• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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El ciudadano Kaine

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Tim Kaine es un tipo agradable. Lo he visto en persona y he tenido la oportunidad de hablar con él. El hombre, ciertamente, habla un español un poco machacado pero generalmente fluido. Los opinadores norteamericanos consideran que Hillary Clinton hizo muy bien al seleccionarlo como el candidato a la vicepresidencia por el Partido Demócrata.

La candidata presidencial, quien mañana aceptará formalmente la nominación de su partido en la convención que se celebra en Filadelfia, tenía muy buenas opciones para escoger entre los potenciales acompañantes que se mencionaban antes del sábado pasado. En el grupo había tres latinos: dos miembros del gabinete de Obama, Tom Pérez (Trabajo) y Julián Castro (Vivienda), y el congresante Xavier Becerra. También estaban Elizabeth Warren, la izquierdosa senadora por Massachusetts, y el senador afroamericano por Nueva Jersey, Corey Booker.

Clinton ha dicho que un criterio muy importante para ella hacer su selección fue que su compañero de fórmula estuviera listo ya para ser presidente, en caso de que fuera necesario. Otro criterio, según ella, fue que el futuro vicepresidente esté en capacidad de llevarle la contraria, aconsejar un pensamiento distinto,  si lo estima conveniente. Y dadas las condiciones en que evolucionó la campaña por la nominación presidencial de su partido, con la fuerte avanzada del socialista Bernie Sanders hasta el final de la contienda, una tercera consideración, según Clinton, fue el carácter progresista del candidato a la vicepresidencia.

Por supuesto que estas no son las únicas consideraciones ni de Clinton ni de nadie que quiera alcanzar la presidencia de Estados Unidos. En la decisión de cómo completar el “ticket”, siempre se toma en cuenta el aporte en votos que puede proporcionar el potencial candidato, o que por lo menos no reste los votos. Y en este sentido, se piensa en el estado de donde proviene el compañero de fórmula y su arrastre entre los diferentes segmentos del electorado.

En el caso de Kaine, tiene que haber pesado el hecho de que el hombre es senador por Virginia, un estado conservador, pero sin férrea lealtad partidista en las elecciones presidenciales, y con 13 votos en el colegio electoral que escoge al presidente en noviembre (más que en 39 estados de la Unión). También que Kaine es de raza blanca. Hillary Clinton no necesitaba complacer ni a los latinos ni a los negros, ni al segmento femenino, en su selección del candidato a la vicepresidencia, porque en estos tres sectores aventaja considerablemente a Donald Trump. Entre los latinos, la ventaja es de 64% contra 24%. Entre los negros, es aún mayor, 91% vs 7%.Las mujeres respaldan a Clinton en una proporción de 59% contra 35% que prefiere a Trump. El mil millonario republicano, sin embargo, aventaja a la ex primera dama demócrata 51% contra 42% entre el electorado registrado de raza blanca.

El electorado de los Estados Unidos para los comicios del próximo noviembre va a ser el más diverso racial y étnicamente de los conocidos históricamente. Casi uno de tres votantes (31%) en noviembre va a ser hispano, negro, asiático o de otro grupo racial y étnico distinto al blanco no hispano. En 2012, esta participación era de 29%. Pero el votante norteamericano sigue siendo, como se ve, mayoritariamente blanco, 69%, según estos mismos números.

La verdad es que era un poco cuesta arriba para Clinton escoger a un latino, a un afroamericano o a una mujer como compañeros de fórmula. El hecho de que una mujer sea por primera vez la candidata presidencial de uno de los dos principales partidos ya es un reto suficientemente grande, que cambia parámetros tradicionales de la política estadounidense. Poner a dos mujeres en la oferta, que era lo deseado por Sanders, podía haber sido mucho para el electorado de este país. Igualmente hubiera ocurrido con la inclusión de un latino o de un negro, por muy calificados que fueran los precandidatos propuestos.

Tim Kaine ofrece otro balance a la campaña de Hillary Clinton, que tiene que ver con la imagen de la candidata. Y es que la campaña de Donald Trump se ha centrado en descalificarla presentándola como corrupta, algo que ha calado, en cierto modo, debido especialmente a las condiciones que ofrece el hecho de que tanto ella como Trump son los candidatos menos queridos por los votantes en muchos años. Una encuesta reciente de Washington Post/ABC News sobre las preferencias hacia los dos candidatos indica que a 57% de los electores no les gusta ningunos de los dos. De ese porcentaje, 46% tenía una opinión fuertemente desfavorable hacia Clinton y 45% la tenía hacia Trump (encuesta de finales de mayo de Washington Post/ABC News). Trump es quien ha explotado mejor esta circunstancia, aprovechando el hastío actual del electorado hacia los candidatos del “establishment”, que Trump definitivamente no es.

Apenas se supo de la escogencia de Tim Kaine como candidato a la vicepresidencia, Trump tuiteósobre supuestas aceptaciones cuestionables de regalos por parte del demócrata cuando fue gobernador de Virginia, antes de ser senador. El tuit se esfumó rápidamente sin mayores consecuencias noticiosas, porque ya Kaine había sido investigado al respecto y nunca se probó ninguna ilegalidad de su gestión como gobernador, además de que la trayectoria pública de Kaine siempre lo ha presentado como un hombre honesto, profundamente católico, sensible a las causas de los menos aventajados socialmente, apreciado y respetado por sus colegas, incluso republicanos. En este sentido, Kaine ofrece un buen balance al lado de Clinton.

Respecto al balance, Trump tuvo que hacer algo parecido cuando escogió al gobernador de Indiana, Mike Pence, como su compañero de fórmula electoral. El agresivo e insultante Trump, con tres matrimonios a cuestas, seleccionó como su vicepresidente a un líder conservador, evangélico, también profundamente religioso, respetado y bien relacionado en su partido desde su época en el Congreso, donde pasó 12 años, hasta que se lanzó y obtuvo en 2013 la gobernación de su estado.

El conservadurismo de Pence, por cierto, es enorme, sobre todo en temas en los que la sociedad norteamericana ya ha experimentado cambios significativos de percepción. El compañero de Trump, por ejemplo, no acepta el consenso de la comunidad científica acerca de que la actividad humana es la causa primaria del cambio climático en nuestro planeta. Pence no solo se opone al matrimonio entre personas de un mismo sexo, sino incluso a las llamadas uniones civiles. Se opone a que los homosexuales sirvan en las fuerzas armadas. En 2007, votó contra la Ley de No Discriminación en el Empleo, que buscaba prohibir la discriminación en el lugar de trabajo basada en la orientación sexual de las personas. También votó contra la ley que creaba el programa Medicare Parte D, un beneficio para pagar o abaratar la compra de medicinas por parte de personas de la tercera edad. Y en 2009, copatrocinó un proyecto de ley que hubiera limitado la ciudadanía a hijos de al menos un padre ciudadano estadounidense, de inmigrantes residentes permanentes en Estados Unidos y de extranjeros prestando servicios en las Fuerzas Armadas.

De Trump no se conocen demasiado sus posiciones en temas como los mencionados, ni tampoco sobre la profundidad de muchos otros, porque el candidato se ha concentrado en venderse él, en atacar en lo personal a sus contrincantes y asegurar que él es la solución a todos los males que pudieran existir en Estados Unidos. Las pocas veces que Trump se ha presentado con su candidato a la vicepresidencia, quien ha hablado es él, hasta cuando le hacen preguntas a su escogido acompañante.

Parte de la estrategia de Clinton es ahora la de proponerse como “nosotros”, en contraste con la de Trump; de que una sola persona no puede enfrentar la variedad y complejidad de retos que se le presentan a un país como los Estados Unidos. En ese sentido, la presencia de Tim Kaine también ayuda.

Toca ahora al bando de Clinton afinar el mensaje, sobre lo cual Trump, a pesar de sus vaguedades, es quien hoy domina la escena.Lo controversial de su persona, le ha provisto a Trump una publicidad gratis en los medios equivalente a 2,8 millardos de dólares en lo que va de campaña. A partir de mañana, es cuando de verdad se dará la largada.