• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Matrimonio obligado

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La respuesta de Estados Unidos a las medidas tomadas por el régimen chavista tiene su piquete, al igual que la contra-respuesta del gobierno de Maduro. Empecemos por los militares, dijeron los americanos. Y Maduro se lanzó con una de mucho simbolismo. Nombró ministro del Interior al general, al militar director del Sebin, el organismo con las acusaciones más frecuentes de violaciones a los derechos humanos por parte de la oposición y de las organizaciones no gubernamentales nacionales.

El piquete es militar, por los dos lados.

Los norteamericanos ya habían hablado de que en los últimos meses se había negado visa de ingreso a unos 56 venezolanos, fundamentalmente por razones de violación a derechos humanos. Los nombres no se conocen, porque por ley, el Departamento de Estado no puede informar sobre nombres ni razones por las cuales se le niega visas a nadie. En el caso que nos ocupa, la medida fue extendida a estos siete, a través de una existente Ley (Act) de Poderes de Emergencia Internacional, que ofrece la posibilidad de imponer sanciones económicas a individuos y entidades foráneas, si se considera que la seguridad nacional norteamericana está amenazada en uno o varios de sus aspectos.

Las razones específicamente mencionadas para sancionar a los seis militares y a la fiscal Haringhton fueron políticas, pero se agregó el congelamiento de sus bienes y activos en Estados Unidos alegando motivos de corrupción, y se dijo que Estados Unidos desea proteger su sistema financiero, por lo que se justifican este tipo de sanciones, que ejecutará el Departamento del Tesoro. En este caso, la ley permite divulgar los nombres de los sancionados.

Yo ya había enviado mi artículo semanal a este diario cuando la Casa Blanca anunció sus medidas contra el grupo de altos oficiales de la Fuerza Armada Bolivariana y contra la fiscal acusadora de María Corina Machado y el alcalde Antonio Ledezma. Y empezaba señalando que el régimen bolivariano no quiere romper relaciones con Estados Unidos, a pesar de toda su bulla.

Decía, y ahora lo resumo, que las medidas decididas por el régimen de exigir visa a los estadounidenses, los limites al número de funcionarios americanos en Caracas e incluso las prohibiciones de sus reuniones con terceros eran perfectamente calables, porque se pueden responder con reciprocidad.Que el problema quizás se presentaba si Estados Unidos decidía reducir en su patio el personal consular venezolano, porque eso a quien afectaba, como ocurrió en Miami, era a los venezolanos que viven en Estados Unidos, por lo engorroso que les resultaría realizar trámites legales que les conciernan en lugares distantes a su residencia, en un país tan grande.

Aunque no lo escribí, si pensé que Estados Unidosiba a dar una respuesta, pero que le doliera más al régimen, como en efecto ocurrió. Esta vez Maduro respondió ya no sólo para hacer bulla. A pesar de que en más de una hora no aportó ninguna prueba conspirativa de su enemigo del norte, su discurso para rescatar la dignidad nacional sirvió de justificación del espaldarazo que se vio obligado a darle a los militares del gobierno y al cuerpodirigido por ellos que el liderazgo opositor –y el imperio- acusa de ser el más represor.

Las medidas iniciales de Maduro se produjeron sin que Estados Unidos hubiera puesto en ejecución, al menos públicamente, la ley sancionatoria aprobada por el Congreso americano en diciembre pasado. Ahora los gringos explicaron que estaban esperando si se producía un diálogo entre gobierno y oposición en Venezuela, y si la gestión de los países latinoamericanos daba lugar a ese objetivo. En realidad, no querían caer en la provocación y darle más municiones a Maduro para su bulla. Pero el jefe nominal del chavismo insistió en huir hacia delante con sus medidas, para desviar la atención de los problemas domésticos hacia un enemigo externo.

Decíamos en nuestro primer borrador que el chavismo en el poder pierde la brújula en su relación con Estados Unidos, a través de una verborrea sin sentido, que obnubila al mismo régimen respecto de lo sí debe ocuparse en el plano internacional. Ahí está el caso de las concesiones otorgadas por Guyana a la Exxon, para que explore en aguas marítimas disputadas con Venezuela.La estupidez ideológica del régimen descuidó ese frente desde que Chávez llegó al poder y los guyaneses se han aprovechado muchas veces no sólo de la falta de atención al diferendoterritorial y limítrofe de Guyana y Venezuela, sino de las cucarachas en la cabeza de aquellos que creen que Estados Unidos siempre buscó que los dos países suramericanos se pelearan por el carácter progresista de quienes gobernaban al vecino país. La verdad es que Chávez no quería pelearse con la comunidad anglófona del Caribe, que siempre ha respaldado a Guyana, para contar con ella en las votaciones de la OEA y quitarse el sambenito del ente interamericano a la hora de dirimir denuncias de violaciones de derechos humanos o de carencias en el ejercicio de las libertades políticas bajo su régimen.

Con la reacción norteamericana y la contra reacción venezolana, Venezuela está ahora más distraída de un problema como el que representa que la Exxon-Mobil empezó este fin de semanaa perforar en un área donde sí están en juego la soberanía territorial venezolana y el control de cuantiosos recursos petroleros y gasíferos.Ahí sí la cosa es en serio. Nuestros hermanos suramericanos de Guyana se buscaron una empresa gringa para que opere en aguas marítimas frente a la costa del territorio que Venezuela reclama, y en aguas que podrían ahorita mismo ser venezolanas, dependiendo de hacia dónde se tire la línea recta que va desde Punta Playa, en Delta Amacuro, hacia el Atlántico. Eso sí es serio, y si el régimen se tarda mucho, los gringos podrían meterse de verdad en el asunto.

Los norteamericanos, aun este lunes, decían que están dispuestos a mejorar su relación con el gobierno venezolano, especialmente en un momento en que “hemos abierto nuestros compromisos con cada nación de las Américas”, aludiendo a Cuba. “Venezuela ha optado irse en la otra dirección”.

La jugada del régimen no apunta a romper las relaciones, a pesar del llamado a consultas del encargado de negocios en Washington. La bulla sigue, pero se está poniendo más delicada.