• Caracas (Venezuela)

Félix Seijas

Al instante

Un país 40-20-40

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Alrededor de 85% de los venezolanos manifiesta abiertamente que desea un cambio en la conducción del país. Sin embargo, no todos ellos asocian tal cambio con la salida de Nicolás Maduro de la Presidencia. En este sentido, tenemos que cerca de 30% de los venezolanos votaría en contra de revocar el mandato del jefe del Estado, mientras que 10% no está seguro de qué decisión tomaría ante tal disyuntiva. Si obviamos otras consideraciones y tomamos a estos indecisos como los posibles abstencionistas de un supuesto referéndum revocatorio, el resultado de quienes sí se pronuncian terminaría 66% a favor de revocar el mandato contra 33% en contra.

Si comparamos estos niveles con los resultados del pasado 6-D, encontramos que la fuerza electoral del oficialismo se ha debilitado durante los tres meses que han transcurrido desde los comicios del mes de diciembre. Si bien estos números corresponden a respuestas de personas ante una situación hipotética –en estos momentos no existe llamado alguno a referéndum–, ellos indican que un número importante de venezolanos ve con buenos ojos la posibilidad de apartar al presidente del poder. No obstante, estas cifras también develan que el oficialismo mantiene un nivel apreciable de apoyo popular.

El voto a favor de los partidos tradicionales se ha mantenido durante poco más de veinte años sobre, aproximadamente, 40%. Es decir, quienes apuestan por estos grupos para ver cumplidas sus expectativas no ha bajado de manera significativa de 40%. Por otra parte,  algo similar ha ocurrido con el nivel de apoyo hacia aquello que representan actores independientes de la institucionalidad tradicional. Este sector se ha mantenido hasta el presente por encima de 40%. De igual manera, durante ese mismo período de tiempo se ha registrado un conjunto de personas –que en magnitud ronda 20%– cuyo apoyo en lo electoral se mueve de un grupo a otro dependiendo de dónde perciben que sus necesidades serán satisfechas. Visto de esta manera, el comportamiento de este sector es el que determina hacia dónde se inclinará la balanza electoral.

Durante la crisis de 2002-2003, tal sector llegó a percibir que Hugo Chávez no estaba cubriendo sus expectativas. Para entonces, todos los estudios indicaban que el ex presidente perdería un eventual referéndum revocatorio 40% a 60%. Luego llegaron las misiones, que apalancadas por el alza en los precios del petróleo, rescataron la confianza de ese 20% e inclinaron la balanza a favor del ex mandatario quien finalmente, en 2004, obtuvo la victoria 60% a 40%.

Esta proporción en el balance de fuerzas se mantuvo durante todos los comicios en los cuales estaba en juego la permanencia de Hugo Chávez en el poder. O al menos esto fue así hasta que, con el deterioro de la economía en 2012, comenzó un nuevo éxodo de votantes hacia las fuerzas opositoras. Así, en las presidenciales de ese año la MUD registró un nivel de votación de 45%, el cual ascendió a 49% en las de 2013, para finalmente alcanzar 60% en las elecciones del pasado 6 de diciembre, las cuales se realizaron inmersas en un clima plebiscitario.

Tenemos entonces que ni oficialismo ni oposición cuentan con una mayoría leal a lo que ellos representan. Los factores reunidos en la MUD encarnan en estos momentos la alternativa a lo que hoy ocupa el poder. Ellos simbolizan aquello que puede impulsar el cambio hacia una mejor realidad. Mientras sean percibidos de esta manera, mantendrán aquel 20% de su lado, asegurando niveles de apoyo en lo electoral de alrededor de 60%.

El oficialismo, por su parte, enfrenta una crisis importante. Si bien mantiene un nivel de apoyo apreciable, existen serias dudas madurando en su seno. Esto ha ocasionado que tal apoyo pareciera haber traspasado la barrera inferior de 40%; y pronto podría caer aún más.

Ahora bien, si la confianza en la MUD se resquebraja y la imagen en el gobierno continua en descenso, no cabe duda de que la mesa estará servida para la aparición de un outsider que, siendo percibido como un factor independiente de los grupos tradicionales, podría capitalizar el voto que hoy pertenece al chavismo así como aquel 20% que va y viene. Ante tal escenario, la MUD volvería a enfrentar procesos electorales con resultados adversos 40% - 60%.