• Caracas (Venezuela)

Fausto Masó

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La difícil alegría del 7 de diciembre

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En la frontera hay un paro petrolero al revés, ahora es el gobierno el que quiere paralizar al país. Rara vez se ha visto un jefe de Estado tan empeñado en sembrar la ruina, como en el caso venezolano.

Maduro anda angustiado. ¿Seguirán financiándolo los chinos o, como Putin, le cerrarán la bolsa? A pesar del mal tiempo, Maduro sigue disfrazado de generoso y le regala millones a una islita. No ha entendido que lo están dejando solo, hasta Brasil apoya ahora a Guyana, nadie levanta la voz en su defensa con la excepción de Bolivia. Se habla de un default venezolano, una catástrofe para un país al que la comida llega del extranjero. Todo son malas noticias. El valor de las exportaciones de petróleo cayeron a su nivel más bajo desde 2004. Venezuela enfrenta hiperinflación. Maduro intenta llegar hasta el 6 de diciembre, aspira a sobrevivir porque no le encuentren sustituto.

Pdvsa carece de recursos económicos y humanos para aumentar la producción. Agencias internacionales bajan los bonos venezolanos a la categoría de bonos basura, a nadie convencemos con el cuento de que poseemos las reservas mayores del mundo: todos saben que no podemos extraer ni un barril; nuestro petróleo no es fácil de producir y necesitamos complejas refinerías. Pdvsa tiene grandes proyectos en la famosa faja asociada con Repsol, Chevron, Rosneft y, la empresa china CNPC, solo que ninguno avanza un centímetro. Tampoco producimos lo que Maduro dice, estamos lejos de los 3 millones de barriles y a Pdvsa le falta dinero para sus operaciones diarias. Se acumulan las deudas, los acreedores esperan por el 7 de diciembre.

Venezuela está perdiendo mercados tradicionales, sigue exportando a países amigos que no pagan, o pagan a pecios subsidiados. Arabia Saudita amenaza con quitarle el mercado chino e indio, y el costo de producción venezolano no cesa de aumentar.

Eulogio Del Pino quiere poner orden en Pdvsa, aumentar la producción y mejorar la relación con las empresas extranjeras. Maduro intenta mandar al demonio la herencia del presidente eterno. Del Pino quiere aumentar el número de taladros. No lo logra en la cantidad necesaria.

El día siguiente después del 6 de diciembre condiciona la política, la economía y hasta el sexo en Venezuela. Maduro quiere aprovechar los días que le quedan, teme que los chavistas en la Asamblea, junto con los diputados de oposición, le señalen la puerta de salida. Todo dependerá de la magnitud de la derrota, aunque algunos andan hablando de trampas que revertirían la votación. Se equivocan, es demasiado grande la diferencia. El 7 de diciembre los que siguen soportando largas colas para comprar un poco de arroz, o de harina PAN, si están disgustados con los resultados asaltarán los automercados. ¿Quién apoya a Maduro? Su familia, aunque ya en los ministerios no les gustan las visitas de Nicolasito.

Con Chávez vivíamos mejor. Avanzábamos hacia el desastre con mayor ruido. Con Maduro al país lo están olvidando, desaparece del escenario mundial. La Venezuela maduristsa es un cero a la izquierda.

No es pesimismo, sino reconocer que los jóvenes que buscan la salida por Maiquetía no están locos.

No hay mejor negocio que comprar desodorante, gasolina, papel, cualquier cosa y pasarlo a Colombia.

Santos espera pacientemente el desmoronamiento del chavismo. Tiene razón. Al resto nos queda tener paciencia o, mejor dicho, mirar el futuro con mucha impaciencia.

¡Cuándo llega el 7 de diciembre!, ¡por Dios!

El 7 de diciembre será un día alegre. ¿Qué viene después? Ni Belcebú lo sabe, pero por lo menos el 7 habrán pasado 24 horas después del 6. Es algo.