• Caracas (Venezuela)

Félix Seijas

Al instante

Qué Leopoldo ni qué nada

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Vaya donde Juana Sifontes en La Vega y pregúntele cuánto le preocupa la sentencia de Leopoldo López. Ella forma parte del 15% de venezolanos que se autodenominan chavistas, pero que están desencantados de la actual administración del presidente Maduro. Juana debe hacer colas de dos y tres horas para comprar harina y aceite. Además, se conoce todas las farmacias de Caracas persiguiendo la medicina que su mamá debe tomar todos los días. Ella cuenta, entre lágrimas, que a su bebé le está dando chicha mezclada con leche completa porque hace rato que no consigue la formulada. Ahora bien, vaya usted y pregúntele si le preocupa mucho lo de Leopoldo López. Seguramente su respuesta será algo como “qué Leopoldo ni qué nada”. Y Juana sabe del caso. A ella incluso le parece un poco injusto lo sucedido, aunque guarda ciertas dudas sobre si el hombre es o no culpable. Chávez le dijo durante años, desde su televisor, que esa gente era mala. Ella no los ve tan malos, pero su Comandante sabía mucho y era muy inteligente, así que algo de eso debe ser verdad. Lo que sí es cierto es que con todo lo que Juana debe resolver día a día, el caso de López ocupa un puesto bastante bajo en su muro de preocupaciones.

Lo que Juana desea es que cesen sus problemas. Ella no aspira a una quinta en La Lagunita ni a una Hummer en su garaje. Ella quiere rescatar su tranquilidad. Ella desea ir al abasto y saber que va a encontrar leche de fórmula y que dispone del dinero para comprarla sin sacrificar su propia comida o las vacaciones adonde su hermana en Sinamaica. Pero ya Juana no confía en que el actual gobierno le puede garantizar aquello. Entonces ella busca opciones, voltea la mirada hacia la oposición, y por primera vez se hace de manera seria la pregunta: ¿Será que vale la pena?

Para que ante Juana la oposición “valga la pena”, esta debe sonar preocupada por los problemas de ella y además transmitir que tiene la capacidad para resolverlos. Y para que a su vez eso sea creíble, la oposición debe mostrarse seria, transparente y, sobre todo, dueña de un accionar coherente producto del atributo más valorado por la población: “unidad”. Es aquí donde los factores concentrados en la MUD, dando los pasos correctos, pueden capitalizar de mejor manera un hecho lamentable, pero ya consumado: la injusta sentencia a Leopoldo López.

Las señales que harían que Juana se mostrase interesada en la oposición son aquellas que transmitan intereses colectivos. Y estas señales bien pueden reflejarse en la preocupación de los factores opositores, no por una persona en específico, sino por lo que él representa, y que además, en ese camino los intereses particulares de cada tolda sean dejados atrás en la búsqueda del bien común. El caso López debe percibirse como la injusticia de un familiar asesinado por un par de zapatos, como la obligación de hacer colas de horas para comprar azúcar, como el hecho de no conseguir un medicamento, de que el dinero no alcance para un mercado decente, de no visualizar un futuro, de no tener esperanzas. La oposición debe lograr tal conexión y la debe lograr en positivo, sin transmitir odios o deseos de venganza. Hay que mantener siempre presente que Juana quiere un cambio porque las cosas no andan bien, no porque odie a alguien dentro del gobierno. Percibir tal sentimiento la asusta.

¿Por qué hago énfasis en el sector de la población al que representa Juana? Porque ese sector se parece mucho a aquel que dice no ser ya chavista, pero que tampoco está convencido de que la oposición sea una alternativa válida, así como tiene también mucho en común con aquellos que han empezando a ver a la oposición como una posibilidad, pero que, incluso diciendo que votarían por ellos, aún guardan ciertas reservas. Y son estos grupos -que en conjunto representan a 40% de la población inscrita en el RE- quienes constituyen el mercado electoral, es decir, el terreno bien sea por ganar o por consolidar. El restante 60% ya tiene decidido por quién votar; aquí el trabajo de ambas fracciones, oficialismo y oposición, consiste en asegurarse de que los “suyos” asistan a sufragar.

@felixseijasr