• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

Al instante

La cosa no va a ser fácil

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La MUD no la tiene fácil. La oposición democrática no la tiene fácil. La ciudadanía democrática no la tiene fácil. Tres factores que desean recuperar la democracia para Venezuela, pero no son lo mismo.

La oposición democrática va más allá de la MUD. La MUD es el liderazgo de los partidos de la oposición democrática. La oposición democrática está integrada por esos partidos, pero también por organizaciones sociales que promueven la democracia y el respeto por los derechos humanos, por sindicatos, por organizaciones gremiales, empresariales y sindicales, y por ciudadanos activos.

En una sociedad verdaderamente democrática, las organizaciones que trabajan por la transparencia y en pro de los derechos humanos no estarían necesariamente contra el régimen, no serían necesariamente de oposición. Hoy día están en la práctica ubicadas en el lado opositor porque no les queda más remedio. Lo característico del régimen son sus arbitrariedades, la violación de la Constitución, el desprecio absoluto por la ley, la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Sindicatos y gremios hacen esfuerzos por mantenerse en el ámbito de la lucha por sus reivindicaciones. Pero el régimen los arrincona, no los escucha, trata de intervenirlos, les crea organizaciones paralelas, no admite sus desacuerdos. Hasta los pone presos.

Obviamente, la ciudadanía es lo que cuenta, se sienta democrática o no. Esa es la que lleva a sus representantes al poder, la que legitima a sus gobernantes y a sus líderes. Esa es la que habla, y los líderes tienen que escucharla para poder hacerse seguir por ella.

En estos días, la ciudadanía venezolana, aunque no esté muy dispuesta a marchar y mucho menos a organizar guarimbas, está hablando, gritando su descontento, así no se vea con suficiencia en los medios tradicionales de comunicación. La última encuesta de Datanálisis (julio-agosto) es una muestra de ello.

Los resultados de esta encuesta reflejan lo que se lee en las redes sociales, lo que hablan las amas de casa, lo que le escribe la gente a sus amigos y familiares en el exterior.

La percepción de la situación de Venezuela por parte de su población es negativa en una abrumadora mayoría, 87,2%. Más de la mitad de los chavistas (51,9%) comparte esta visión con casi la totalidad de los opositores (97,9%).

El problema más mencionado en esta encuesta –no hay sorpresas para nadie– es el desabastecimiento (63,2%), el segundo es la inseguridad personal (51,2%) y el tercero el alto costo de la vida (45,4%). Las colas para comprar son el cuarto problema de importancia expresado por los encuestados (34,9%), apuntado por separado quizás por lo torturante que es, pero sin duda que es parte del primero, del desabastecimiento y la carestía.

El segundo lugar de la inseguridad personal como problema en Venezuela –el país del mundo con más homicidios al año por cada 100.000 habitantes, después de Honduras– no le quita la percepción de gravedad en que esta se encuentra entre los venezolanos. Lo que ocurre es que el desabastecimiento y la inflación han llegado a niveles nunca vistos en la historia del país. Entre julio de 2013 y marzo-abril de 2014, la inseguridad personal era el primer problema indicado espontáneamente por la población, entre 38% y 40% de primeras menciones. De esas fechas para acá, el desabastecimiento se ha hecho incalable.

¿Y a quién se culpa de todo esto? Casi 60% de los encuestados apuntan hacia Maduro, sus ministros y el gobierno. La responsabilidad que se le endilga a la oposición es de 2,5%. Curiosamente, 10% atribuye la responsabilidad a “la gente”, quién sabe si pensando en los bachaqueros o en los colectivos. El cuadro de la encuestadora no lo detalla.

Datanálisis pregunta sobre lo que algunas caras visibles de la política venezolana hacen por el bienestar del país. Casi dos terceras partes (70,4%) piensan que la labor de Maduro es negativa, es decir, descalifican la gestión del presidente y su gobierno. El PSUV, la parte civil que lo sustenta, está un poquito peor; 71,1% piensa que su gestión es negativa. La MUD está mejor que Maduro y el PSUV, pero la mayoría también piensa que su gestión es negativa (57,3%).

Los dirigentes de la oposición Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López fueron igualmente medidos respecto a la percepción de su gestión por el país. La pregunta era sobre cada uno: ¿Cómo evalúa la gestión de fulano por el bienestar del país? En los dos casos dio más negativa que positiva: 48,9% negativa para Capriles y 47% negativa para López. La percepción positiva de la labor de ambos fue de 40,7% para Capriles y 41,5% para López. La apreciación positiva de Maduro fue mucho más baja, 24,3%.

Los números que hemos dado hasta ahora son generales. Porcentajes de la población que se pronuncian sobre un tema, un problema, un personaje o un bloque político. Como es natural en estos casos, en la medida en que se desmenuza la data, el significado de esos porcentajes se ve con mayor claridad.

Pero quedémonos por los momentos con lo que tenemos hasta ahora. Los resultados de la encuesta nos indican que hay una apreciación negativa de la situación del país por parte de una mayoría abrumadora, más de las dos terceras partes, casi 90%. Los problemas están identificados. El alto costo de la vida ha sido más o menos constante desde hace más de una década, o de dos. La inseguridad personal bajo el régimen chavista no aguanta comparación. Cifras de homicidios nunca vistas. El nivel de desabastecimiento de medicinas y productos de primera necesidad es insoportable.

Cuando se pregunta a la población quién es el responsable del problema que mencionó como el más grave, la gente señala a Maduro y a su gobierno: 59% en el caso del desabastecimiento, más de 75% en lo del costo de la vida y 52% en lo que respecta a la seguridad. Y entre las menciones espontáneas de la población acerca de quién es responsable por la escasez, 6,8 % de los encuestados también menciona a Chávez como uno de sus causantes.

La gente quiere incluso que Maduro se vaya antes de tiempo. Casi 70% dice que si Maduro no se va este año, debería salir por referéndum en 2016. Un cuarto de la población considera, en cambio, que debería terminar su mandato, o hasta ser reelecto (8,5%).

Entonces, no es de extrañar que cuando se indaga sobre quiénes van a votar y cómo en las próximas elecciones de diputados a la Asamblea Nacional, las respuestas indiquen que más de la mitad (50,7%) de los que muy probablemente van a votar lo van a hacer por los candidatos de la oposición, es decir, por los candidatos identificados con la MUD y los partidos que la integran. Otro 16,1% saldrá a votar por candidatos independientes de la MUD y del partido de gobierno. El resto (26,2%), según Datanálisis, dice que saldrá a votar por el régimen.

En ese sentido, la voluntad del electorado parece estar volcada hacia la oposición. La ciudadanía aparentemente se va a pronunciar por los candidatos que proponga la oposición democrática y esencialmente los que proponga la MUD. La mayoría quiere castigar a los responsables de la debacle nacional.

Incluso si hubiera una elección presidencial, Maduro perdería con quien le pongan por delante. Pelo a pelo contra Capriles, López o el gobernador Henri Falcón, las encuestas dan que Maduro perdería con cada uno por lo menos con 20% de diferencia.

Pero la cosa no va a ser fácil. No lo va a ser antes de las elecciones parlamentarias, durante los comicios, ni después. El régimen tiene toda la intención de alterar la voluntad de la ciudadanía democrática, que ya es mayoritaria. La Fiscalía, la Contraloría, el Tribunal Supremo de Justicia y el CNE seguirán actuando en beneficio del gobierno, su partido y sus candidatos, como ya lo han hecho al inhabilitar inconstitucionalmente a candidatos que no han sido juzgados con sentencia firme, violando descaradamente la Constitución, interviniendo partidos políticos no afines al régimen, vinculando a sus propios delincuentes con los partidos de oposición.

El ventajismo propagandista del régimen continuará, con el uso irrefrenado de los recursos del Estado durante las elecciones. Si no, las comisiones técnicas de la OEA y de la Unión Europea ya hubieran sido invitadas a presenciar el desarrollo del proceso electoral.

El CNE y los colectivos harán también lo suyo durante las propias votaciones, alterando horarios, poniendo obstáculos, facilitando la agresión de los pandilleros chavistas contra potenciales electores de la oposición, retardando los cierres de mesa hasta que voten los suyos.

La habilidad de la dirigencia democrática, y particularmente de su vanguardia, que es la MUD, está en saber sortear las patrañas que se le presenten por delante, como lo hizo recientemente con el nombramiento del TSJ de una nueva directiva para Copei, y en el caso de la inhabilitación de María Corina Machado, en el que al final la misma dirigente reconoció a su pesar que no quedaba más que apoyar al candidato escogido como su sustituto por la alianza electoral democrática.

La dificultad del después es más compleja, porque tiene que ver con el ahora. Los números muestran que la gente tiene reservas con el liderazgo democrático también. La ciudadanía parece resteada ahora en lo que respecta al voto, pero no está tan convencida de que la dirigencia agrupada en la MUD, con todas sus corrientes, esté llenando sus expectativas.

La dirigencia democrática debe aprovechar el proceso electoral que ya arrancó para mostrarse como una alternativa real de poder; con todos sus matices, no importa, pero ofreciendo soluciones reales a los problemas, explicándolos y presentando opciones sin medias tintas. Educando a la población. Sin miedo. Sí, hay que subir la gasolina. Sí, hay que devolver a la empresa privada su rol en la sociedad. Ser rico no es malo, pero sin ser tan buchón como para olvidarse de los pobres. Empezar a crear un mejor sentido de ciudadanía.

Prepararse para empezar a tratar de acomodar el desastre, que va a requerir de mucho sacrificio. La cosa no va a ser fácil.