• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Democracia en acción

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Fue una semana de debates democráticos, en Venezuela y en los Estados Unidos.

Por primera vez en más de 16 años, el chavismo en el poder tuvo que rendir cuentas ante una Asamblea Nacional con mayoría de la oposición. Un ejercicio de democracia.

Los peseuvecos, no obstante, no terminan de acostumbrarse y se resisten a aceptar que las cosas empezaron a cambiar. Por un lado, Maduro insistiendo en que la impresionante crisis económica que vive el país se debe a la supuesta guerra económica y anunciando para su solución más de lo mismo: autorización para más discrecionalidad desde el Ejecutivo, repitiendo las mismas recetas que han llevado al país donde está, y autorización para seguir expropiando empresas productivas. Por el otro, la insistencia de los parlamentarios oficialistas en sabotearle la intervención al presidente de la Asamblea, quien dio un discurso ejemplarmente democrático, particularmente respetuoso hacia el jefe del Estado.

El país lo vio por televisión y sacó sus propias conclusiones. Allá los que no quieran rectificar.

 

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“Pero la democracia sí necesita unos lazos básicos de confianza entre sus ciudadanos. No funciona si creemos que la gente que no está de acuerdo con nosotros está motivada por la malicia, o que nuestros oponentes políticos son antipatriotas. La democracia deja de funcionar si no estamos dispuestos a llegar a un compromiso; o incluso cuando se debatan hechos básicos escuchamos solo a quienes están de acuerdo con nosotros. Nuestra vida pública se marchita cuando solo reciben atención las opiniones más extremas. Ante todo, la democracia deja de funcionar cuando las personas sienten que sus opiniones no son importantes; que el sistema está amañado a favor de los ricos y poderosos, o de algún interés específico.”

Qué bueno hubiera sido que estas palabras las hubiera pronunciado Nicolás Maduro ante la Asamblea. Pero no, salieron del presidente del imperio maligno, de Barack Obama, quien en la misma semana rindió por última vez su cuenta ante el Congreso, porque el año próximo le tocará a quien gane las elecciones en noviembre.

Hubo una diferencia notoria sobre la forma en que de manera inmediata se produjo la refutación de la oposición a los dos discursos presidenciales, tanto al del venezolano como al del norteamericano. El partido republicano, que es el que está en la oposición en los Estados Unidos, expresó su posición sobre el discurso de Obama en una suerte de cadena de televisión, pero desde fuera del Congreso. Es la tradición. Una vez que el presidente ofrece su versión del Estado de la Unión, la oposición ofrece la suya por las cadenas nacionales de televisión, pero desde fuera del recinto parlamentario.

Imagino que para preservar la majestad de la institución de la Presidencia y del propio acto en el Congreso. El presidente habla, nadie le refuta en la cámara y él se retira. El presidente de Estados Unidos, en realidad, no está obligado a hablar ante las cámaras legislativas, sino de presentar un informe por escrito. En el pasado, algunas veces hasta se presentó por partes el Estado de la Unión; lo económico por un lado, lo político por el otro, y así por el estilo. La presentación oral se ha impuesto por costumbre.

A lo mejor me traiciona la memoria, pero no recuerdo que en el viejo congreso bicameral venezolano de la Constitución de 1961 haya habido una respuesta inmediata de los parlamentarios, después de que el presidente rindiera cuentas al Congreso. Tampoco lo recuerdo con Chávez en la Asamblea. Esta vez, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, comentó en la cámara el discurso presidencial, transmitido en la misma cadena que se originó con la transmisión de la intervención de Maduro.

Y afortunadamente fue así, porque de acuerdo con la experiencia revolucionaria venezolana de los últimos años, es muy poco probable que un representante de la MUD hubiera podido refutar la palabra presidencial, en cadena, fuera del recinto del Parlamento. El régimen cedió el espacio televisivo a la oposición en esta oportunidad, no sin antes advertir al país, en la rendición de honores al Presidente por parte de la Fuerza Armada, antes de entrar al Palacio Legislativo, que la alta jerarquía militar es chavista, está con el comandante eterno. Una manifestación de fidelidad abiertamente violatoria de la Constitución. Por eso, Ramos Allup no se aguantó para referirse en su intervención a la necesidad de que la Fuerza Armada se mantenga no deliberante y sin apellidos.

Por el lado gringo, la discusión política pública se intensificó durante la semana con la realización de los últimos debates de los precandidatos presidenciales de los dos partidos, el demócrata y el republicano, antes del primer escarceo electoral que tendrán todos este febrero en el estado de Iowa.

Para la mayoría de los críticos, Trump siguió dominando la escena en este último debate antes de las primarias, aunque Cruz, senador tejano de padre cubano y madre estadounidense, le pisó todo el tiempo los talones. De hecho, Cruz, de quien Donald Trump ha puesto en duda la legalidad de su aspiración presidencial, porque nació en Canadá, se mostró bien preparado para la pregunta sobre su nacionalidad. Su mejor momento fue quizás cuando recordó que Trump había dicho en septiembre que él y sus abogados habían escudriñado mucho este tema y no habían encontrado nada al respecto, la cuestión del nacimiento. Al mencionar esto, Cruz hizo una pausa permitiendo al público su aplauso, y soltó la bomba: “De septiembre para acá, la Constitución no ha cambiado”, y los aplausos aumentaron. “Lo que ha cambiado son los números en las encuestas.”

La interpretación constitucional es que aquel nacido fuera de Estados Unidos, pero de padre o madre nacida en el país, es considerado ciudadano por nacimiento. Y las encuestas han colocado a Cruz cerca de ganarle al delantero Trump en las elecciones de Iowa, y de segundo con poca diferencia en las de New Hampshire, que son las primarias que siguen.

Ari Fleisher, el talentoso secretario de prensa de George W. Bush, opinó: “Creo que Ted Cruz ganó, gracias a lo fuerte que fue especialmente al comienzo, cuando le respondió a Trump acerca del sin-sentido de la ciudadanía.” Y agregó: “Trump fue Trump, y eso significa que tuvo una buena noche. Le doy un chance de 60% de ser el nominado del G.O.P. (Grand Old Party, como llaman al partido republicano).” Guao.

En cuanto a los demócratas, que debatieron el fin de semana, la mayoría de los críticos vio la pelea más o menos pareja entre Hillary Clinton y Bernie Sanders. Chuck Todd, el moderador de “Meet the Press” (el “Frente a la Prensa” dominical de la cadena NBC), lo redondeó de esta manera: “¿Quién llevó la delantera? Si usted solo vio el debate y no leyó las encuestas, usted puede asumir que fue Sanders.”

El senador socialista de Vermont fue consistente en sus posiciones atribuyendo a la codicia de los mil millonarios mucho de los males actuales de la sociedad norteamericana. La novedad en Clinton fue que en casi todas sus respuestas alabó siempre a Obama; por haber sacado al país de la gran recesión, por el acuerdo nuclear con Irán del cual ella estaba muy satisfecha de haber formado parte, por el manejo hecho por el presidente de la situación en Siria. Su identificación con Obama fue tal que uno de los comentarios citados por la gran prensa estadounidense fue el de que “si Hillary hubiera abrazado a Obama más fuerte, Michelle hubiera tenido que haberse metido.”

Fue una semana de democracia en acción (¿o de acción democrática?)

 

@LaresFermin