• Caracas (Venezuela)

Fermín Lares

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Bernie, el candidato socialista gringo

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Trump sigue hablando fuerte y controversial. Hillary tiene todavía una cómoda largada en la carrera, delante de todos los precandidatos, demócratas y republicanos. Son aspirantes presidencialesreconocidos incluso a nivel internacional.

Hay un precandidato que pasa desapercibido fuera de los Estados Unidos y por ahora también en muchas partes de su propio país. Se llama Bernard Sanders, senador del estado de Vermont, izquierdoso.

Bernie, como le gritan sus seguidores y lo llaman la prensa, amigos y colegas, es un socialista declarado, aunque no marxista, sino a la escandinava. Hace un mes decía yo compartiendo tragos con amigos, que aunque Hillary Clinton parecía tener asegurada su victoria entre los demócratas, a Sanders no se le debía perder de vista.

¿Y por qué decía yo esto? En primer lugar, porque Sanders no es un izquierdoso cualquiera. Sanders ganó en 1981 la alcaldía de Burlington, la ciudad más poblada de Vermont, reelecto tres veces para periodos de dos años. En 1990, pasó a ser miembro de la Cámara de Representantes del Congreso, donde también fue reelecto varias veces, durante 16 años. Dejó la cámara baja para ir al Senado en 2006 y allí también fue reelecto en el 2012, con 71% de votos a su favor. Algo tiene el hombre en la bola.

Sanders es un parlamentario independiente alineado con la bancada demócrata en el Senado. Autodefinido socialista, fue siempre partidario en su carrera política de terceras opciones, distintas a los partidos demócrata y republicano. Pero el año pasado ya andaba declarando a los medios sobre el dilema de competir o no como candidato presidencial de una tercera alternativa.

“Usted no está justamente compitiendo por la presidencia, sino realmente construyendo un completo movimiento político. Pero con eso, usted lo que hace es quitarle votos al candidato demócrata y poniéndosela más fácil a algún republicano de derecha para que salga electo. Es el dilema Nader”, dijo aludiendo al luchador progresista por los consumidores, Ralph Nader, a quien se atribuye haberle facilitado el triunfo en 2000 a George W. Bush, quien le ganó a Al Gore por 537 votos en el estado de Florida. Nader obtuvo en ese estado más de 97 mil votos.

Sanders decidió en abril de este año lanzarse como precandidato del Partido Demócrata.

Los números que Sanders ha venido sacando en las encuestas desde entonces han llamado la atención. Y también lo han sido las concentraciones que ha logrado, que han sorprendido hasta al propio precandidato.

La encuesta que Quinnipiac University publicó la semana pasada mostró a Hillary con 52% de preferencias de potenciales asambleístas demócratas en Iowa, el primer estado que votará por los precandidatos presidenciales en febrero. Sanders obtuvo 33%, mientras que el ex gobernador O’Malley (Maryland) logró solo 3%.

Más ilustrativas son las concentraciones. Los organizadores de los eventos de Sanders han tenido problemas para meter a la gente en los lugares que han escogido previamente.

Recientemente, los operadores de la campaña pensaron que habían escogido el lugar perfecto para un evento en Portland, Maine, al noreste del país, un lugar encerrado en vidrio con vista al mar, con capacidad para albergar 700 personas. Las confirmaciones de reserva empezaron a llegar de a mil desde el primer día. Tuvieron que cambiar el escenario, adonde acudieron al final 7.500 personas.

Sanders atrajo cerca de 10.000 personas en una concentración en Madison, Wisconsin; más de 5.000 en Denver, Colorado, y más de 3 mil en Minneapolis. El lleno de Madison sorprendió al propio candidato, quien al salir al podio para hablar, lo primero que dijo fue “¡Guao, por si no lo notaron, aquí hay un montón de gente!”

La estrategia del equipo de Sanders ha sido realizar actos masivos en estados con una alta tendencia liberal, progresista, no conservadora, que tengan resonancia en los medios, para que luego en Iowa, los electores se interesen por saber quién es este personaje y qué se trae entre manos. Sanders aglomeró ya en Iowa la mayor cantidad de gente que ha podido convocar hasta ahora en el estado cualquiera de los precandidatos, 2.500 personas.

Lo otro es lo que Sanders representa con su discurso. En anteriores ocasiones me he referido a que uno de los temas más sobresalientes de la actual precampaña electoral norteamericana, y muy probable de la campaña como tal, es el de que la salida de la recesión económica no pareció beneficiar a la mayoría del país, sino a un escaso 1%. La gente siente que gana menos que antes. Los salarios están tan bajos que mucha gente tiene dos y tres empleos para bandearse.

En el Partido Demócrata, hay una buena cantidad de frustrados que sienten que Obama no llenó sus expectativas progresistas, no fue lo suficientemente de izquierda sino más bien demasiado de centro. Esa porción del partido quería que la senadora Elizabeth Warren (Massachusetts), quien no quiso lanzarse, fuera su precandidata. Sanders está cumpliendo el rol que estos demócratas querían de Warren, que empujara a Hillary Clinton a que se arrimara más hacia las banderas progresistas, pro clase media y trabajadora.

Sanders no solo quiere que se aumente el salario mínimo sino que el sueldo de cualquiera que trabaje 40 horas a la semana sirva de su completo sustento. Sanders aboga por la educación universitaria gratuita, por un sistema de salud que subvencione, si no todos, la mayoría de los gastos de los pacientes. No quiere cortar los aportes al Seguro Social, sino expandirlo, con impuestos a los mil millonarios. Sanders quiere imponer un programa de infraestructura (para cuyos fondos nadie se pone de acuerdo en el Congreso), para la reconstrucción de puentes y carreteras, además de una suerte de plan de emergencia como el de Larrazábal en Venezuela, cuando cayó la dictadura, para dar empleo a los jóvenes negros y latinos desempleados.

El tono crítico de Sanders hacia Wall Street es mucho más fuerte que el de todos los precandidatos. “La codicia de la clase de los mil millonarios tiene que terminar, y nosotros la vamos a terminar por ellos,” dice el político nacido de una familia judía de Brooklyn.

El fantasma de las elecciones de Obama frente a Clinton en 2008 a veces se siente en el ambiente, cuando se recuerda que Hillary era la favorita al comienzo de las primarias y Obama fue ganándole terreno hasta que definitivamente la derrotó y ganó la nominación del partido que le dio la presidencia.

Uno de los estrategas de campaña de Obama y luego asesor en la Casa Blanca, Dan Pfeiffer, hizo un análisis este domingo en el Washington Post sobre las diferencias de contexto y de alcance del electorado que tuvo el actual Presidente y las de hoy del precandidato Sanders.

En cortico, digamos con Pfeiffer que en las precampañas demócratas hay unas condiciones iniciales que favorecen a los candidatos más progresistas y más liberales, porque sus activistas tienen un más entusiasmo que los demás, la prensa le presta más atención a la competencia individual y a los retadores, y los militantes de base buscan opciones distintas a las ya señaladas por el liderazgo tradicional, los donantes y los analistas.

Pfeiffer apela al dato histórico de que los retadores del ala radical más progresistas del partido que hubo en el pasado, nunca pudieron expandir su base electoral inicial para ganar internamente y mucho menos como abanderados. Los retadores del estatus ganan al principio sin tanto esfuerzo de maquinaria, pero a la larga requieren de unesfuerzo mucho mayor si su base de apoyo no es muy amplia.

Obama tuvo un apoyo de 9 a 1 entre los votantes negros. La posibilidad histórica de que un negro llegara por primera vez a la presidencia, más su oposición a votar por la invasión a Irak contribuyeron a atraerle el electorado demócrata más de izquierda. Independientes y republicanos moderados desencantados con el desempeño de Bush en Irak, el huracán Katrina y otros temas, fueron atraídos hacia Obama en estados que eligen a los precandidatos a través de asambleas, Iowa entre ellos.

Pfeiffer implica en su análisis que Sanders no tiene la capacidad de ampliar esa base de electores, de apelar a un espectro amplio de la población.

No obstante, Bernie Sanders tiene unas cuantas municiones que no ha explotado suficientemente, además de su verborrea contra los súper ricos, que le llega a muchos.

Tiene, por ejemplo, una trayectoria comprobada desde muy joven en la lucha por los derechos civiles de los negros, desde sus tiempo de estudiante en la Universidad de Chicago, donde fue un activista en pro de tales derechos y organizador del Congreso por la Igualdad Racial y del Comité Coordinador de los Estudiantes por la No Violencia. Sanders organizó actos de protesta contra la segregación en los dormitorios estudiantiles. Participó incluso en la famosa Marcha de Washington de 1963.

Socialismo es una palabra muy fuerte para el estadounidense común, lo cual hacer ver cuesta arriba la posibilidad de que Bernie sea el nominado por encima de Clinton. Por otro lado, los montos de dinero que los mil millonarios pueden inyectarle a otros candidatos para derrotarlo son ilimitados, por ley.

Sanders ha prometido que no aceptará ni un centavo de los famosos Súper Comités de Acción Política (Súper PACs, por sus siglas en inglés), a través de los cuales los súper ricos llenan de dinero a sus candidatos.

Uno solo de los candidatos republicanos, Jeb Bush, ha reunido ya $103 millones, mayormente provenientes de un súper PAC. El senador republicano de Tejas, Ted Cruz, tiene 52 millones de dólares ya en el buche. Hillary Clinton ha levantado $46 millones. Sanders va de cuarto por encima de todos los que siguen, con $15 millones y medio en tres meses, $1,5 de los cuales los obtuvo a las 24 horas de haber anunciado su candidatura.

En política, todo es posible. Uno no sabe.