minutos en Park Avenue, a la espera de que pasara la de Barack Obama. Todo lo cual llevó a Maduro a declarar: “Creo que él –Obama– vive como en una burbuja”. En referencia, además, a la burbuja gubernativa en que se desenvolvería Obama y su sistema de manejar al poder... Así lo reseñó la prensa foránea y la nacional.

El asunto de la burbuja me llamó la atención, porque es exactamente así como Maduro y los suyos entienden el país y ejercen el poder. Como si estuvieran, siempre, dentro de una burbuja. Una burbuja de confort, de máxima seguridad, de virtualidades maravillosas y, por lo mismo, en una burbuja de aislamiento e incomprensión de la gravísima crisis que destruye el conjunto político, económico y social del país. La burbuja de la hegemonía roja, para decirlo de alguna manera.

Y sin ir muy lejos, la “incomodidad” de la que se quejó Maduro por su retención en Park Avenue es poca cosa en comparación con la que él y muchos de sus jerarcas le infligen a los ciudadanos venezolanos, cuando ellos se movilizan en sus flotillas de camionetas y motorizados, o cuando cierran aeropuertos porque los van a utilizar, o cuando clausuran espacios públicos para el uso exclusivo y excluyente de sí mismos o de sus allegados. Le tocó experimentar en Nueva York lo que los jerarcas del poder están acostumbrados a hacerles a los demás en Venezuela.

Pero lo sustancial de la burbuja de Maduro no está allí, sino en considerar y comunicar que Venezuela marcha por un rumbo estupendo que la está convirtiendo en una potencia, y en un modelo universal de democracia social y de economía ecológica... Y ello significa, obviamente, estar bien metido en una burbuja, en un glóbulo, en un encapsulamiento notorio. Porque nada de eso tiene que ver con la realidad venezolana. Nada. Un país donde falta todo lo que debería haber –comida, medicinas, repuestos, etcétera–, y donde sobra todo lo que no debería haber –violencia, corrupción, despotismo–, no es un país que pueda ser modelo de nada auspicioso. Y menos que menos si ese país es un país petrolero con el barril en 100 dólares.

En una burbuja está la ministra de Salud, al negarse a reconocer el repertorio de epidemias que afectan a la población, con el agravante de la escasez de medicamentos y de la politización oficial de la crisis. En una burbuja están los integrantes del “gabinete económico”, proclamando las bondades de la economía socialista, mientras las distorsiones, las deudas, las depredaciones y los impagos, hacen de la economía venezolana una de las más caóticas y riesgosas del mundo. En una burbuja están los responsables de la seguridad pública, mientras la nación padece una explosión continuada y creciente de violencia criminal.

La hegemonía está en una burbuja de ideologías oxidadas y de palabrerías fantasiosas. Una burbuja que se mueve por encima de la encarecida vida cotidiana de la gran mayoría de los venezolanos. Lo que ayuda a explicar por qué casi 80% de los mismos tiene una apreciación negativa de la situación, de las perspectivas y del desempeño del poder. Y es que la burbuja que tanto funcionó en otros tiempos del siglo XXI, ya no funciona. Ya no ilusiona. Ya no persuade. Ya no engatusa.

Al señor Maduro le dio por criticar la burbuja donde viviría Obama. Muy bien. Está en su derecho. Pero la burbuja en la que moran Maduro y los suyos no sólo es criticable, sino que está aplastando a Venezuela. Muy mal. Y estamos en el derecho, y en el deber, de luchar para que ello no siga siendo así.

flegana@gmail.com