• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Fermín Lares

Entre una y otra señal

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Tuve la fortuna de tener como profesor en la Universidad Católica al eminente Manuel Pérez Vila, que inculcaba a sus alumnos el pensamiento crítico sobre la historia de Venezuela. Uno de los recuerdos que tengo de sus clases es cuando nos preguntó qué pensábamos de la escena del cura Madariaga diciendo que no con el dedito, detrás de Emparan, el 19 de Abril de 1810. El capitán general preguntaba a la gente congregada en la Plaza Mayor si querían que siguiese siendo su mandatario, y este, al ver la desaprobación de la población que tenía enfrente, dijo “Si no me queréis, pues yo tampoco quiero mando”.

Emparan, decía Pérez Vila, no solo consideró la respuesta de los caraqueños supuestamente animada por la seña del cura; estaba viendo también a unos soldaditos igualmente aglomerados allí, que quizás ya no le estaban apoyando. Los criollos tenían tiempo formando parte de las instituciones españolas en provincias como la de Venezuela, de lo cual no escapaba la fuerza armada. Esa realidad iba imponiendo un nuevo orden en las cosas. Y fue seguramente significativo que cuando Francisco Salias atajó al capitán general para que volviese al Cabildo, antes de entrar en la Catedral aquel Jueves Santo, los soldados apostados frente al templo, en vez de intervenir en defensa del representante real, se quedaron firmes, respondiendo a la orden de su jefe, el capitán Luis de Ponte.

Se trataba entonces no solamente de la intención de los criollos de hacerse cada vez más independientes, lo cual Emparan tenía ya un tiempo tratando de evitar, sino que había una realidad que se imponía, que facilitaba el objetivo autonomista, luego independentista: las instituciones claves, incluida la fuerza armada, estaban penetradas por los nacidos de este lado del mar océano, que querían que las cosas cambiaran.

La imagen del cura Madariaga se me vino a la mente como un ejemplo de aquello de que “deseos no preñan”. No era la seña del sacerdote. Hay que trabajar por un cambio de las condiciones políticas para que la seña funcione.

A veces el tiempo ayuda, pero hay que prepararse de todas maneras para el cambio. Retomemos el caso de la reanudación de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Obama alegó como una razón principal del cambio de política hacia Cuba que 50 años de embargo y ruptura de relaciones no dieron resultados. Medio siglo en eso. 15 años atrás hubo una flexibilización en el embargo, y se permitió a los agroindustriales norteamericanos vender sus productos a Cuba, siempre y cuando los pagos fueran de inmediato y en efectivo. Esto todavía no cambió drásticamente las cosas. Llegó incluso un momento en que las exportaciones de Estados Unidos a Cuba se empezaron a reducir, bajo la influencia, entre otros factores, del aumento del financiamiento por diversas vías a la economía cubana por parte de Venezuela, la generosidad financiera de los chinos, y la continuación y/o reemergencia del intercambio comercial con Brasil, Argentina, Vietnam, Rusia, Irán, Canadá y México, entre otros, a través de trueques, créditos y por motivaciones políticas.

Presiones de las compañías estadounidenses, de representantes de gobiernos locales y estadales y hasta de algunos miembros del Congreso, movidos todos por intereses comerciales, no tuvieron resultado en el intento de abrirse hacia Cuba. Hasta el año 2008, ningún candidato presidencial gringo se atrevió a sugerir un cambio en esa política; ni siquiera Obama. La cantidad de votos que proporciona el estado de Florida a un aspirante presidencial es muy grande, y no valía la pena arriesgarse. Florida es un estado movido durante muchos años por la comunidad anticastrista cubana, amiga del embargo, de las sanciones contra el castrismo y tendiente a votar republicano.

Pero Obama, demócrata, e izquierdoso en apariencia, ganó en Florida en 2008, y repitió en 2012. Las cosas como que en efecto cambiaron. Tanto, que hoy la mayoría de los cubano-americanos se opone al embargo. Es más, una encuesta hecha el año pasado por la Universidad Internacional de Florida (FIU) reveló que 68% de estos ciudadanos deseaban el restablecimiento de relaciones Estados Unidos-Cuba, y entre los más jóvenes, ello subía a 90%. Los electores registrados, sin embargo, estuvieron en mayoría a favor del embargo (51%).

El electorado de Florida también cambió en lo que respecta a los votantes hispanos. Obama conquistó 60% del voto hispano del estado en 2012, más que el 57% que había logrado en 2008. Y a esto parece haber contribuido el crecimiento del votante hispano no cubano. De acuerdo con encuestas a boca de urna en 2012, 34% de los votantes hispanos floridanos eran cubanos y 57% no cubanos. Entre los cubano-americanos, la preferencia por Obama y Romney se partió casi en dos mitades (49% y 47%, respectivamente). Entre los no cubanos, Obama conquistó 66% de los hispanos y Romney 34%.

Obama ha tenido que considerar todo esto para atreverse a dar el paso de restablecer relaciones con Cuba. No es solo la intención de cambiar una política que por mucho tiempo no produjo cambios favorables para nadie. Se dio el lujo de hacerlo hoy, porque hubo un cambio en las condiciones. La realidad es otra. El elector de Florida, el mayor obstáculo para el cambio, ahora lo desea. (Obama no va a competir en más elecciones, como lo dijo en su reciente discurso al Congreso, pero como líder demócrata, tampoco va a ir contra la corriente dejándole un fardo superpesado a su partido). Otra cosa son las consideraciones del régimen en la isla, que es tema para otro artículo.

Y entonces volvamos a Venezuela. La marcha organizada el sábado por la oposición, por la democracia y las libertades, para conmemorar el 23 de Enero, no llegó al centro de Caracas. Se quedó en los reductos de la clase media. Ello quizás refleja lo que indican las encuestas. Hay un enorme descontento contra el gobierno y contra Maduro, no canalizado todavía hacia el liderazgo opositor y sus diversos factores. La principal labor del liderazgo opositor es presentarse como una alternativa creíble. Quizás hace falta que Capriles vaya a visitar a López en Ramo Verde, y también que todos los factores de la oposición, juntos, presenten al país un conjunto de proposiciones concretas frente a la crisis económica y social. Empezar a llevar la voz cantante en la solución de los problemas del país, los de hoy, mucho más allá de la fulana asamblea constituyente. Crear las condiciones para la señal de Madariaga. El pueblo los acompañará en la plaza mayor.