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Fernando Laborda

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Fernando Laborda

Dólar para arriba y ajuste en el segundo semestre

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Hay una coincidencia generalizada entre analistas económicos no vinculados con el kirchnerismo en dos cuestiones. La primera es que el gobierno de Cristina Kirchner ha desperdiciado en el área fiscal el tiempo comprado por el Banco Central con la suba de las tasas de interés. La segunda: que en el segundo semestre del año las autoridades nacionales se verían forzadas a realizar un ajuste mayor al que pensaban.

Los límites al financiamiento del sector público y las dificultades en las cuentas públicas de cara a la segunda mitad del año dan cuenta de la necesidad de buscar un rápido acuerdo en el Club de París, que le abra a la Argentina la posibilidad de volver al crédito internacional. La duda sigue siendo hasta dónde estará dispuesto el Gobierno a acercarse al Fondo Monetario Internacional para que llegue a buen puerto la negociación con los países acreedores del club, con los que el ministro de Economía se reunirá en estas horas en Francia.

Pocos en el Gobierno esperaban el actual nivel de tensión cambiaria, con un dólar paralelo que llegó a rozar los 12 pesos (ayer cerró a $ 11,60), en este momento del año, que tradicionalmente es aquel en el que más divisas ingresan al país. Sin embargo, por lo menos tres factores aceleraron la presión sobre la moneda norteamericana: 1) Las expectativas pesimistas frente al incremento del déficit fiscal y por el menor efecto del recorte de subsidios en las cuentas públicas. 2) Una liquidación por exportaciones de soja menor a la esperada. 3) La determinación del Banco Central de ceder a las presiones del ministro de Economía, avaladas por la Presidenta, y bajar las tasas de interés.

Recorte de subsidios con sabor a nada
Desde la consultora abeceb, el economista Dante Sica advirtió que la disminución de subsidios en los servicios públicos "apunta en la dirección correcta, pero deja sabor a poco", ya que su efecto sobre las cuentas públicas distará de ser significativo, a pesar de su impacto sobre las facturas, con un costo político y social no despreciable para el oficialismo.

Otro economista, Agustín Monteverde, sostiene que la reducción de subsidios para el gas y el agua representará apenas un ahorro de unos 7000 millones de pesos, sólo un 5% de lo gastado en subsidios económicos durante 2013. Acota que, de sumarse una reducción similar para la electricidad, el ahorro fiscal resultante de ambos recortes difícilmente supere los 25.000 millones de pesos. Y aun así, por efecto de la inflación y la devaluación, lo erogado este año en concepto de subsidios podría trepar casi medio punto porcentual y orillar el 5% del PBI, según las proyecciones del especialista.

Menos liquidaciones
Informes privados indican que, durante la primera quincena de mayo, las liquidaciones de exportaciones sojeras bajaron sensiblemente, complicando la acumulación de reservas por el Banco Central. Así, la entidad monetaria apenas se ha quedado con uno de cada cuatro dólares que adquirió en el mercado cambiario en ese mismo período (compró 625 millones de dólares, pero las reservas se incrementaron en 164 millones).

La explicación, a cargo de Monteverde, es que el retrasado tipo de cambio oficial actual (apenas por encima de los 8 pesos menos el 35% de retenciones) no alienta al productor a vender, especialmente ahora, porque todavía no necesita comprar insumos, lo cual le permite esperar una mejor combinación entre precio y tipo de cambio.

"Los productores no son expertos en finanzas, pero tienen perfectamente claro que no les conviene vender para quedarse en pesos", expresó.

Fábrega y Kicillof
Finalmente, la presión del ministro Axel Kicillof hizo que el titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega, levantara el pie del acelerador e hiciera bajar las tasas de interés, frente al susto que para la Presidenta representaban los síntomas de recesión y contracción del consumo de las últimas semanas, incluidas las suspensiones en la industria automotriz.

La baja de las tasas terminó con el veranito del dólar paralelo, que había bajado hasta 10,40 pesos, y ayudó a dispararlo hasta cerca de los 12 pesos.

El problema que ven no pocos economistas es que mientras Fábrega se ocupó de disminuir la presión sobre el dólar con las tasas altas, el Gobierno no se preocupó por dar señales de que ajustaría el gasto público. "Los esfuerzos del titular del Banco Central se han desperdiciado, su voluntad de encarar una política fiscal austera ha sido doblegada y el panorama no luce halagüeño. La oportunidad de posicionarse en pesos y aprovechar el dólar quieto y las tasas altas ya es historia", concluyó Monteverde.

El ex presidente del BCRA Rodolfo Rossi sostuvo que el contrapunto entre mantener elevadas las tasas de interés para frenar el dólar y bajar las tasas para evitar una mayor caída del consumo es una supuesta controversia entre ideas "estatistas e intervencionistas" que "no conducen a nada, excepto a nuevas frustraciones".

Según Rossi, "la vinculación del tipo de cambio con la tasa de interés requiere permanente análisis y objetividad de aplicación, además de funcionarios honestos y competentes". Su conclusión: "No creo que los actuales ministro de Economía y presidente del Banco Central estén en condiciones de aplicar esa disciplina, que seguramente ambos desconocen. Veremos entonces nuevas frustraciones... ¡y un dólar para arriba!".