• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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La conexión siria

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El gobierno de Bashar al Assad ha matado mucha más gente en Siria este año que el Estado Islámico (EI), informaba el domingo The Washington Post.

Atinadamente, el diario contestaba una pregunta que se debía estar haciendo mucha gente, al ver la tragedia de miles de sirios que están huyendo hacia la Unión Europea por las atrocidades que ocurren en su país, así como otros migrantes que se dirigen al viejo continente provenientes de países africanos, mayormente de Eritrea, y también de Afganistán.

Los sirios han venido sobresaliendo entre los escapados no solo porque cada día son más, sino porque su drama adquirió una especial relevancia noticiosa hace poco, cuando se expuso en los medios del mundo entero la imagen de un niño de 3 años encontrado ahogado en una playa turca, en la que pereció casi toda su familia, después de intentar cruzar el Mediterráneo en una embarcación insegura.

La población civil siria está siendo asediada por el régimen de Al Assad, quien no tiene empacho en bombardear comunidades enteras que sospeche que están en su contra, con armas químicas, cloro y barriles con pólvora que lanzan desde helicópteros para que exploten llenos de clavos, y también por el Estado Islámico, que no masca en degollar a quien estime su enemigo (cristianos, kurdos, chiitas, ateos y “colaboracionistas” de sus adversarios), esclavizar a las mujeres y demoler antigüedades milenarias que consideran blasfemas.

La tragedia de los migrantes asiáticos, africanos, e incluso balcánicos, por suelo europeo es mostrada a diario en los medios de comunicación norteamericanos. Las imágenes en la televisión son alarmantes, como seguramente también lo son en los medios del viejo mundo. Los sirios son la oleada de migrantes que ha crecido más en los últimos días. Tan solo entre este viernes y el lunes, llegaron a Alemania 25.000 buscando asilo.

Se calcula que por lo menos 4 millones de sirios han abandonado su país desde 2011, cuando todo empezó como una protesta enmarcada dentro de lo que se conoce como la Primavera Árabe, que el régimen de Al Assad no toleró y reprimió brutalmente. Más de 1 millón de sirios se han estacionado en el vecino Líbano y casi 630.000 en Jordania, 2 naciones que vienen soportando desde hace décadas la mayor carga de refugiados palestinos. Turquía calcula que 1,9 millones de sirios han huido a ese país. Irak, Egipto y otros países del norte del África han recibido más de 400.000. Actualmente, el volumen de sirios que se moviliza arriesga todo por llegar a los países de la Unión Europea, especialmente Alemania y los países nórdicos. Los del Medio Oriente no se dan abasto.

Entre enero y julio de este año, las fuerzas armadas de Al Assad y las milicias progubernamentales mataron a más de 7.800 personas, mientras que el EI ha eliminado 1.131, de acuerdo con cifras proporcionadas por la Red Siria de Derechos Humanos, basada en Londres. Las fuerzas del régimen son responsables de la mayoría de las más de 250.000 muertes ocurridas durante los 4 años de conflicto.

El Post citó a un analista de asuntos del Medio Oriente del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres para indicar que, aun con toda la horrenda brutalidad y barbarismo del Estado Islámico, no se puede olvidar que “el régimen de Al-Assad ha sido la principal fuente de muerte y destrucción en Siria desde 2011”.  Emile Hokayem, el experto, opinó que “usted no puede resolver el conflicto a menos que encuentre una forma de abordar esto, lo cual el mundo no ha hecho todavía”.

La situación en Siria encuentra a su población en una verdadera encrucijada. Además de las fuerzas de Al Assad y del EI, existe una incipiente fuerza rebelde al régimen que no termina de ganar terreno por no tener cómo defenderse de los ataques aéreos del dictador. Cuando los rebeldes se apropian de un territorio, los bombardeos oficiales indiscriminados arrasan con las comunidades indefensas de tales ataques, lo cual impide formar nuevos gobiernos locales, al tiempo que crean un pánico entre los pobladores que dificulta que les den abrigo a los insurgentes. El éxodo de los civiles se atribuye principalmente a las razias aéreas del régimen.

Por otro lado, el hecho de que la mayoría de la población siria es de afiliación sunita –igual que el EI y la rama de Al Qaeda que opera en ese país bajo el nombre de Jabhat al-Nusra– tiende a hacer que los desesperados que quedan en Siria vean con mejores ojos a los extremistas islámicos que al propio Al-Assad, de afiliación chiita, pues este último no les da cuartel.

El oprobioso régimen minoritario de Al Assad es respaldado por Rusia, que le proporciona el equipamiento aéreo y armamento en general, y por Irán, países amigos del chavismo venezolano. Ha habido ocasiones en las que estos países han tenido algún recato en su respaldo a Al Assad, como describí en este mismo espacio en abril de este año, a propósito de una condena aprobada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas contra la utilización de cloro gasificado en bombardeos militares en Siria. La resolución del Consejo de Seguridad fue de 14 votos a favor, ninguno en contra, y una abstención, la de Venezuela.

El resto de la comunidad internacional, encabezada por los europeos y Estados Unidos, está desde hace un año más preocupada por los avances del Estado Islámico que por salir de Al Assad, y esto, según algunos analistas, ha permitido al dictador mantenerse en el poder a fuerza de bombardeos, a pesar de haber perdido ya más de la mitad de su territorio, mientras que el EI no ha dejado de expandirse en Siria, en Irak y hasta en Libia, que tiene a Israel y Egipto de por medio.

Mientras la situación de los migrantes está creando en Europa una crisis humanitaria sin precedentes, por lo menos desde las guerras desencadenadas con el desmembramiento de la vieja Yugoslavia al principio de la pasada década de los noventa, el gobierno de Barack Obama está siendo objeto de duras críticas por sus políticas –o falta de ellas– en Irak y Siria, ya no solo de los adversarios republicanos sino también por articulistas y opinadores independientes de los más importantes medios de comunicación.

Los republicanos critican a Obama haberse salido de Irak en 2011, sin dejar un número de tropas que le permitiera presionar suficientemente al gobierno chiita para que diera más participación a los sunnitas en el manejo del Estado y prevenir una excesiva influencia iraní, como se está viendo ahora. Los republicanos atribuyen a Obama haber creado un vacío en Irak que fue aprovechado por el Estado Islámico, herederos del Al Qaeda que ya se había extirpado en el país, y depositario parcial de fuerzas sunnitas que se empezaron otra vez a sentir oprimidas.

Los opinadores independientes se suman a las críticas respecto a Irak y añaden que buena parte de la tragedia siria ha sido la inacción norteamericana. Mucho palabrerío y amenazas, con cero acciones.

Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado; Leon Panetta, cuando era secretario de la Defensa, y David Petraeus, desde la CIA, abogaron por armar a aliados en Siria para combatir a Al Assad, y Obama ignoró sus recomendaciones.

Michael Gerson, un columnista independiente que escribe en varios periódicos norteamericanos, se preguntó hace unos días: “¿Cuán difícil hubiera sido destruir los helicópteros que lanzan los barriles explosivos en los vecindarios residenciales? Un número de opciones muy lejos de una intervención mayor pudiera haber reducido el poder destructivo del régimen y/o fortalecer las capacidades de fuerzas más responsables. Ninguna medida fue tomada”, resaltó el articulista.

Las fronteras no existen cuando se trata de la defensa de los derechos humanos, donde quiera que ellos se violen. Si ello no ocurre, siempre se verán las consecuencias.