• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

Al instante

Parafraseando a Lenin: Tres fuentes, tres partes integrantes

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Tres lecturas me revivieron esta semana inquietudes que uno tiene permanentemente sobre la situación en Venezuela.

Una fue un artículo del The New York Times, puesto a circular en las redes sociales y de correos electrónicos, sobre los guisos que genera el control cambiario, complementado por un análisis de la revista Foreign Affairs. La otra fue una carta pública de Luis Vicente León, el encuestador de Datanálisis, al secretario ejecutivo de la MUD, Chúo Torrealba. Y la tercera fue un artículo de Mitzy Capriles de Ledezma, la esposa del alcalde metropolitano de Caracas, publicado en este mismo diario.

1. La primera la vinculo a una máxima que uno escucha en Estados Unidos sobre cómo descifrar y resolver ciertos crímenes, incluso algunos pasionales: follow the money (sigue al dinero). No puede ser que la incapacidad y la indolencia hacia el resto de los venezolanos sean las únicas razones del régimen para seguir con un control de cambios que lo que promueve es el guiso, no frena sino que estimula la fuga de capitales, y está adosado con una política económica destructiva de las capacidades del país.

El reportaje del The New York Times hizo énfasis en las falsas importaciones, o importaciones con sobreprecios exorbitantes; en empresas que piden dólares para compras en el exterior, de las cuales traen solo 10% de lo que dicen estar importando, y revenden los dólares sobrantes en el mercado negro.

La defenestrada expresidenta chavista del Banco Central, Edmée Betancourt, habló de entre 20 millones y 59 millones de dólares desaparecidos solo en 2012, por las fraudulentas transacciones de importación. Autoridades panameñas han indicado que casi 1 millardo de dólares de supuestas importaciones provenientes del istmo son de bienes que nunca existieron. Denuncias parecidas vienen del Ecuador, donde hay juicios contra venezolanos con empresas fantasmas o con negocios chimbos de este tipo, que provocaron el colapso de un banco ecuatoriano, por el tamaño de las operaciones fraudulentas que realizaron en ese país.

No se trata de que haya empresarios malos o buenos, ni de dejar las cosas a la voluntad de la gente, a la moral del buen ciudadano, sino de crear mecanismos que al tiempo que garantizan la libertad individual y de emprendimiento, sirvan de control para que no se abuse de ellas. Como recordé hace varios artículos atrás, rememorando al exministro Miguel Rodríguez: si a la Madre Teresa la hubieran puesto al frente del Recadi –el sistema de control de cambios que hubo hasta Lusinchi–, ella también hubiera raspado la olla, así fuera para entregarles los reales a los pobres. Era muy fácil el guiso, como lo es ahora, para quienes tienen acceso a los dólares preferenciales.

Nada de eso se hace sin mojarle la mano a alguien en el gobierno. O sin mojarle la mano a familiares y testaferros de quienes están en el gobierno. Follow the money.

El ensayo de Foreign Affairs menciona este mismo problema y dice que con un control de cambio como el que hay en Venezuela solo las empresas con acceso a las ratas preferenciales pueden competir y sobrevivir; el resto desaparece, lo cual, aunado a la combinación de expropiaciones y controles de precios, crea la severa escasez de comida y otros bienes de consumo básico que se acrecienta.

Las políticas económicas del chavismo hacen que el régimen tenga que considerar medidas de ajuste que odiaría poner en práctica: reducir los gastos, el recurso que ha usado más frecuentemente para ganar elecciones; vender las empresas que expropió, que por lo arruinadas que están generarían pocos ingresos por sus ventas, si es que hay alguien interesado en comprarlas; aumentar el precio de la gasolina, por lo que chillarían los más necesitados; o ser más autoritario y autocrático, para controlar poco a poco la situación. Según Foreign Affairs, esta última ha sido una de las respuestas ya escogidas por el chavismo.

La revista va bien lejos en este aspecto.  Como indicador, señala que los militares ahora tienen más puestos en el gabinete, más beneficios y más discreción en sus actuaciones, “mayor laxitud para reprimir disidentes y para participar en actividades de mercadeo ilícito, incluido el narcotráfico”. La revista asegura que el régimen ahora depende de “lo que pudiéramos llamar mili-narcos: fuerzas de seguridad del Estado vinculadas al tráfico de drogas”. Y como ejemplo de su aseveración, recuerda la respuesta que Maduro dio a la orden ejecutiva de Obama en marzo pasado contra seis militares en el gobierno: la promoción a los sancionados. El caso de estos seis militares es un asunto que nadie pidió nunca investigar en Venezuela, verificar cuál podía ser el guiso del cual los acusaba el imperio.

2. La carta pública de Luis Vicente León se concentró en pedir “mensaje” a la dirigencia opositora representada en la MUD, que la tiene parcialmente de papaya en las futuras elecciones parlamentarias. Parcialmente, porque la oposición, dice el encuestador, supera claramente al chavismo en disposición de voto parlamentario, pero las “oportunidades opositoras hoy poco tienen que ver con ella misma y se deben más al deterioro chavista que al fortalecimiento opositor”.

Analiza León: “La oportunidad opositora, Chúo, es energía potencial y el reto es convertirla en cinética, cuanto antes para poder consolidarla. Ahí afuera hay un mercado abierto a oír opciones alternativas. A escuchar a alguien que le cuente una historia que lo emocione y estimule. Que le permita soñar con un país en el que todos cabemos, aportamos y podemos vivir mejor. En el que vale la pena quedarse y por el que tiene sentido luchar. Y para eso no es suficiente ofrecer otro cambio de uno por otro. Es necesario crear la expectativa de que sí se puede construir un país moderno y no se hace planteando un conflicto existencial equivalente al de los adversarios sectarios y excluyentes que propones cambiar”.

Comparto plenamente lo que plantea Luis Vicente León. La palabra la tienen los partidos y dirigentes participantes de la MUD, que en el pasado le dejaron una carga bien pesada a Ramón Guillermo Aveledo, a él solo.

3. El artículo de Mitzy de Ledezma fue refrescante, un brevísimo resumen de los resultados de su labor y de Lilian Tintori de López, en Europa y América Latina, cuyos frutos han sido, como ella misma lo dice, “la ya larga cadena de adhesiones solidarias que se han puesto de manifiesto en parlamentos de todo el mundo, entre otros, el Europeo, de España, Chile, Colombia y  Perú”, exigiendo la libertad de su esposo, de Leopoldo López y de todos los presos políticos de Venezuela. El Senado brasileño se pronunció también en ese sentido y hasta la cancillería de Dilma los recibió.

Las esposas de los presos políticos le han estado latiendo en la cueva a los amigos del régimen, en la cueva de quienes se dicen socialistas, de quienes fueron presos (presas y perseguidas, en el caso de las presidentas de Brasil y Chile) y se han resistido a defender la causa de la libertad y del ejercicio de los derechos humanos de los venezolanos. Bueno, aquí también es probable que quepa pensar en lo que dijimos al principio, pero a nivel de Estado: follow the money.

Lilian Tintori primero y Mitzy Capriles después, y las dos juntas, han logrado en el ámbito internacional lo que nunca había logrado la propia MUD, sin el aparente concierto de la mesa unitaria ni de los partidos de sus maridos (es como luce desde afuera). Además de parlamentos y partidos, doce expresidentes latinoamericanos, diez exgobernantes europeos, dos africanos y dos asiáticos se han sumado a la causa democrática venezolana. Ya no son solo los malditos gringos del imperio.