• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Fermín Lares

Charlie 2 (o sobre la libertad)

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El atentado contra el semanario francés Charlie Hebdo ha traído toda clase de colas. No solo son las manifestaciones masivas de musulmanes en contra de la publicación. Los europeos buscan ahora coordinar mejor sus fuerzas para prevenir actos similares y descubrir vínculos de redes internas y externas con los terroristas que asesinaron a 12 personas durante el ataque al semanario. Al Qaeda-Yemen confirmó la autoría intelectual y su apoyo a la acción contra la revista. Todo esto, si se quiere, era de esperarse.

Pero las secuelas del atentado y sus implicaciones generaron un cúmulo de otras discusiones. Por ejemplo, ¿son los países europeos más proclives a sufrir atentados de ciudadanos que profesan la fe musulmana que Estados Unidos? ¿Tiene esto que ver con el volumen de inmigrantes musulmanes en los países europeos? Un abogado de la comunidad musulmana de Detroit lo pintó de esta forma en un programa de TV de Estados Unidos: “Para la persona que inmigró aquí hace 20 años llamada Mohammed, su nieto también llamado Mohammed, es ahora Mike. Veo una asimilación en muchos otros niveles”.

Una periodista de raza negra que estaba en el mismo programa de TV, hija de inmigrantes, se había referido antes al hecho de que la población musulmana en Francia es mayor que la que vive en Estados Unidos, “y esa población realmente no se ha asimilado”. Ella hablaba de cómo son tratados los inmigrantes en Francia, que viven en los suburbios de París y no son realmente parte de la cultura francesa. Recordó las leyes que impiden a las mujeres musulmanas llevar puestas sus burkas (no dejan que las niñas musulmanas asistan a sus escuelas ni con un velo en la cabeza). “Mi familia se mudó a Estados Unidos hace 20 años, y hay una razón por la cual escogimos venir a Estados Unidos, en lugar de Europa, pensamos que nos iban a tratar mejor”, dijo la corresponsal de The New Yor Times en Washington, Helen Cooper.

Charlie Hebdo tiene un cierto vínculo con estos problemas de segregación. La hostilidad del mundo musulmán hacia el semanario francés viene de hace unos 10 años, desde que la revista reprodujo 12 caricaturas de Mahoma anteriormente publicadas por el influyente diario danés Jyllands-Posten, que desde principios del milenio venía haciéndose eco junto con otros medios de Dinamarca de las políticas racistas antiislámicas promovidas por el derechista Partido del Pueblo. En septiembre de 2005, Jyllands-Posten publicó 12 caricaturas de Mahoma de distintos autores, invitados a que lo dibujaran “como ustedes lo ven”. Los dibujos aparecieron junto a un editorial titulado “La amenaza de la oscuridad”, aludiendo al islamismo. Algunos eran incluso críticos de la posición del periódico. Pero ello no frenó las protestas en varias partes del planeta, ataques a embajadas del mundo occidental y boicots contra Dinamarca y bienes daneses.

Según estudiosos del caso, aun cuando Charlie Hebdo hubiera reproducido las caricaturas como una forma de defender la libertad de expresión, ello representó para los musulmanes una extensión de la campaña antiislámica que se llevaba a cabo en Dinamarca. La portada de Charlie Hebdo en esa oportunidad pintaba a Mahoma llorando, bajo el título de: “Mahoma abrumado por el fundamentalismo”.

Desde una perspectiva no musulmana, las caricaturas de Charlie Hebdo pueden lucir inofensivas. Pero el contexto en que se publican vale la pena considerarlo.

Ningún medio impreso de gran circulación o ninguna cadena de TV norteamericana ha publicado las portadas de Charlie Hebdo, aun con la atención que el semanario ha despertado después del reciente atentado. El gobierno estadounidense cuida mucho su vocabulario cuando se refiere al extremismo islámico, trata de no herir susceptibilidades e intenta diferenciar la fe musulmana de ese extremismo. Los grandes medios de Estados Unidos reflejan ese sentir gubernamental.

La prensa europea tiende a ser menos acomodada con sus gobiernos, incluso la oficial BBC inglesa. Y aun cuando a veces parezca lo contrario, en comparación con Estados Unidos, la cultura europea tiende a ser más atrevida. Nunca se me olvida una frase del actor italiano Marcello Mastroiani: “Nos encanta pecar porque tenemos a la iglesia más cerca”.

Uno defiende a capa y espada la libertad de expresión y de pensamiento. Y uno no puede sino condenar un hecho barbárico como el asesinato de los periodistas y el personal de Charlie Hebdo. Pero en aras del contexto, yo presté particular atención a las declaraciones del papa Francisco, quien dijo durante su reciente gira asiática que “matar en nombre de Dios es una aberración”. Y aludiendo a la libertad de expresión, añadió: “Tenemos la obligación de decirlo abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender, porque es verdad, uno no puede reaccionar violentamente, pero si el doctor Gasparri (y señalaba al funcionario vaticano que tenía a su lado, organizador de la gira), un buen amigo, dice una mala palabra contra mi madre, entonces debe esperar un puñetazo; es normal, uno no puede provocar, uno no puede insultar la fe de otros, uno no puede hacer bromas acerca de la fe”.

Charlie Hebdo ha tenido también al papa en la mira. En algunas de sus últimas ediciones, lo mostró dando la comunión a un grupo de divorciadas de grandes senos, sacando la lengua para recibir la hostia, con la leyenda “Dios mío, perdona a estas mamadoras de gallo” (no en el sentido venezolano).

El ejercicio de la libertad de expresión y de prensa, que queremos defender con ahínco, tiene muchas aristas sociales. El filósofo británico John Stuart Mill, tan ardoroso defensor de la libertad individual, decía en su libro Sobre la libertad, que “la libertad de expresar y publicar opiniones (…) pertenece a la parte de la conducta de un individuo que concierne a otros”. “La única parte de la conducta de alguien por la cual se le puede someter ante la sociedad es aquella que concierne a otros. En la parte que solo le concierne a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y mente, el individuo es soberano”.

El nuevo director de Charlie Hebdo, Gerard Biard, defendió el domingo, en la cadena de TV norteamericana NBC, las controversiales caricaturas del profeta Mahoma, diciendo que la revista se mete con figuras religiosas solo cuando la fe se enreda con el mundo político.

“Cuando hacemos una caricatura de Mahoma, del profeta, de Dios, defendemos la libertad de religión. Declaramos que Dios no puede ser una figura política o pública. Debe ser una figura privada. La religión no debería generar una discusión política. Si la fe, si la argumentación religiosa se mete en la arena política, se convierte en una argumentación totalitaria. El laicismo nos protege contra esto, garantiza la democracia, permite a creyentes y no creyentes vivir en paz, y eso es lo que defendemos”.

En su primera portada después del atentado, Charlie Hebdo mostró un dibujo de Mahoma con el cartel de “Yo soy Charlie”, bajo el título: “Todo está perdonado”. Los musulmanes de países donde esa religión es mayoritaria, y los propios musulmanes franceses, salieron inmediatamente a la calle.

Hay mucha tela que cortar en este tema.