• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Fermín Lares

Pasa esa página, Maduro

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Si es incomprensible el camino trazado por el régimen para resolver la crisis económica venezolana, es igualmente incomprensible su política internacional basada, desde que Hugo Chávez llegó al poder, en pelear con Estados Unidos.

Como recojo en mi libro El expediente del chavismo (La Hoja del Norte, Caracas, octubre 2014), citando a Javier Corrales (Amherst College, Massachusetts) y a Michael Penfold (IESA, Caracas), la autocracia electoral chavista tiene tres componentes distintivos: una abierta inclinación militarista; un estatismo arraigado en lo económico, y un activo compromiso en contraponer la influencia de Estados Unidos en la región latinoamericana.

La anticuada política antimperialista chavista, desubicada en el mundo globalizado de hoy, donde todos, querámoslo o no, estamos interconectados de una u otra forma (especialmente en lo económico, aunque también en lo ambiental, o en lo comunicacional, que es la base de esa globalización) reside en un resentimiento enfermizo contra Estados Unidos, que lleva a la paranoia y desecha la realidad.

Nadie niega que la política internacional de Estados Unidos hacia América Latina haya sido imperialista e intervencionista en el pasado. Todas las potencias del mundo occidental lo fueron hasta finalizar la Segunda Guerra Mundial, que se escenificó tanto en territorio europeo como en las colonias y protectorados de esas potencias en Asia y África. Después de esa guerra, la ideología imperante en el mundo fue la de la independencia y la descolonización, aunque ninguna de las dos se produjera en todas partes de un modo inmediato.

De este lado del mundo, en las Américas, casi hasta el final del siglo XX, Estados Unidos intervino de modo abierto y encubierto en los asuntos latinoamericanos y del Caribe, aun después de la Segunda Guerra Mundial, movido fundamentalmente por la Guerra Fría, que prosiguió a la última gran conflagración mundial.

Latinoamérica no olvida ninguna de esas intervenciones, desde la apropiación del Canal de Panamá, dividiendo a Colombia, a principios del siglo XX, hasta la invasión a Granada en la época de Reagan, pasando por el derrocamiento de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954; el desembarco de marines en República Dominicana, en 1965; Bahía de Cochinos, en Cuba, años antes, y las operaciones encubiertas en el Chile de Allende.

El sentir latinoamericano –como seguro es el sentir gringo, español o africano– es hondo y complejo. Si no, véase la evolución de las relaciones de toda Latinoamérica con Cuba, aun con diferencias de régimen y sistemas. Cuba también intervino abierta y encubiertamente en los asuntos de otros países de la región, promoviendo y organizando guerrillas subversivas en varias naciones; entrenando guerrilleros para que pelearan en países hermanos. Y, sin embargo, los países latinoamericanos fueron uno a uno restableciendo relaciones con la isla. En el caso venezolano, lo hizo Rafael Caldera, un presidente católico y conservador. Y el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, adeco, promovió la creación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), con presencia oficial cubana. Eso de Celac no es nada nuevo.

Una de las razones esgrimidas por Barack Obama para reanudar relaciones con Cuba es precisamente que el tema fue por varios años un escollo en la relación con el resto de Latinoamérica. Pero para bailar tango se necesitan dos, y en ese sentido, los cubanos tienen que estar interesados –como lo están– en mejorar esas relaciones que, sin duda, le van a traer inmensos beneficios económicos.

Cuba fue un socio comercial importante de Estados Unidos antes del embargo iniciado contra la isla en los sesenta y reforzado por ley en 1996. Las exportaciones de Estados Unidos a Cuba al final de los cincuenta eran de alrededor de 13% del total de exportaciones a Latinoamérica, con un volumen en dólares similar en aquel entonces al de las exportaciones americanas a Francia. Y las exportaciones cubanas a Estados Unidos eran de una magnitud parecida.

La economía cubana de hoy, más orientada hacia el turismo, se beneficiará inmediatamente al normalizar relaciones, con un aumento constante del flujo de turistas norteamericanos, una medida realizable sin levantar el bloque comercial. Otra medida inmediata va a ser el envío de remesas en dólares que más de 2 millones de cubanos y sus descendientes podrán hacer desde Estados Unidos. Y Cuba se amoldará más a la modernidad globalizadora con los convenios que vendrán de mejoras en la infraestructura tecnológica de Internet en la isla.

Levantar el embargo probablemente sea más lento y gradual, porque la condición que se estableció legalmente para eliminarlo fue la de resarcir la deuda de más de 1,8 millardos de dólares por las expropiaciones que hizo Cuba en el pasado de empresas y propiedades americanas, sin pago alguno. Ahí va a haber una tranca para el Congreso republicano.

Si Cuba se está entendiendo con los gringos, después de una agria relación que casi provoca un enfrentamiento nuclear en el planeta en 1962, ¿cuál es la paranoia del chavismo y la insultadera y atribuciones fantasiosas sobre supuestas conspiraciones contra el régimen? ¿Que se quieren coger el petróleo venezolano? ¿Cuál petróleo?

Esa es otra fantasía, la de que Venezuela tiene las más grandes reservas petroleras del mundo. Allí en la faja se quedarán sin explotar esas reservas de petróleo superpesado si no hay entendimiento con las petroleras canadienses y de Estados Unidos, que son las que tienen la tecnología y el financiamiento para sacarlo. No son las asociaciones uruguayas, argentinas o iraníes las que lo pueden hacer. Y los chinos invierten a cambio de crudo, no de plata contante y sonante. La dan, pero prestada.

Los odiados yanquis y sus vecinos de más arriba son los que tienen la experiencia y el dinero para sacar esos barriles de los que el régimen, de paso, se empeñó en depender, descuidando la producción de crudos livianos y medianos, y el gas asociado, porque despidieron al personal que sabía cómo mantener los pozos maduros y los campos geológicamente complejos, porque expropiaron a las empresas venezolanas que les hacían servicios, porque no se invierte en exploración, en mantenimiento ni en seguridad.

Por otros lado, los americanos son hoy el primer país productor de gas y están cerca de ser otra vez, después de muchos años, el primer productor de petróleo. Dependen cada vez menos del petróleo extranjero y siguen desarrollando fuentes alternas de energía.

En cuanto al crudo pesado venezolano, las importaciones de Canadá a Estados Unidos han crecido, comparadas con las venezolanas. Casi 20% del petróleo pesado importado en el año 2000 provino de Canadá, comparado con 38,3% que llegó desde Venezuela. Pero ya en diciembre de 2010, el crudo pesado importado por Estados Unidos fue 28,2% canadiense y 24,4% venezolano. El controversial oleoducto propuesto por Canadá, para transportar petróleo desde la provincia de Alberta hasta las refinerías del Golfo de México, puede contribuir aún más a la reducción de la compra estadounidense de petróleo venezolano.

La política de Maduro hacia Estados Unidos es de tumbos y contradicciones. Quiere acercarse al Norte, pero con un interlocutor (Samper) que los gringos no quieren ver, porque alegadamente recibió financiamiento del narcotráfico para su campaña presidencial en Colombia. El año pasado nombró un nuevo encargado de negocios en Washington, supuestamente para recomponer la relación, pero canta al alimón con Diosdado Cabello para endilgar al gobierno de Obama intenciones desestabilizadoras en Venezuela.

Maduro debe poner los pies sobre la tierra y darse cuenta de que los únicos que le pagan a Venezuela de contado y en efectivo por su único producto de exportación son Estados Unidos, del cual el régimen se ha hecho más dependiente por su errática política económica y petrolera. No hay que arrodillarse ante nadie, pero hay que ver las realidades. A Estados Unidos le sobran recursos para sacarse de un tajo a Venezuela si así lo quisiera.

El Muro de Berlín cayó en 1989, hace 26 años, y el mundo ha cambiado muchísimo desde entonces. Pasa esa página, Maduro, por favor.