• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Fernando Luis Egaña

Duchos en derogar

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Ahora que el oficialismo anda dedicado en su campaña nacional y foránea para que “Obama derogue el decreto”, o la orden ejecutiva que, hasta el presente, establece sanciones inmigratorias y patrimoniales a seis funcionarios del gobierno imperante en Venezuela, sería oportuno comentar sobre el tema general de la derogación y de las derogaciones que supone la hegemonía despótica y depredadora que lleva ya tantos años en el poder.

Derogar es abolir o anular algo establecido, usualmente una norma o una costumbre, una institución formal o informal. Y derogar es lo que más sabe hacer, acaso lo único que sabe hacer, la referida hegemonía. Comenzando por la derogación de la democracia por las malas y las peores, siguiendo por la derogación de la economía productiva, y continuando a diestra y siniestra hasta terminar derogando la viabilidad misma de Venezuela como país independiente, y capaz de ofrecer una vida digna y humana a su pueblo.

De manera que en materia de derogaciones, aquí hay una experiencia verdaderamente destructiva. Y, por cierto, el oficialismo debería ser consistente y no solo solicitarle a Obama que deje sin efecto la mencionada orden ejecutiva, sino que también habría de pedirle al Congreso de Estados Unidos, que a su vez deje sin efecto la Ley Pública 113-278, o la llamada “Ley de Defensa de los Derechos Humanos en Venezuela”, aprobada a finales del 2014, y que sirve de sustento normativo de la célebre orden ejecutiva presidencial.

Pero volviendo a las derogatorias venezolanas, ha sido y es notoria la pretensión hegemónica de debilitar para obliterar a cuanta institución sea considerada como un obstáculo para su proyecto de dominación. Sean instituciones públicas como la descentralización política y administrativa del Estado o las universidades nacionales autónomas, o instituciones pertenecientes al sector privado económico, o al sector social-comunitario, o al sector educativo fundacional.

La exacerbación de la dependencia nacional al Estado dizque revolucionario –Francisco Faraco plantea, atinadamente, que el proyecto “bolivariano” es un proyecto de saqueo–, va en esa dirección. Hacer de Venezuela un país de esclavos, lo que se nunca se cansó de denunciar, desde su honrada ortodoxia comunista, Domingo Alberto Rangel. Y eso es una gran derogatoria de la sociedad civil, del país emprendedor, de la nación pujante que se levantó durante buena parte del siglo XX, de la Venezuela pluralista en los más diversos órdenes de su vida colectiva.

En su delirio derogatorio, la hegemonía se ha empeñado no ya en falsear la historia, sino en abolirla, como bien planteara y evidenciara Manuel Caballero. Destruir la conciencia histórica de los venezolanos para darle cabida a esa caricatura trágica que busca justificar y ensalzar a una supuesta “revolución bolivariana”, que ni es revolución, ni es bolivariana, ni merece otra consideración que la de haber malbaratado –derogado– la oportunidad de desarrollo más promisoria de toda nuestra trayectoria nacional.

Sí, hablemos de derogaciones. Pero empecemos con las nuestras. Porque Venezuela tiene que superar constitucionalmente a la hegemonía derogatoria, para alcanzar un presente y un futuro digno, soberano y democrático.

 

flegana@gmail.com