• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

Al instante

Otra vez Trump

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Un número equivalente a la población total de Venezuela vio por cable el primer debate de los 10 precandidatos presidenciales republicanos que iban adelante en las encuestas nacionales estadounidenses hasta el jueves de la semana pasada. Fue una audiencia récord para este tipo de debates, según la empresa medidora Nielsen: 24 millones de personas.

Donald Trump, el multimillonario empresario inmobiliario, acaparó la atención antes, durante y después del show televisivo. La expectativa antes del programa era ver cómo se iba a comportar el excéntrico candidato, quien no mide sus palabras para atacar a quien se le presente por delante, y también cómo se iban a manejar los demás contendores frente a él.

En realidad, casi no hubo toma y dame entre los precandidatos. La agresividad provino más bien de los conductores del espectáculo. El formato escogido, especialmente considerando la cantidad de competidores en el escenario, se enfocó más en una formulación de preguntas distintas a cada candidato, muy bien seleccionadas, que se alternaban rápidamente los tres periodistas del panel.

La primera pregunta fue la única dirigida en apariencia a todos. Que levantaran la mano aquellos que no descartaban ser candidatos presidenciales en una plataforma distinta a la del Partido Republicano. El único que la alzó fue Trump, quien ya había anunciado esa posibilidad desde los primeros días del lanzamiento de su precandidatura, advirtiendo que esa sería su opción si sentía que el partido lo había tratado mal. El auditorio, 100% republicano, inmediatamente lo pitó.

Por ser el candidato puntero en las encuestas, la segunda pregunta también fue para Trump. Que por qué denigraba de las mujeres, a quienes llamaba gordas y otro conjunto de epítetos. “Solo Rosie O’Donnell”, interrumpió el empresario, aludiendo a la cómica norteamericana con quien años atrás tuvo una discusión pública de varios días, en los que ambos se dijeron de todo. Esta vez la audiencia se fue en risas y aplausos. Tómese en cuenta que Rosie O’Donnell está casada y tiene hijos con otra dama, lo cual probablemente estuvo en la mente del público totalmente conservador presente en el estadio.

La respuesta fue la esperada: que sí tiene en alta consideración a las mujeres, que fue uno de los primeros empresarios en darle posiciones de dirección a mujeres en el área de la construcción, que las mujeres tienen responsabilidades importantes en su organización, etc., etc. Las dos primeras preguntas, no obstante, ya tenían clavado al precandidato.

Trump no tuvo sino que continuar siendo “El Donald”, como a veces lo llaman por su programa El aprendiz que transmitía la cadena NBC, que cortó relaciones con él desde que dijo que los mexicanos que llegaban a Estados Unidos por la frontera sur eran una cuerda de violadores y criminales. Además del restringido formato del programa, con muy poco tiempo para que los candidatos puedan profundizar en sus respuestas, la agresividad que sintió Trump de los periodistas, especialmente de la única fablistana de los tres que condujeron el show, lo llevó a seguir siendo El Donald.

Según él mismo reconoció después, parece que había preparado una línea diferente de respuestas. Incluso en entrevistas anteriores se estaba mostrando más comedido. Después del debate, declaró: “Cuando las preguntas vinieron así, contuve la respiración y me dije a mí mismo: Pa’lante. Si así es como va a ser la cosa, okey, está bien, vamos a darle”. “No fue que tuve dos o tres pelotas suaves, que me darían mucho chance de hablar sobre cómo crear empleo o detener la inmigración ilegal que viene de nuestra frontera con México. Fue un bum, bum, bum en las preguntas, desde el mero comienzo. Tú lidias con eso”.

El fin de semana, después del debate republicano, Trump seguía dominando los espacios noticiosos de la política, porque al comentar la actuación de la periodista que le preguntó y repreguntó sobre su mal hablar de las mujeres, dijo que ella estaba tan brava en el programa que botaba sangre por los ojos, de su cabeza, “de qué sé yo dónde”. El empresario fue entrevistado en todos los programas dominicales de opinión y no se retractó. Dijo que él pensó en la nariz, que los demás son los mal pensados.

Trump dice lo que le da la gana y no baja en las encuestas. Al día siguiente del debate del jueves, la cadena NBC patrocinó una encuesta en línea, que resultó con Trump otra vez a la cabeza, con 23% de preferencias entre los republicanos, seguido por el senador texano Ted Cruz (13%), el neurocirujano Ben Carson (11%), Carly Fiorina (8%) y el senador de Florida, Marco Rubio (8%). Jeb Bush y el gobernador Scott Walker, que aunque con diferentes matices representan el corazón del establishment republicano, quedaron empatados en los puestos siguientes, con 7%.

Llama la atención que entre los favorecidos por las encuestas del fin de semana hay una tendencia que mira hacia algo diferente al estatus en el partido. Trump no es un político profesional, como tampoco lo es el médico afroestadounidense Ben Carson, quien compite por primera vez en la arena política. La trayectoria de Carly Fiorina es mayormente en el mundo empresarial, a pesar de que en 2010 trató de llegar sin éxito al Senado desde California contra la demócrata Bárbara Boxer. Incluso Ted Cruz, niño mimado del Tea Party, apenas está en su primer período en el Senado y es un consistente y auténtico radical contra el estatus de Washington.

NBC también preguntó sobre quién ganó el debate y los consultados señalaron a Fiorina, quien no participó en el mismo escenario de Trump y los otros nueve, sino en un debate más temprano, también presentado por la cadena Fox, que políticamente se identifica con la derecha y los republicanos. La ex presidente de Hewlett Packard compitió allí con los otros 5 precandidatos, más rezagados en las encuestas nacionales. Todos los analistas la vieron como la vencedora en esa primera parte, por lo cual no fue tan sorpresivo que los encuestados la escogieran como la ganadora de todo el conjunto.

La misma encuesta dio a Trump como el segundo ganador del debate, seguido de Marco Rubio, Ted Cruz, Ben Carson y el ex gobernador de Arkansas, Mike Huckabee.

¿Y quién perdió el debate? Esa es otra interrogante.

Sorpresa, sorpresa: Donald Trump (29%), seguido por Rand Paul (14%), Jeb Bush (11%), Chris Christie (9%) y Lindsay Graham (8%).

A pesar de que al divulgar la encuesta NBC aseguró que estaba científicamente bien elaborada, ha habido críticas a su metodología, dado que es una consulta por Internet. Otra encuesta conocida, esta vez solo entre republicanos de Florida, hecha por el Florida Times-Union, arrojó una ventaja de preferencias para Trump (27%), seguido por Bush (26%), ex gobernador de ese estado, y bien lejos de ellos por Rubio (7%), también floridiano, Walker (6%), Cruz (8%), de padre cubano, y Mike Huckabee (4%).

Trump está demostrando hasta ahora que más que hablar políticamente correcto es muy importante saber conectarse con los electores. (¿Ustedes se acuerdan de Chávez?) Por ahora, sigue reflejando un cierto hastío no solo entre los votantes republicanos por la polarización y falta de entendimiento entre los políticos en Washington. Los demás tratan de no pisar callos, ni siquiera de los simpatizantes de Trump, con el mismo libreto cansón antiaborto, antiinmigrantes y pro rebaja de impuestos.

John Kasich, gobernador de Ohio, fue un poco la excepción, manejando muy inteligentemente todos los temas del momento guiado siempre por la compasión y el sentido común. De este candidato hablaremos en otra entrega.