• Caracas (Venezuela)

Félix Seijas

Al instante

Chávez se vestía de azul

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En la guerra, en el amor y en campaña electoral todo se vale. Por supuesto que, al igual que sucede con la conocida frase de Maquiavelo “el fin justifica los medios”, una expresión de este tipo pululando en el sistema ético inadecuado puede servir de excusa para cometer atrocidades. En Venezuela, durante la “cuarta” vivimos campañas electorales impregnadas de ofrecimientos descabellados que lograban instalar en la mente de muchos imágenes tan singulares como la de un presidente caminando por un puente hasta la isla de Margarita. También, durante esa misma cuarta, nos cansamos de escuchar frases como “acta mata voto”, e historias de adecos enseñando a la Venezuela profunda cómo votar: “Usted abre el tarjetón y coloca el sellito aquí, arriba y a la izquierda”.

Hugo Chávez hizo lo propio durante todas sus campañas electorales. Sin embargo, en la medida en que iba consolidando un poder hegemónico, aquel “vale todo” fue adquiriendo dimensiones desproporcionadas ante las cuales cualquier historia de la cuarta se queda pequeñita. Sin ánimo alguno en justificar los excesos cometidos durante los años que precedieron la llegada del PSUV a la escena política, resulta claro el contraste que existe entre la estructura ética que reinó en la “cuarta” y la que ha reinado en la “quinta”.

Nos encontramos ahora a pocas semanas de unos comicios rodeados de una atmósfera que, en muchos aspectos, difiere de las acostumbradas en la última década y media. La oposición cuenta con una ventaja apreciable en la intención de voto nacional, así como en algunos circuitos en los que jamás ha ganado. El gran líder del oficialismo está ausente y la imagen de su sucesor se encuentra en crisis. Los problemas económicos que hacen dudar al elector oficialista parecieran agravarse de manera sostenida. Sin duda, para el gobierno el panorama luce desalentador. Pero la elección aún no ha ocurrido y, en este sentido, hay cosas que vale la pena rescatar de las campañas que lideró el presidente fallecido.

Recordemos que Chávez utilizó todo el ventajismo posible en procesos electorales en los que de antemano gozaba de una ventaja sólida. Él jamás dio nada por descontado. Podía hablar de meter “diez por el buche” y aun así no descuidaba ni una sola pieza del engranaje electoral. Sus movimientos eran calculados. Su timing era perfecto y, aun disminuido por la enfermedad que suponía acabaría con su vida, el hombre entregó todo lo que tenía en campaña.

Por otra parte tenemos que, si bien su bastión se encontraba en los sectores D y E de la población, Chávez durante sus campañas buscó acercarse a las clases B y C. ¿Lo recuerdan en grandes vallas vestido de azul?

Así mismo, es bien sabido que su discurso frontal y agresivo lograba acentuar en el electorado aquella estructura polarizada que le reportaba altos dividendos. Sin embargo, Chávez en campaña le habló a los moderados de una manera atrevida. ¿Lo recuerdan en videos hablando bajito y pidiendo el voto “por amor”?

Hugo Chávez partía con ventaja y se ocupaba de manera disciplinada no solo de mantenerla, sino de ampliarla, cosa que en la mayoría de las ocasiones consiguió. En esta oportunidad la oposición es la que parte adelante. Sin embargo, hay ciertos aspectos que poco han cambiado.

La capacidad de maniobra en cuanto a recursos disponibles y a la puesta en práctica de acciones del tipo “todo se vale”, continúa principalmente en manos del gobierno. Ahora que ellos realmente lo necesitan, utilizarán esta capacidad a su máxima potencia. La labor de los factores de oposición no es transmitir al elector que estas cosas no van a ocurrir -mayoritariamente las personas consideran que tal ventajismo existe y resultaría difícil convencerles de que no ocurrirá-, sino asegurarles que tienen la capacidad para contrarrestarlas y salir airosos a pesar de ellas.

La oposición tiene mucho terreno por conquistar y debe agotar esfuerzos en hacerlo, adecuando la forma y el vehículo del mensaje -unidad y cambio para bien- para las diferentes audiencias. Por su parte, el oficialismo tiene ante sí una labor titánica para revertir un panorama que hoy se le presenta cargado de nubarrones. La carrera está viva. Aquí no hay nada decidido. Quien esté convencido de que sí lo hay, que se aparte y le dé paso a quienes sí estén dispuestos a trabajar. Queda poco tiempo.

 

 @felixseijasr