• Caracas (Venezuela)

Fernando Luis Egaña

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Fernando Luis Egaña

La otra “expo-revolución”...

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La cúpula del oficialismo –PSUV y Estado rojo– anunció desde Miraflores la realización de una “expo-revolución” en homenaje al expresidente Chávez. Se trataría de una especie de feria-presentación, ubicada de manera temporal en la avenida Bolívar de Caracas, y consistente en “actividades culturales y exposiciones de las obras desarrolladas por el Ejecutivo”… Se anunció, así mismo, que la “expo-revolución” sería itinerante, pues se la piensa instalar en otras plazas de Caracas. Quizá también en otras ciudades.

Al toparme con la información, pensé que en realidad se trataba de un esfuerzo innecesario, porque la llamada “revolución” está en exposición permanente las 24 horas del día en todo el territorio nacional. La agresiva y generalizada destrucción de Venezuela es la verdadera “expo-revolución”. Y una de las más caras del mundo, porque hasta el presente ha costado, por lo menos, 1.500 millardos de dólares.

En la “expo-revolución” de la vida real, no en la publicitaria del Minci y otros organismos, no se puede excluir ningún aspecto o tema del drama venezolano. Comenzando por el más importante de todos, en mi modesto juicio: el haber malbaratado la oportunidad de desarrollo más importante de toda nuestra historia. Y ya esa oportunidad está en ruinas, a pesar de que prosiga la bonanza petrolera internacional.

Lo que no significa, desde luego, que no se pueda salir de la referida postración. Ello sí se puede hacer. Pero no desde la hegemonía despótica y depredadora que es, naturalmente, otra de las características principales de la “expo-revolución”. Para que el muestrario de calamidades en que se ha convertido el panorama venezolano pueda quedar atrás y pueda, por tanto, aprovecharse el potencial del país, la hegemonía tiene que ser superada.

No hay otra. ¿O acaso nuestra economía puede enrumbarse para bien, con confianza y respeto a los derechos constitucionales, con sentido de apertura y globalización, desde los “gabinetes económicos” de la hegemonía, o desde las mafias boliburguesas que se trasvasan con esos gabinetes? La respuesta es obvia. No.

¿Y qué decir de la política? ¿Puede iniciarse un proceso amplio de reconstrucción de la democracia venezolana, desde las horcas de la satrapía? De verdad, ¿es eso posible? ¿En qué quedaron todas esas expectativas de cambio democrático que fueron generadas, por ejemplo, con las parlamentarias de 2010? ¿En qué quedaron? En nada.

Y dónde dejamos lo más importante de todo: las personas y sus familias y sus comunidades, o el conjunto de la nación venezolana. ¿Puede pacificarse el país desde la hegemonía que lo ha transmutado en uno de los más violentos del mundo? ¿Puede re-sanearse o re-sanitarse el hábitat humano para evitar la proliferación de endemias? ¿Puede promoverse una educación nacional, moderna, sin ataduras idolátricas? ¿Pueden estas interrogantes contestarse afirmativamente? Desde luego que no.

Nada de esto o de tantas otras cosas que son indispensables para Venezuela, pueden hacerse desde la “expo-revolución”. Primero porque a esta no le interesa. Solo le interesa continuar en el poder. Medrar en el poder. Y segundo, porque si le llegara a interesar, no podría hacerlo. Sería una contradicción en términos. Un imposible.

Entre otras razones, porque en una nación que dinamice su economía, que abra su política y que democratice su sociedad, no podría mantenerse una hegemonía despótica y depredadora. No podría mantenerse la “expo-revolución”. La cuestión es clara. Ojalá que su entendimiento también lo sea.


flegana@gmail.com