• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Fermín Lares

Muéstrame los pelos

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Lo que hay es una clara estrategia de provocación, impresionante por lo grave de las decisiones que toma el régimen para ponerla en práctica. Busca reacciones extremas tanto del liderazgo opositor, con la detención de Ledezma, como del enemigo externo que quiere crear en Estados Unidos.

Y no se piense que el chavismo está desesperado o improvisa. Se siente sobrado con el poder de las armas y los recursos formales del Estado. Con ellos se quiere mantener a toda costa. No se siente arrinconado por la hipercrisis económica y social en la que se encuentra el país. Su problema es cómo preservar su legitimidad frente a ese enorme descontento por la falta de todo: comida, servicios, medicinas, seguridad, orden. Hasta en las peores dictaduras es necesario un mínimo de legitimidad. Si no, miremos hacia Siria.

Por supuesto que el régimen está viendo que con las condiciones actuales pierde las elecciones parlamentarias de este año. Por ello aplica esta escandalosa estrategia de provocación. Busca la reacción violenta e impulsiva del liderazgo opositor. Quiere justificar una posible posposición de los comicios, y mientras tanto minar el liderazgo democrático mediante detenciones, persecuciones y allanamientos a los dirigentes principales. Si no se pospone la elección, que sea difusa la referencia del liderazgo alternativo. Que haya menos incentivos para votar. Del resto, como vaya viniendo vamos viendo.

El liderazgo opositor no puede caer en la provocación, ni tampoco creer que el descontento de la gente le tiene asegurada la victoria en las legislativas. Las encuestas siguen indicando que ese descontento no está canalizado hacia el liderazgo opositor democrático. La dirigencia opositora democrática también tiene que ganarse su legitimidad. Tiene que mostrarse sólidamente unida, como una alternativa real para el cambio necesario. Y tiene que trabajar la victoria preparándose para perder, preparándose para el camino largo.

El liderazgo opositor está en lo correcto en identificar las elecciones parlamentarias de este año como un objetivo clave de la estrategia para adelantar los cambios políticos que necesita el país. Hay que intentar ocupar aunque sea uno de los poderes del Estado para influir en el funcionamiento del todo. Es coherente con el deseo del cambio por la vía pacífica, electoral y constitucional. Pero deseos no preñan, como hemos dicho en otra ocasión, especialmente cuando el régimen no se va a quedar con los brazos cruzados, esperando a perder las elecciones.

La estrategia del régimen no es improvisada ni errada, porque no busca una solución a los problemas acuciantes del país, sino seguir mandando a como dé lugar. Y se equivoca quien piense que es Nicolás Maduro el que la traza. Hay un equipo que la diseña y la desarrolla, con unos izquierdosos recalcitrantes de un lado, unos extremistas de derecha del otro (los fascistas verdaderos, que como Mussolini, apelan al pueblo y al socialismo nacionalista, y de la boca pa’ fuera se autodefinen como revolucionarios) y un sector militar, aliado mayormente con el grupito fascistoide, todos disfrutando de las mieles del poder. A todos les conviene seguir juntos.

El liderazgo opositor tiene que trabajar para hacerse creíble y lograr que el descontento se canalice hacia las opciones democráticas, hacia los partidos y líderes democráticos. No se trata solamente de un cambio de gobierno, sino de rescatar la democracia, rescatar la legalidad institucional, el espíritu y letra de la Constitución; recomponer lo que antes funcionaba bien en Venezuela para volver a arrancar, que no va a ser fácil. La reacción opositora debe ser clara, educativa, de líderes con seguidores activos y conscientes.

La alternativa democrática debe mostrarse sólida. Hace tiempo que Capriles tenía que haber tenido el gesto de visitar a Leopoldo López en Ramo Verde. La alternativa democrática debe demostrarse como algo real y tangible. Hace tiempo que el liderazgo opositor, no un grupito de economistas, debió haber presentado públicamente un plan ante la crisis, con toda la bulla del caso. La gente no quiere explicaciones técnicas de la crisis. La gente sufre la crisis. Y con tanto desencanto, lo que la gente quiere ver son alternativas políticas creíbles, que el liderazgo opositor se está tomando esto en serio. Los líderes políticos de los partidos, con Capriles, María Corina, Ledezma y Freddy Guevara a la cabeza, todos juntos, hace tiempo debieron haber presentado al país un conjunto de propuestas básicas para resolver los problemas de la escasez, de la falta de medicinas, de la falta de agua y luz, de la criminalidad, de la inflación, los problemas acuciantes de los venezolanos. “Estos son los cuatro o cinco pilares básicos”. No seguir desarrollando una política reactiva dictada por el chavismo.

El liderazgo opositor tiene que picar adelante en el debate con políticas y propuestas propias, dentro y fuera del país, resolver rápido lo de las candidaturas parlamentarias y ponerse a trabajar desde ahora para el futuro y presentárselo a Venezuela. Que sea el régimen el que se vea obligado a responder y a aclarar.

El caso Ledezma es ilustrativo de que el régimen no improvisa. La prisión de Leopoldo López se estaba convirtiendo en una creciente referencia internacional sobre la escasa vocación democrática del chavismo, una referencia que podía empezar a trasladarse también al plano nacional. La solución del régimen fue su usual huida hacia delante. Ahora no son uno sino dos los presos. Ya no es un líder el que está creando problemas, sino varios anotados en una conspiración. Se eliminó el riesgo del crecimiento referencial de un líder preso con la detención de otro, y la posibilidad de más líderes presos y diputados allanados en el futuro. El supuesto apoyo yanqui a la sedición ayuda. Y se van poniendo piedras en el camino de las elecciones parlamentarias.

El régimen se la juega y agresivamente. Ahora Capriles va a tener que visitar a dos. Hay que dar pruebas más fehacientes de la unidad. Y presentar alternativas. Muéstrame los pelos de la mula. No me digas que es parda.

 

(PS: Cumplimos con el deber de informar a los servicios de inteligencia oficial que los señores Bush, Cheney y Tenet son del gobierno anterior. El presidente gringo ahorita es Barack Obama, el vicepresidente es Joseph Biden y el jefe de la CIA es John Brennan. La cartilla que le leyeron a Maduro como que es de la época de Chávez).