• Caracas (Venezuela)

Félix Seijas

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Números y bikinis

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Todos hemos escuchado aquella cita que reza que las estadísticas son como los bikinis, muestran mucho pero ocultan lo importante. El escritor Mark Twain dijo alguna vez que existían tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Podemos mencionar muchas otras citas que de una u otra manera apuntan en la misma dirección. Entonces, ante tanto ataque, resulta difícil imaginar cómo a aquello llamado estadística se le otorga el rango de ciencia y se estudia en todas las universidades alrededor del mundo.

Tal controversia nace y se alimenta de las características que definen el contacto que el producto de esta ciencia tiene con la sociedad. En este sentido, el primer aspecto tiene que ver con el conocimiento que una persona que se encuentra ante datos estadísticos posee sobre esta disciplina. La correcta interpretación de datos requiere de un ojo entrenado y con conocimientos teóricos adecuados para evaluar el alcance de lo que tiene ante sí. Es decir, no es sencillo saber hasta dónde puede hablar un conjunto de datos y qué información se requiere para hacer tal evaluación. Supongamos que usted ve en la prensa una nota sobre una encuesta que muestra que 40% de las mujeres de 18 a 24 años de edad aprueba la gestión de un mandatario. En este caso, resulta tentador afirmar que 60% de ellas la desaprueba, lo cual representaría una clara mayoría. Esta sentencia puede incluso verse reforzada cuando vemos que la muestra de la encuesta fue de 1.000 personas, cifra que, por algún motivo, a todos les parece suficientemente grande –y en realidad lo es para la mayoría de los casos–. Sin embargo, el 40% en cuestión no tiene a 1.000 personas como base. Esa cifra fue calculada tomando en cuenta solo a ese grupo de edad y sexo, el cual seguramente ronda los 100 casos y cuyo error puede alcanzar 10%. Tenemos entonces que la verdad sobre este dato puede encontrarse en un rango de entre 30% y 50%.

¿Es la estadística la que oculta tal hecho? No, la ciencia es clara con sus procedimientos y teoría. Sin embargo, estos datos han alcanzado a personas que, sin dominar lo que yace detrás de ellos, pueden hacer interpretaciones que omiten aspectos de importancia. Este punto nos permite hablar del segundo aspecto que alimenta la mala fama de las estadísticas: su difusión. Cuando se realiza un estudio estadístico –y las encuestas por muestreo rigurosas lo son–, comúnmente se ejecutan para un cliente que obtiene toda la información técnica sobre ella. Si este cliente decide difundir la información, la misma queda a merced de la opinión pública y esta toma el control de su interpretación. Quien tiene estos datos ante sí enfrenta la situación que acabamos de exponer. Sin embargo, el escenario podría ser aún más delicado. Detrás de la generosidad de quien comparte los datos podría existir cierta intencionalidad. Dependiendo de lo que se muestre del estudio y de cómo se muestre, podemos ser conducidos a conclusiones determinadas. Recientemente se difundieron datos de un estudio realizado en el estado Carabobo en el cual se afirmaba que “solo 1,1% de la población del estado está a favor de la Ley de Amnistía”. Si se busca el estudio del cual se desprende tal aseveración, se constatará que la cifra realmente corresponde al resultado de la pregunta: “Cuál ley consideran que debe ser la máxima prioridad para la Asamblea Nacional”. Ante tal pregunta, las leyes relacionadas con mejorar la economía se llevaron todo el protagonismo, relegando otros temas a un segundo plano. Por supuesto, esto no quiere decir que solo ese porcentaje de personas considere que la Ley de Amnistía sea importante y necesaria –de hecho, quienes apoyan esa ley suman cerca de 50%–.

“Trucos” como estos existen por millones. En realidad es muy sencillo manipular datos al momento de presentarlos con la intención –poco ética, claro está– de sesgar la interpretación que las personas hacen de los hechos. Pero este no plantea un problema inherente a la estadística como ciencia. No obstante, es a ella y a las empresas especialistas en esta disciplina a las que se ataca de manera directa por tales motivos. Del estudio de Carabobo, por ejemplo, se difundió una información que mostraba un escenario desfavorable para el alcalde de cierto municipio. Más allá de si la información difundida generaba o no algún tipo de sesgo en la interpretación de los hechos medidos, el alcalde en cuestión arremetió públicamente contra el estudio, centrando sus ataques en la empresa que lo había ejecutado.

Lo cierto es que la ciencia estadística ha recibido y seguirá recibiendo este tipo de ataques. No obstante, estrategas de todas las áreas recurren y seguirán recurriendo a ella como herramienta para obtener información útil en la toma de decisiones. Ellos conocen su verdadero valor.

Dude siempre de la generosidad de quien pone a disposición de todos información de estudios de opinión pública. Esto no quiere decir que todo el que lo hace le quiere manipular. Solo tenga presente que tal posibilidad existe. De igual manera, mantenga en mente que detrás de los datos que observa existen procedimientos teóricos complejos que los generaron, y cuyo conocimiento resulta necesario para saber qué nos pueden o qué no nos pueden decir.

La ciencia estadística no oculta. Oculta quien desconoce o manipula con ella. Frases jocosas sobre esta disciplina siempre existirán. Pero lo que en verdad las hace graciosa es que ellas mismas desvían la atención de la realidad, con un propósito específico.